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viernes, 11 de octubre de 2013

12 DE OCTUBRE, EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA Y LA HISPANIDAD






Cuando Cristóbal Colón comenzó el  atrevido viaje ultramarino, con sus tres pequeñas naves  rumbo a lo desconocido, Europa estaba en medio de la desintegración de sus valores cristiano –medievales. En cambio, España acababa de integrar su territorio y su cultura con la religión católica.

Por gracia de Dios, y con la enérgica determinación del matrimonio real formado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, después de vencer al último reducto del Islam en su territorio, y unido su Reino con la expulsión de los numerosos judíos enquistados por más de mil años entre los cristianos; esta doble monarquía, había sido la única que había escuchado con atención al visionario genovés Cristóbal Colón. Mientras las otras monarquías europeas: la de Portugal, la de Francia y la inglesa habían desechado, por impracticable, el proyecto de Colón de llegar a la India viajando hacia el occidente.

La Providencia divina se había revelado aún, en el propio  nombre del gran marino que se empeñaba en llegar a la India navegando hacia el mar tenebroso del oeste. Cristóbal Colón significa: “La paloma que conduce a Cristo”.

No podemos negar la evidencia de que aquí nos encontramos con el magno ejemplo de lo que es la “Historia Providencial”, pues los acontecimientos se fueron encadenando perfectamente para que dieran por resultado el ansiado viaje de Colón.

El matrimonio secreto de Isabel con Fernando, la coronación de Isabel  como reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474,  la lucha contra Portugal para afirmarse en el trono por la derrota del rey portugués, principales hechos, que se encadenaban a la toma de Granada el 2 de enero de 1492. Toda Europa celebró con alegría ese feliz acontecimiento por considerar que compensaba la pérdida de la Constantinopla cristiana a manos de los turcos. Luego siguió la expulsión de los judíos porque habían atentado contra la Cristiandad ayudando ocultamente a los moros, y conspiraban secretamente contra el orden cristiano en Castilla y Aragón para devolver al Islam su reino perdido.

El 31 de marzo de ese año de 1492, Isabel y Fernando firmaron un documento que comenzaba así:

“Sabéis o debéis saber, que desde que tuvimos noticia de que había en nuestros reinos algunos malos cristianos que judaizaban, o apostataban de nuestra Santa Fe católica, a causa de la gran comunicación que había entre judíos y cristianos (nuevos), ordenamos a los dichos judíos, en Cortes que celebramos en la ciudad de Toledo en el pasado año de 1480, vivir aislados en todas las ciudades y villas de nuestros reinos…….Sin embargo, persiste y es notorio el daño que se sigue a los cristianos de las conversaciones y comunicaciones que siguen con los judíos, los cuales han demostrado que tratan siempre, por todos los medios de pervertir y apartar a los cristianos fieles, de nuestra Fe católica….. Hemos decidido a los hombres y mujeres judíos a abandonar nuestros reinos y no volver jamás so pena de…….. a más tardar el 1 de julio……”

La reina Isabel  de Castilla veía como algo providencial que los tres acontecimientos más importantes de su reinado contribuyeran a la gloria de España:

La conquista con que se daba fin al temor del dominio musulmán.

La liberación de la nueva nación, de todo peligro de explotación judía por parte de los enemigos internos de la Fe.

La oportunidad de cruzar los océanos, llevando el Evangelio de Cristo a millones de almas que no lo conocían.

Los Reyes Católicos escribieron una curiosa carta al Gran Khan de la India redactada en latín en 30 de abril de 1492, para que Colón se la entregara si lo encontraba:

“Don Fernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios Rey y Reina de Castilla, de León, de Toledo, de Galicia, de Aragón, de Valencia, etc., etc. “

Al Rey:

“Hemos sabido que Vuestra  Alteza y vuestros súbditos guardan gran amor hacia nosotros y hacia España. Sabemos además que Vos y vuestros súbditos desean mucho, tener noticias de España. Por ello os enviamos a nuestro Almirante, Cristóbal Colón, que os informará que Nos hallamos en buena salud y perfecta prosperidad.”

Yo el Rey, Yo la Reina.

Granada, 30 de abril de 1492.

Por su parte, el historiador inglés William Th. Walsh escribe en su famoso libro “Isabel de España”

“Cristóbal Colón no salió de España buscando rutas nuevas para el comercio, sino como un misionero explorador. Y así sus últimos actos reflejaron el noble fin de su empresa. La tarde del 2 de agosto de 1492 él y sus hombres se confesaron, al día siguiente a las seis de la mañana recibieron la Santa Comunión de parte del Padre Juan Pérez en la pequeña iglesia de la Rábida. Éste bendijo las naves y en los mástiles se amarraron los estandartes de los Reyes Católicos y  de la Santa Cruz, y a las ocho en punto zarpó en nombre de la Santísima Trinidad”.

El costo de la empresa sumaba 1,167, 542 maravedíes; los Reyes Católicos aportaron un millón, Colón y los hermanos Pinzón el resto. Un maravedí equivaldría a 2 centavos de dólar de 1929,  según el historiador M. McCarthy en su obra: “Colón y sus predecesores”.

Tras dos meses de vientos favorables las tres carabelas: la Pinta, la Niña y la Santa María, avistaron, el 12 de octubre de 1492, el Nuevo Mundo, con esto, se había cumplido la profecía del escritor hispano latino Marco Séneca escrita mil quinientos años antes. “Llegará un día en que el océano romperá sus cadenas, y aparecerá al oeste un nuevo continente, y Thule no será la última de las tierras” 

Cristóbal Colón regresó a España el 14 de marzo de 1493. Para encontrar a los reyes que estaban en Barcelona, hizo el recorrido desde Palos, en medio del júbilo de los habitantes; tras un mes de marcha triunfal con los indios semidesnudos caminando adelante del convoy, el Almirante llegó montado en un caballo blanco atrás del grupo de marinos que regresaba de tierras ignotas.

Con la posesión del inesperado como enorme hallazgo de la América; comenzó la formación del Imperio Español de 300 años de duración, naciendo con ello, la Hispanidad.

El Descubrimiento y Conquista de las nuevas tierras significó un gran trabajo y sacrificio para España, que conservaba aún, el espíritu de cruzada por la Fe, ya débil o perdido en el resto de Europa. Los Reyes Católicos convocaron a los más aptos de sus súbditos para elaborar el estupendo compendio llamado Leyes de Indias, para evangelizar y  civilizar, de acuerdo a la Doctrina de Cristo, a las multitudes de paganos conquistados o pacificados por los exploradores y los eclesiásticos, durante los trescientos años del Imperio Español en América.

Hemos dicho sacrificio anteriormente, porque España se despobló de sus mejores hijos para evangelizar, poblar y dominar, tanto a los hombres, como a la naturaleza de las tierras descubiertas. En trescientos años se formaron nuevos pueblos, villas  y ciudades e inéditas razas, como ninguna otra nación hubiese podido construir. El Imperio Español se convirtió en la Cristiandad americana, es decir: la Hispanidad

Lamentablemente, las ideas liberales de la Ilustración del siglo XVIII diluyeron la Fe y el carácter religioso con el cual se había edificado el Imperio. Sus enemigos: Inglaterra, Holanda, la Francia napoleónica y la República norteamericana; se dieron cuenta de esa debilidad, y con odio reconcentrado a todo lo católico y español difundieron entre los habitantes hispanoamericanos la antigua y corrosiva “Leyenda Negra lascasiana” inventada por los protestantes. Los intelectuales hispanoamericanos del siglo XVIII  con desordenada admiración por los sistemas políticos y sociales angloamericanos protestantes, dividieron el pensamiento de los habitantes del Imperio desatando por medio de la masonería, las revoluciones de independencia de principios del siglo XIX destruyendo irremediablemente, lo que antes había estado unido. España perdió su Imperio pero, gracias a Dios, la unidad cultural de los hispanoamericanos de todas las razas y sus mezclas, continúa hasta hoy. Por lo tanto son 20 las naciones que hoy en día participan, junto a España, de la misma cultura, y dan forma y fuerza a la Hispanidad.


Luis G. Pérez de León Rivero.

12 de octubre de 2012.


OBRAS CONSULTADAS:


“Viajes de Colón”, Martín  Fernández de Navarrete, Ed. Porrúa, 1987.

“Cristóbal Colón”, Salvador de Madariaga, Ed. Sudamericana, 1973.

“Isabel de España”, Willian T. Walsh, Ed. Palabra, Madrid

EDITÓ: Luis Ozden

luisozden@yahoo.com

domingo, 15 de septiembre de 2013

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE 1847




Estamos ya en el segundo milenio, a más de ciento cincuenta años de la gesta de aquellos adolescentes. ¿Cuál es la lección que podemos obtener de su sacrificio?

A los Héroes de 1847.  El patriotismo movió, a unos a entregar sus vidas, y a los sobrevivientes de esa guerra, la frescura de su juventud y la formación católica que habían recibido de sus familias.

Las consecuencias de esa desastrosa guerra fueron resultado, de la ineptitud y traición de sus gobernantes; de la ausencia de verdadero patriotismo, de la tibieza del pueblo, así como de la mayoría de la jerarquía católica, en los 50 años anteriores al desastre. En conjunto, los componentes de la República de los Estados Unidos Mexicanos sufrieron el brazo de la Justicia de Dios,  como el pueblo de Israel en la antigüedad, a causa de sus desvíos, había sido esclavizado, masacrado y dispersado tantas veces en su historia.

También México, había perdido con ese enfrentamiento, la parte más rica y extensa de su territorio, la totalidad de su magro armamento, el honor, y el respeto  a los ojos del mundo. Atado de manos y pies, humillado, insultado y despreciado por sus agresores y victimarios. El pueblo mexicano quedó desmoralizado y escéptico de sí mismo. Sin jefes naturales que lo elevaran a estadios mejores, porque en su gobierno habían quedado los traidores, esos mismos que habían entregado todo un país, al Anticristo, en beneficio de sus intereses personales y de partido. El heroísmo, con que  se defendieron los pocos que tuvieron la oportunidad de hacerlo, no aprovechó a la mayoría,  solamente se quedó en el nivel individual. Nadie, hasta hoy, ha  reconocido el grado de culpabilidad de la entera sociedad mexicana de entonces por su desorganización, imprevisión, dejadez y egoísmo.

Para reflexionar sobre el estado de postración en que quedó México en aquella época, y aprender la lección. Debemos ver lo que pasa hoy en día con nuestra nación, demos verla con la inteligencia, haciendo una crítica justa y constructiva, sin vanos sentimentalismos.

Hemos de comenzar por la realidad de nuestras familias, nuestros vecindarios, nuestros trabajos; observar la clase de gente que habita en sus poblaciones y en sus campos. Meditar sobre la ineducación y la incultura que padece,  lo que podemos observar diariamente. También consultar las publicaciones y las estadísticas más confiables.

Preguntarnos: ¿Qué queremos de esta nación?; puesto que formamos parte de ella, ¿Queremos entregarla a Cristo o seguir al Anticristo? Ya que estamos en el momento de las definiciones. Hay que ver dónde está el Mal y quienes lo representan, esa debe ser nuestra primera pregunta y nuestra primera respuesta.

Podemos hacer largas listas y sesudas respuestas: planes educacionales, económicos, industriales, militares o sicológicos;  sin embargo, quienes seguimos la Tradición Católica de la Iglesia tenemos a mano, la respuesta más efectiva en la Palabra de Jesucristo Nuestro Señor, cuando hablando de la solicitud por lo temporal dice a sus discípulos: “Buscad primero el Reino de Dios y Su Justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura”,  San Mateo cap. 6- 33.

Si nuestras personas y nuestras familias las adecuamos y encarrilamos con Fe ardorosa a la Santa Doctrina de Cristo, entonces comenzaremos a hacer bien las cosas. Con la ayuda de Dios. Nuestras actividades serán cada día más justas y perfectas.

Por medio de la investigación y el estudio de la Religión y de la Historia llegaremos a identificar a nuestros enemigos. Cosa que nuestros antepasados del siglo XVIII no hicieron por falta de estudio profundo en estas materias. Aún los Sumos Pontífices que estaban enterados de todo, solamente emitieron dos encíclicas contra la Masonería en ese siglo: Clemente XII, In Eminenti, 1738, y Benedicto XIV, Pro Vidas, 1751. Los demás responsables de la instrucción religiosa se ocuparon prioritariamente de los negocios temporales descuidando sus deberes de estado. La ignorancia o la indiferencia los dejaron inermes, debilitados, ayunos de valentía y sabiduría para advertir a la sociedad católica de su tiempo, del engrandecimiento de sus enemigos naturales: los judíos, los herejes protestantes y los masones liberales ateos.  Todos estos juntos, lograron organizar una doctrina anticatólica de corte puritano en las colonias inglesas de América del Norte. Aconsejados y dirigidos individuos, que con astuta inteligencia, elaboraron planes para dar asiento territorial a la Sede del Anticristo. La derrotada República Puritana de Olivero Cromwell del siglo XVII en Inglaterra, sería reconstruida en el Nuevo Continente. Para lo cual había que enrolar a los colonos descendientes de los puritanos perseguidos, por los monárquicos ingleses, e independizarlos de Inglaterra.

La creación de la República de la Libertad, enarbolando la doctrina de los “Derechos del Hombre”, contrapuesta al Reino de Dios, era el mismo desafío de Luzbel en su rebelión primigenia.

Los rebeldes angloamericanos protestantes y masónicos fueron ayudados, en su guerra contra Inglaterra, por la Monarquía católica de España y la de Francia, que no recapacitaron en un hecho importantísimo: que cuando ayudaron a George Washington y sus revolucionarios a independizarse de Inglaterra; estaban contribuyendo con ellos, a levantar el asiento del Anticristo.

La ignorancia de los monarcas y la mala fe de sus ministros masones, se conjuntó con la firma del Tratado de Versalles de 1783, tratado de paz y cooperación entre dos potencias católicas: España y Francia con la potencia protestante Inglesa, y con el estulto reconocimiento de la República Democrática y Federativa de los Estados Unidos de Norteamérica, asiento de todos  los valores antimonárquicos, de todos los credos religiosos anticatólicos y del lema tomado por los revolucionarios franceses en 1789: Libertad, Igualdad y Fraternidad para todos los hombres sin jerarquía.

La política de la Nueva República, madre de las República francesa y de todas las repúblicas hispanoamericanas, comenzó por intrigar en Francia contra el monarca, preparando la Revolución, desde la Embajada americana en París por Thomas Jefferson. 

Política seguida, con el Plan de expansión territorial a costa de los dominios americanos de las tres potencias europeas. Entre estos territorios, codiciados por los republicanos masones angloamericanos, estaban los pertenecientes al Reino de la Nueva España, nación en formación y antítesis de la Republica angloamericana.
Es curioso que un masón de alto rango y embajador del rey Carlos III de España en París; el Conde de Aranda, haya escrito una carta  al Rey, advirtiendo del peligro que corría la Nueva España por la firma del Tratado de Versalles.

Lo cierto es que ya en la última década del siglo XVIII, los espías yanquis comenzaron a penetrar los territorios norteños del Imperio Español con miras de ganar simpatizantes para la causa republicana, mientras los descuidados novohispanos los acogían con interés no exento de ingenua admiración. Para 1808 había en la ciudad de México varias logias masónicas clandestinas donde se habían iniciado los precursores de la Independencia como Hidalgo, Allende, Domínguez y otros.

Todos los cabecillas del movimiento revolucionario independentista se habían asesorado de individuos al servicio de los gobiernos norteamericanos quienes prometían ayudar a los ignaros novohispanos encandilados por las promesas de los masones protestantes. Con esa actitud, consciente o inconscientemente, traicionaron a su Religión Católica, a su Cultura hispana y a su pueblo,  colocando las bases de la futura destrucción del México del siglo XIX. La Historia oficial mexicana  nos presenta como "héroes" del pueblo mexicano, precisamente a esos traidores e inconscientes. POR LO TANTO, LA GESTA DE LOS CADETES DEL COLEGIO MILITAR DE 1847, REPRESENTA A LOS MEXICANOS QUE PELEARON EN FORMA DE GUERRILLAS DESORGANIZADS PERO SIEMPRE POR LOS INTERESES DE SU PATRIA, SIN COMPROMISOS DE PARTIDOS POLÍTICOS.

Son los Estados Unidos, en este siglo XXI, la nación más poderosa del mundo, que  ha impuesto a base de guerras genocidas alrededor del mundo, su sistema humanista de materialismo, suficiencia y libetinaje anticristianos.
México vive a su costado por desgracia y, solamente con la Fe ardorosa en Jesucristo y Su doctrina podremos sobrevivir con dignidad.
LUIS OZDEN

sábado, 14 de septiembre de 2013

LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS A MÉXICO


LA GUERRA DE ESTADOS UNIDOS A MÉXICO

Una guerra que tarde o temprano tendría que producirse, ya que las ambiciones yanquis sobre nuestro territorio novohispano databan desde la consolidación de la República Federativa y Democrática de los Estados Unidos de América, después del Tratado de amistad y cooperación con España, Inglaterra y Francia, anexo al de Versalles, Francia en 1783.

Los gobiernos de los Estados Unidos desde el de George Washington, hasta el de James N. Polk, tuvieron todo el tiempo necesario para preparar la guerra de rapiña sobre un país previamente desorganizado y debilitado,  por la actuación de la Masonería yanqui y su influencia indiscutible sobre los revolucionarios y los ambiciosos políticos mexicanos. Que al fin y al cabo, terminarían por traicionar al pueblo católico de México postrándose a los pies de sus enemigos naturales: los angloamericanos protestantes y masones.

La guerra contra México comenzó con mentiras, agravios, insultos y amenazas, como  la y separación de los colonos texanos en 1836 para formar un Estado independiente bajo la protección de los Estados Unidos, y luego, la toma del puerto de Monterey en Alta California en 1842, la capital Santa Fe de Nuevo México y el puerto de  San Diego. Sin haber mediado ningún estado de guerra ni amenazas de los gobiernos mexicanos que estaban atados de manos y pies por su desorganización, falta de medios económicos y obediencia a las logias masónicas pro yanquis. Solamente fue hasta el 11 de mayo de 1846 que el presidente James Polk, de acuerdo con el Congreso declaró oficialmente la guerra a nuestro país, ya que sus tropas habían invadido, de hecho, diversas partes del territorio mexicano.

La campaña del Winfield Scott general en jefe, comenzó en Veracruz en marzo de 1847 y terminado en las afueras de la ciudad de México, había durado más de medio año. Por tanto para septiembre estaba por terminar la guerra más injusta contra un país que no había agredido a ningún otro, que no poseía territorios usurpados, ni sembrado violencias, ni rivalizado con alguna otra nación. México estaba inerme y pobre, con un ejército en condiciones lamentables, la mayor parte producto de las levas. La marina del Golfo la componían 10 buques de vela viejos, con trescientos ochenta tripulantes y catorce piezas de artillería. El ejército de tierra estaba disgregado y había sufrido derrota tras derrota. El peso de la defensa la habían hecho  los particulares armados en forma de guerrillas que hostilizaban constante mente al enemigo. Ese era el panorama que presentaba. El país agredido ya no daba para más, solamente quedaban los actos heroicos como el de los cadetes del Colegio Militar, exigua minoría de valientes.





LOS NIÑOS HÉROES

EL ASALTO AL CASTILLO DE CHAPULTEPEC

Hoy día 13 de septiembre se cumplen 166 años de su Gesta

Era el 11 de septiembre de 1847, el general en jefe de las tropas agresoras yanquis  Winfield Scott determinó atacar la capital de México por el lado del Castillo de Chapultepec, con un constante bombardeo de la artillería, haciendo grandes destrozos del alcázar y desmoralizando a los defensores que no contaban con almas de largo alcance.

En la madrugada del día 13 se hizo más intenso el bombardeo y a las ocho de la mañana se comenzó el asalto con cuatro divisiones cada una por los cuatro costados del castillo con un total de unos 7000 efectivos. Mientras que el general Nicolás Bravo solamente contaba para repeler a los enemigos con 832 hombres dispersos en diversos puntos del edificio.

Los defensores debían ser apoyados por  escasos 2450 soldados del general Rangel en las calzadas cercanas y más de 3000 soldados dirigidos por Juan Álvarez en la Hacienda de los Morales. Pero estas tropas de apoyo no se movieron de sus lugares ni entraron en acción traicionando a su patria. Existe una carta de uno de los cadetes defensores del Castillo de Chapultepec denunciando la inaudita falta de esas tropas:

“José Hilario Pérez de León oficial escribiente del Archivo general de la República Mexicana, ante V.E. con el respeto debido digo:  q. desde el 13 de septiembre último tuve la desgracia de perder enteramente mi brazo en el punto de Chapultepec, sosteniendo los derechos nacionales entre los alumnos del Colegio militar, donde me presenté y fui agregado por orden del E.S. Gral. D. Nicolás Bravo q. a la vez se encontraba mandando el referido fuerte, y (fuimos) los únicos q. cumplieron con sus deberes en el mismo, porque todas las demás tropas faltaron y por cuyo motivo fuimos envueltos por el enemigo, y yo, mutilado sin provecho de mi amada Patria….”

Murieron heroicamente el teniente Juan de la Barrera y los alumnos Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez, Juan Escutia y Francisco Márquez,  tres más quedaron heridos: Hilario Pérez de León, Andrés Mellado y Agustín Romero.

Cayeron prisioneros el general Mariano Monterde director del Colegio Militar, 16 de sus subordinados: Capitán Francisco Jiménez; Tenientes Manuel Alemán, Agustín Díaz, Luis Díaz y Fernando Poucel; Subtenientes Ignacio de la Peza, Amado Camacho, Luis G. Barnet y Mnuel Poucel; Despensero Eusebio Llantadas. Otros: Mariano Azpilcueta, Fernando Soto, Francisco Jiménez, Capellán Pablo Carrasco,  Cirujano Rafael Lucio, Rafael Landero.

2ª Compañía: Teniente Coronel Tomás García Conde. Teniente Joaquín Argáiz, Sargento Teófilo Novis, Corneta Antonio Rodríguez.

39 alumnos de fila:

Joaquín Moreno, Pablo Banuet, Horacio Valle, Francisco Leso, Antonio Solá, Sebastián Trejo, Luis Delgado, Ruperto Pérez de León, Cástulo Galicia, Feliciano Contreras, Francisco Morales, Miguel Miramón Tarello, Gabino Montes de Oca, Luciano Becerra, Adolfo Unda, Manuel Díaz, Francisco Morel, Vicente Herrera, Onofre Capelo, Magdaleno Yta, Emilio Laurent, Francisco Molina, Mariano Cobarrubias, Bartolomé Díaz de León, Esteban Zamora, Manuel Ramírez de Arellano, Ignacio Burgoa, Lorenzo Pérez Castro, Carlos Bejarano, Isidoro Hernández, Santiago Hernández, N. Escontría, Ignacio Valle, Rafael Landero, Wenceslao Ferriz, Justino García, Simón Álvarez, Ignacio Ortiz, Ramón Rodríguez.

El 23 de diciembre de 1847 se creó una Cruz especial para los mismos defensores y, en 1884 se dispuso que en el Colegio Militar se les siguiera pasando lista. Para celebrar el Centenario de la Batalla de Chapultepec, se rescataron los restos de los jóvenes héroes que estaban enterrados en el bosque al pie del Castillo, donde se eleva un pequeño monumento conmemorativo. El 27 de septiembre de 1952 se levantó el soberbio monumento situado al comienzo del Paseo de la Reforma, en la ciudad de México.

Recordemos a estos héroes sin mancha, sin compromisos políticos. Para ellos solamente contaba la defensa de la Patria contra la guerra más injusta de una potencia rapaz a una nación debilitada, desunida y traicionada por sus propios gobernantes en 25 años de luchas de partidos.

¡VIVAN NUESTROS NIÑOS HÉROES!

 Luis G. Pérez de León R. 13 de septiembre 2011

Editó Luis Ozden.

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MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA, Falso padre de la independencia de México







Advertencia:

Cuando un historiador verdaderamente católico trata de personajes consagrados como héroes por  el liberalismo imperante en la historia oficial mexicana, puede causar resquemores, dudas, incomprensión o franca antipatía aún entre los lectores que dicen pertenecer a la religión católica.

Pero cuando se trata del llamado “Padre de la patria mexicana”, como aparece en los libros y documentos oficiales que existen en todos los centros educativos de la nación, y más aún, cuando se le rinde el máximo homenaje popular en la llamada fiesta nacional del 15-16 de septiembre, entonces no falta quien descalifique, a priori, al que se atreva a derribar ese supuesto héroe de su pedestal.


Durante casi doscientos años (1) ha sido tan intensa y constante esta falsa afirmación, dada desde las altas esferas políticas y gubernamentales hasta los más modestos ayuntamientos o alcaldías y, por supuesto, en todos los centros educativos laicos y no pocos religiosos, dentro y fuera del país donde existen comunidades mexicanas. Que aquí nos encontramos con un caso muy grave de distorsión de la verdad histórica, de suplantación de la realidad por ocultamiento de los  motivos que llevaron a Miguel Hidalgo a semejante empresa revolucionaria. Y de la extraña paradoja que han contemplado unas diez generaciones de mexicanos;  de ver elevado a los altares liberales anticristianos a un sacerdote de la Iglesia Católica nombrándolo “Padre de la Independencia mexicana”. Pero, vamos a demostrar que no hay contradicción, que todo está lógicamente encadenado por el hilo conductor de la actuación  de las sociedades secretas entre los individuos y los pueblos ajenos a ellas.

También, el sentido cristiano de la historia nos obliga a reconocer a Jesucristo como centro y fin de la historia universal, Él, marca los lineamientos para juzgar, para  relatar los hechos y los personajes que han influido en las naciones a través de los tiempos.


Las razones de la Independencia


Cuando se estudia el periodo que va  desde el año de 1767,  cuando fueron expulsados los Padres de la Compañía de Jesús de todo el  Imperio Español, hasta el año de 1808 en que aparecen los primeros intentos  de independencia americana; se va descubriendo que entre los inconformes con el gobierno de la Corona se encuentran numerosos religiosos, tanto frailes como sacerdotes de la Iglesia católica. Estos van a ser los cerebros y muchos de los ejecutantes de la revolución de independencia hispanoamericana apenas tres décadas después de la expulsión de los padres jesuitas. (2)


Los  padres jesuitas habían sido el brazo fuerte de la Iglesia desde que San Ignacio de Loyola creó la Compañía de Jesús en el siglo XVI para defender al Institución del Papado, la ortodoxia de la Doctrina y la lucha contra la corrupción de los hombres de iglesia. La Compañía era, por tanto, odiada por la Masonería (3)  enemiga jurada de la Iglesia Católica.

El rey de España Carlos III,  influido por sus ministros masones, decretó el edicto de expulsión el 1º  de abril de 1767. Con ese infeliz acto, la enseñanza verdaderamente católica quedó herida de gravedad. Tanto los hijos de las familias principales como los humildes indios de las misiones del norte quedaron sin su protección, a merced de las nuevas ideas filosóficas disolventes de la moral católica, porque los sacerdotes y religiosos de las  otras órdenes no fueron capaces de conservar la ortodoxia de la Fe.

Las ideas naturalistas y liberales de los filósofos ingleses, franceses y angloamericanos protestantes pronto influyeron en la mente de las clases educadas, tanto laicos como sacerdotes irreflexivos que quisieron ponerse a la moda de los franceses.

Sin embargo, en el fondo de todo esto, estaba el movimiento de las logias para desmembrar el Imperio Español Católico a favor de las nacientes repúblicas democráticas y masónicas: Los Estados Unidos de América en 1776 y la República Francesa anticristiana de 1789.




El joven  Miguel Hidalgo y Costilla


Miguel Hidalgo y Costilla tiene varias facetas en su personalidad, las principales son: su actuación  pública como sacerdote y como revolucionario, y la privada, como todo ser humano.

El cura Hidalgo nació el 9 de mayo de 1753 en la hacienda de San Diego de Corralejo, en la jurisdicción de Pénjamo, en la Intendencia de Guanajuato. Fue el segundo de los cinco hijos del matrimonio formado por Cristóbal Hidalgo y Costilla y Ana María  Gallaga Mandarte Villaseñor, criollos ambos. Sus primeros estudios los hizo en la hacienda donde vivían sus padres. A los doce años de edad fue enviado junto con su hermano Joaquín, a la ciudad de Valladolid al colegio de San Francisco Javier, atendido por los padres jesuitas, de ellos fue alumno solamente dos años, privándolo de esa sólida formación la expulsión de los maestros  por el edicto de 1767.

El joven Hidalgo regresó al colegio de San Nicolás donde destacó en forma brillante, graduándose a los 17 años como bachiller en letras con una beca para la Real y Pontificia Universidad de México, donde al poco tiempo, fue bachiller en Artes, De regreso al colegio de San Nicolás se puso a estudiar Teología escolástica, sin embargo no pudo terminar su carrera porque tuvo riñas con  sus compañeros, que lo apodaban “el zorro” por su comportamiento astuto y sus ojos color verde amarillento. Miguel Hidalgo   fue expulsado del Colegio, aunque perdonado mas tarde, terminó sus cursos con las más altas calificaciones, lo que le hizo recibir el honor de presentar su examen en la Pontificia de la ciudad de México.

Siguió sus estudios canónicos con  igual eficiencia y en 1778, a sus 25 años de edad, recibió de manos del Obispo Juan Ignacio de la Rocha la potestad de celebrar la Eucaristía y absolver los pecados.

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El cura y rector  Miguel Hidalgo


Ya como sacerdote comenzó a desempeñar diversas cátedras en el Colegio de San Nicolás de Valladolid, aprendió los idiomas francés e italiano,  además del latín, y entendía algunas lenguas indígenas. Desempeñó tan brillantemente su profesorado que en una década llegó a ser el Rector más joven en la historia del Colegio.

Con su actividad constante, su talento e inteligencia pero también su astucia, al acercarse al Obispo de Michoacán, don Antonio de San Miguel Iglesias, hizo que éste le concediera los beneficios de la rica parroquia de Santa Clara del Cobre con una renta de 500 ducados anuales; cantidad enorme para la época, 1790. Lo  que le permitió hacerse de las haciendas Jaripeo, Santa Rosa y San Nicolás. Después de esto su mira estaba puesta en ser Obispo. Pero cuando los bienes de este mundo no están puestos al servicio de Dios corrompen a quien los detenta. Y este fue sin duda el caso del rector Hidalgo.


El cura impío Miguel Hidalgo


Entre los años 1790 y 1800, el señor rector comenzó a  olvidar sus deberes de eclesiástico dedicándose a la vida social. Organizaba fiestas y tertulias literarias, leía los libros prohibidos por el Tribunal del Santo Oficio, especialmente los que llegaban de contrabando desde Francia y de  los Estados Unidos. Reunía en su casa a muchos sospechosos de profesar las ideas de la Revolución francesa, donde se comentaban con desusada libertad los principios anticristianos de los filósofos Juan J. Rousseau y Francisco M. Arouet alias Voltaire. (4).

Hacia el año de 1792, el cura Hidalgo era un  gran empresario en todo tipo de inversiones,  mayormente en la agricultura y en las artesanías hasta hacerse un hombre rico. Sin embargo, su pasión por el juego le llevó a contraer cuantiosas deudas, se enemistó con el Cabildo de Valladolid y fue  citado por el Tribunal de la Inquisición, acusado de trato deshonesto con mujeres y de vivir amancebado con una señora de quien tenía dos hijos. A causa de todo esto tuvo que renunciar a su rectoría en el Colegio, pagar sus deudas con una de sus haciendas y marcharse precipitadamente a la ciudad de Colima para servir en un curato por orden del Obispo.

A los ocho meses de estar en Colima fue regresado a Valladolid pero ya nunca más a su antiguo cargo de rector.

Luego, en 1793 el Obispo le concedió los cargos de cura, vicario y juez eclesiástico de San Felipe en Guanajuato. Ahí formó una extensa biblioteca con autores franceses de libros señalados en el índice como

Anticatólicos. Desde San Felipe hacía frecuentes viajes a Dolores, Lagos y Guanajuato donde tenía multitud de conocidos, la mayoría, desorientados súbditos que veían en el cura  a una persona capaz de guiarlos en aquella época prerrevolucionaria. A estas personas les llevaba el virus de las ideas impías que absorbía de sus admirados filósofos naturalistas.

En el año de 1798 el Cabildo de Valladolid volvió a acusarlo de no pagar sus nuevas deudas de Juego,  de leer libros prohibidos y de propagar actividades sediciosas. En abril de ese año había afirmado en una tertulia con los sacerdotes Joaquín Huesca, Manuel Estrada, Antonio Romero y José Martín García “que el gobierno de la Iglesia estaba manejado por ignorantes, que la Biblia debía estudiarse con libertad de entendimiento y que las Epístolas de San Pablo eran apócrifas”   

Esta segunda llamada del Santo Oficio tampoco tuvo eco en quienes debían sancionar sus desvaríos doctrinales y morales, pues su expediente se archivó como había sucedido con el primero.

En 1802 consiguió ser cura del pueblo de Dolores a la muerte de su hermano el cura José Joaquín, en esa localidad se asentó con toda su familia continuando su vida social y ocupándose de todo menos de sus fieles a quienes dejó encargados al padre Francisco Iglesias.

Toda esa época hasta el año de 1810 se le ve ilustrándose y llenando su vida de toda clase de placeres y actividades fuera de la Religión, viviendo amancebado con otra mujer de quien tuvo otras dos hijas: Micaela y  Josefa. También, de un tratado para fabricar armas, se atrevió a fundir varios cañones con el pretexto de dar realce a las festividades religiosas.

Miguel Hidalgo y Costilla había perdido completamente la Fe, no estamos seguros de si alguna vez la tuvo, ya que, tanto él como muchos de los candidatos a ser ministros de Jesucristo entraban en los seminarios para ser sacerdotes y disfrutar del ascendiente y bonanza económica que les daba ser cura de alguna parroquia, sin tener realmente vocación de servicio a Dios y a las almas. Esta es la principal razón de que hubiese tan gran número de sacerdotes revolucionarios.


El masón Miguel Hidalgo y Costilla  


  El norteamericano maestro masón Richard E. Chism en su “Historia masónica de México” afirma que en 1806 se formó en la ciudad de México una Logia masónica del rito de York, es decir, de obediencia inglesa. Y que en ese año en la casa no. 5 de la calle de las Ratas (hoy Bolivar) fueron iniciados Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Miguel Domínguez corregidor de Querétaro y otros. El maestro masón grado 33 Dr. Julián Gascón escribe en su tratado “Los primeros masones y la formación del supremo consejo de México”  exactamente lo mismo.

Hidalgo tenía relación de  amistad con un antiguo alumno del Colegio de San Ildefonso, el sacerdote  jesuita Manuel Iturriaga admirador del ex jesuita Adam Weishaupt creador de la secta de los Iluminados. Este sacerdote impío que fungía como Rector del Colegio San Francisco Javier de la ciudad de Querétaro, tenía elaborado un Plan revolucionario para separar la Nueva España de la Corona por medios violentos desligándose de cualquier potencia europea, expulsar a los españoles y quedarse con sus bienes. Era en líneas generales el Plan que la Logia de Nueva Orleáns en los Estados Unidos había confeccionado para llevarlo a cabo por medio de aquellos revolucionarios que fueran escogidos por ella. Miguel Hidalgo en compañía del capitán Ignacio Allende viajó varias veces a entrevistarse con Iturriaga para conocer los detalles del Plan. El padre Iturriaga estaba adscrito también a la Masonería.


La razón de que los políticos liberales rindan homenaje a un sacerdote católico y lo llamen “Padre de la Independencia y de la Patria” es precisamente porque este cura era masón obediente a los dictados de la secta, para destruir la Nueva España en beneficio del gobierno norteamericano. Entre las primeras disposiciones que emitió su gobierno itinerante estuvo la de mandar a Pascasio Ortiz de Letona  a Estados Unidos pidiendo ayuda material y moral para los insurgentes.

El historiador don Antonio Gibaja y Patrón escribe en su obra “Las Revoluciones sociales de México”: “De los estudios históricos de México, aparece que John Adams de los Estados Unidos, Jorge III de Inglaterra y Napoleón I de Francia fueron los agitadores del Partido Liberal y los promotores de la Independencia de México”

El revolucionario Miguel Hidalgo y Costilla


La Masonería es el Misterio de Iniquidad de que habla San Pablo en su 2ª. Epístola a los Tesalonicenses, extrae de los individuos que selecciona, todos los instintos bestiales que un hombre pueda tener y los encausa para sus fines de destrucción del orden cristiano (5). Cualquier individuo, una vez comprometido bajo juramento con  los jefes de la Secta va a poner en práctica los horrores de su innata maldad.


Hidalgo y sus compañeros revolucionarios tenían previsto iniciar la insurrección el 1º de diciembre de 1810 en San Juan de los Lagos aprovechando la concentración de gente para la fiesta de la Santísima Virgen. Pero, la conspiración fue denunciada en Querétaro por el capitán Joaquín Arias quien de ese modo alertó al Brigadier don Ignacio García Rebollo de la intención de degollar a todos los españoles.

El primer grito de guerra de Hidalgo fue: “Somos perdidos. Aquí no hay mas recurso que ir a coger gachupines”.


De modo que los acontecimientos precipitaron el inicio de la revolución y en  el pueblo de Dolores, el 16 de septiembre a las 6 de la mañana se inició una auténtica guerra civil de muerte y destrucción. Miguel Hidalgo, vaciando las cárceles de criminales, armándolos y reuniendo entorno suyo a toda la plebe de los lugares que pasaba, incitándolos al robo de quien algo tenía, marchaba como jefe absoluto, no de un ejército sino de una desordenada banda de forajidos. Los que tenían algún resentimiento, maldad, codicia o venganza contra alguien se le  iban agregando.

Su primer estandarte de guerra era una bandera  roja cuartelada con franjas negras en cuyo crucero aparecía un cráneo en medio de dos canillas con cuatro estrellas de seis puntas masónicas. A este estandarte se le llamó “El doliente de Hidalgo” , ante las críticas de muchos de sus seguidores, posteriormente, tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera de la revolución para engañar mas fácilmente al pueblo devoto instándolos, con ello, a no hacer resistencia.


Podemos afirmar que su carrera fue meteórica. Pronto cayeron bajo su férula  San Miguel, Celaya Guanajuato, Valladolid y los principales pueblos de Michoacán, siguió hacia Toluca y se dirigió a la ciudad de México deteniendo su marcha a muy poca distancia de ella. Habían pasado menos de dos meses desde el llamado “Grito de Dolores” y su influencia crecía de semana en semana. Casi sin enfrentar ninguna batalla seria y por la ayuda de otros revolucionarios entró en Guadalajara el 28 de noviembre, esta ciudad, como las anteriores, estaba ganada por la infiltración de las logias entre las personas principales. El pueblo de la capital de la Nueva Galicia se le entregó lleno de júbilo, a tal grado que en la Catedral se cantó un Te Deum en su honor y después un suntuoso banquete y baile  el Real Palacio donde se alojó.

Sus incondicionales comenzaron a dirigirse a él como “Su Alteza Serenísima”, pero,  nada de lo anterior evitó que “Su Alteza” ordenara mas tarde degollar a todos los europeos prisioneros de las turbas, lo mismo hacía en todas las poblaciones que tomaba. En Guadalajara no bajaron de mil los asesinados.  Hidalgo se presentaba como el “Libertador de los pueblos oprimidos”, ofrecía a las chusmas que serían dueños de las tierras y de las riquezas de los europeos.

Como botón de muestra vamos a transcribir una Carta Provincial de los Franciscanos que aparece en el libro “La cuestión religiosa en México” del padre Francisco Regis Planchet, que este autor entresacó de la Sentencia de Degradación de Hidalgo:

“De orden suya se sacaban a los españoles europeos a escondidas por la noche en partidas de 40 o más, de los que había reunido en Valladolid y Guadalajara. Y los mataban en barrancas y otros lugares ocultos.

 La primera de estas partidas se sacó el 12 de diciembre, como si por ser día de la aparición de la Virgen, que sacrílegamente había tomado Hidalgo por patrona de su rebelión, hubiese querido solemnizar la festividad con tan horrible sacrificio. Entre los degollados había hombres venerables por sus virtudes, benéficos en los lugares donde residían y, según admitió Hidalgo en su proceso, había muchos eclesiásticos”


Hastiados de los excesos de Hidalgo; Allende y sus propios compañeros revolucionarios consultaron a varios sacerdotes sobre si sería lícito darle veneno para evitar tantos asesinatos. Después de ser derrotado Hidalgo por el general Calleja en Puente de Calderón, Allende y los otros jefes revolucionarios finalmente decidieron separarlo del mando amenazándolo de muerte. Comenzó entonces la declinación de su estrella, en la huída de los revolucionarios rumbo  a los Estados Unidos iba prisionero con guardias para que obedeciera lo que se le dictaba.

La muchedumbre de indios que había seguido a Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y los otros jefes, por el centro del país donde había riquezas que saquear, viendo que escaseaba el botín,  fueron abandonando la columna hasta abandonarlos totalmente.


 En marzo de 1811 los insurgentes llegaron a Saltillo, lugar donde Hidalgo entregó el mando militar a Ignacio Allende y rechazó el indulto que le ofrecía el Monarca español.

Los jefes revolucionarios decidieron huir hacia el norte hasta Texas para alcanzar después la frontera con la Louisiana  y obtener la ayuda material y moral ofrecida por el presidente James  Madison de los Estados Unidos. Así que emprendieron la marcha hacia la ciudad de Chihuahua, pero el 21 de abril y por medio de una estratagema  del capitán Francisco I. Elizondo (6) fueron apresados todos en la población de Acatita de Baján y llevados maniatados con hierro a la ciudad de Chihuahua donde comenzó su proceso.

Los interrogatorios, la degradación de Hidalgo de su condición sacerdotal, el juicio del Tribunal de la Inquisición, la Junta de Guerra y todo lo concerniente a sus delitos con los testigos etc., etc. tardaron más de dos meses.  El 30 de julio de 1811 a la hora del alba Miguel Hidalgo y Costilla de 53 años cumplidos cayó muerto por el pelotón de fusilamiento. ¿Qué pensaría ese cerebro, cuyo corazón estaba corrompido hasta la médula antes de su ejecución? Cuando el  capitán  Simón Elías le preguntó por su último deseo antes  de morir,  Hidalgo pidió que le trajeran una jarra con leche y unos dulces….. (7)


Efectos de la Revolución de Miguel Hidalgo y Costilla


En tan solo 11 meses de campaña revolucionaria la sociedad de la Nueva España había quedado conmovida hasta sus cimientos, todas las capas de la población se veían con desconfianza. Había fomentado el odio entre españoles europeos y americanos, entre las diversas razas que poblaban el extenso país, entre los ricos y los pobres, entre los curas de pueblo y las autoridades de la Iglesia.  En ese corto espacio de tiempo los trescientos años de estabilidad y paz se habían destruido para siempre.


Entre otros hechos negativos que Hidalgo había inaugurado con su  Revolución estaban:

“La Ley Fuga”; acuchillando en las tinieblas a incontables comerciantes y empresarios robando sus fortunas. Fue el primero en mendigar la intervención armada de los protestantes angloamericanos, fue el primero en sembrar la cizaña del socialismo y comunismo mediante el saqueo sistemático de los propietarios, el primero en predicar, con su propio ejemplo, del amor libre, ajusticiamiento sin proceso, del “derecho” de rebelión, del “derecho” a quedarse con tierras ajenas repartiendo las haciendas que no eran suyas. Ni él ni sus hermanos repartieron ni un palmo de sus tierras.

En cuanto a la Iglesia; fue enemigo de las órdenes monásticas, humilló cuanto pudo a la jerarquía eclesiástica coartando la libertad de su jurisdicción y mandando asesinar a incontables sacerdotes, solamente por el delito de ser europeos. Difundió entre sus allegados numerosas herejías de corte protestante.

Su rebelión fue el principio de la destrucción del país cuya independencia fue lograda por don Agustín de Iturbide el 27 de septiembre de 1821 con el Imperio Católico que duró solamente menos de dos años a causa de la intervención de la República democrática norteamericana y sus logias. Perdiendo, México, su verdadera independencia para siempre.

Volvemos a citar al Lic. Gibaja y Patrón quien con gran lucidez  asienta en el primer tomo de su Obra “Las Revoluciones Sociales de México”:

“La revolución de Independencia no fue ideada por Hidalgo ni su voluntad tampoco era la que imperaba en ella, pues es bien sabido que Hidalgo y Allende eran masones, y como tales, ciegos y dóciles a la voluntad de las logias….” las órdenes venían del jefe supremo de la masonería universal residente en Charleston USA.

Por lo expuesto anteriormente, Miguel Hidalgo y Costilla, no fue prócer de la Independencia de México ni menos Padre de la Patria mexicana.

Luis Ozden.

Septiembre de 2011.


Bibliografía y Citas:


CITAS:

(1)     En el año de 1823 la Asamblea o triunvirato que estaba encargada del gobierno después de la abdicación de Iturbide con Emperador, ya hablaba de constituir una república democrática de corte yanqui y había elevado al difunto Miguel Hidalgo como Prócer de la Independencia.


(2)     En el año de 1807 se instruyó en la ciudad de Nueva Orleáns, causa judicial a unos sujetos de nacionalidad norteamericana que pretendían emancipar a la Nueva España, darle un gobierno propio, pero aliado y protegido del de los Estados Unidos. “Documentos Históricos mexicanos”  Genaro García, SEP.


(3)     La Masonería abarca actualmente (siglo XXI) a todas las sociedades secretas y semi secretas de mundo entero, es el Misterio de Iniquidad de que hablan San Juan  y San Pablo, previo a  la llegada del Anticristo. Los individuos que la siguen son los instrumentos del Maligno para  destruir el Orden Cristiano. Ha infiltrado  ya toda la Sociedad civil y también a la Jerarquía de la Iglesia Católica que desde la década de 1960 ya no lo oculta. Por lo que se nos afirma la creencia  de que hemos llegado al “Fin de los tiempos”.


(4)     Francisco María Arouet alias Voltaire, influyente  filósofo, escritor y poeta, todo su pensamiento está  impregnado de naturalismo y liberalismo,  a pesar de haberse educado por los jesuitas en París, empleo su viva inteligencia en esparcir sus ataques a la Iglesia Católica. La masonería internacional adoptó su pensamiento destructivo para destruir el Orden Cristiano.

 

(5)     “El Misterio de Iniquidad” San Pablo en su 2ª. Carta a los Tesalonicenses, 2,  3-7


(6)     El Capitán de milicias Francisco Elizondo que estaba retirado en el Norte y había dejado las huestes de Hidalgo poco antes, de acuerdo con los realistas, aparentó volver con los que huían y vitoreándolos los pudo desarmar y poner presos.


(7)  “La cuestión religiosa en México”, Fco. Regis Planchet ,1957


BIBLIOGRAFIA:

Alamán Escalada Lucas, “Historia de Méjico”, Fondo de Cultura Ec. S. A. de C. V. Ed. Facsimilar; México 1985. 5 Tomos

Documentos Históricos Mexicanos, Consejo Nacional de Fomento Educativo, Ed. Facsimilar, México 1985.

Enciclopedia  de México, SEP. México 1988.

Gascón Julián Dr. “Los primeros masones y la formación del Supremo Consejo de México”, Ed. Vertiente, México 1994.

Gibaja y Patrón Antonio, “Comentario Crítico, Histórico, Auténtico a LAS REVOLUCIONES SOCIALES DE MÉXICO”, Ed. Tradición, México 1983. 5 Tomos

Gran Enciclopedia “Círculo de Lectores”, Plaza y Janés, Barcelona 1987.

Pérez de León Rivero Luis, Apuntes propios, “El Destino Manifiesto angloamericano es de origen calvinista”.

Regis Planchet Francisco Pbro. “La Cuestión Religiosa en México”, Imp. Moderna, Guadalajara, México 1987.

Sánchez Ruiz Pedro  “Nacimiento, Grandeza, Decadencia y Ruina de la Nación Mejicana”, Ed. Honor y Fidelidad  2005.

lunes, 27 de mayo de 2013

TEXTO SINTÉTICO SOBRE LA CONSAGRACIÓN DE MÉXICO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUCRISTO Y SU PROCLAMACIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO.






ANTECEDENTES:

La moción para consagrar la República Mexicana el 6 de enero de 1914 y su consiguiente proclamación de Cristo como Rey de la nación, para conservar la Religión Católica, religión mayoritaria del pueblo mexicano,  a causa de la Revolución anticristiana y masónica,  provocada por sus enemigos nacionales e internacionales de la nación;  tenía su antecedente en la Encíclica “Annum Sacrum” que S. S. León XIII emitió el 25 de mayo de 1899, para consagrar al género humano entero.
Pero la idea para la Consagración específica a la Nación Mexicana partió del señor Arzobispo de Linares, Monterrey; quien se dirigió al Arzobispo de México Dr. José Mora y del Río. Este a su vez, aceptó la idea y escribió a fines del año de 1911, una circular a sus hermanos los señores arzobispos y obispos de todas las diócesis mexicanas pidiendo su parecer respecto a organizar una reunión de todos, para preparar la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús.
Pero, en vista del amago revolucionario de ese año para subvertir el orden. No pudieron organizarse por los desórdenes de 1912 y principios de 1913. Sin embargo, a partir de marzo de 1913, gracias a un gobierno estable y fuerte bajo la autoridad del General Victoriano Huerta; se dieron las condiciones para que el V. Episcopado Nacional, por medio del Arzobispo José Mora del Río, pidiera a S.S. Pío X su beneplácito por la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús.
Durante ese año hubo intercambio de correspondencia entre el Arzobispado de México y la Santa Sede, dando por resultado la Carta de San Pío X a los Obispos mexicanos del 12 de noviembre de 1913.  Carta que existe en el Archivo Arzobispal y que este año de 2013 se cumplirá el Centenario de su emisión. Y, que a continuación, transcribiré íntegra en este texto.
Pero, antes, conviene transcribir el primer párrafo de la Segunda Carta pastoral del Ilmo. y Revmo. Sr. Dr. y Mtro. Don Francisco Orozco y Jiménez, quinto arzobispo de Guadalajara con motivo de la solemne Consagración de la República Mexicana al Sacratísimo Corazón de Jesús.
“A moción del Ilmo. Revmo. Sr. Arzobispo de México y por unánime acuerdo del V. Episcopado Nacional, la Santidad del Señor Pío X, ha accedido con gusto a que la República de México se consagre solemnemente y rinda vasallaje al S. Corazón de Jesús en demanda pública de remedio para las necesidades que nos aquejan; -si así es del deífico beneplácito- la tan deseada paz nacional.”

CARTA DE SU SANTIDAD PÍO X AL EPISCOPADO MEXICANO
“A NUESTROS VENERABLES HERMANOS LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE LA REPÚBLICA MEXICANA.”
PIO PAPA X.
VENERABLES HERMANOS, SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA.

“Nos habéis propuesto un proyecto tanto más honroso para vosotros, cuanto para Nos indeciblemente grato.”
“Porque meditando vosotros con grande atención lo que Nuestro Predecesor León XIII, de recordación feliz, escribió en su encíclica “Annum Sacrum”, relativo a la consagración de los hombres al Sacratísimo Corazón de Jesucristo, habéis resuelto consagrar, el próximo día seis de enero, al mismo Corazón Divino, Rey Inmortal de los siglos, la República de México, y para dar mayor solemnidad a esta consagración que pensáis hacer  y mostrar a vuestros pueblos toda la importancia trascendental de ella, determináis decorar las imágenes del Corazón de Jesucristo con las insignias de la realeza.”
“Todo esto, Nos lo aprobamos de buen grado. Más como quiera que el Rey de Gloria eterna haya sido ornado con corona de espinas, la cual muy mucho más hermosa aún que el oro y que las piedras preciosas vence en este esplendor a las coronas de estrellas, las insignias de Majestad Regia son a saber: la Corona y el Cetro, habrán de colocarse a los pies de las sagradas imágenes.”
“Desde hace ya mucho tiempo que con grande solicitud hemos considerado a vuestra Nación y a vuestros asuntos, perturbados por graves desórdenes, y bien sabemos que para conservar y sostener la salud, y la paz de los pueblos, es de este punto necesario conducir a los hombres a este puerto seguro de salvación, a este Sagrario de la paz, que Dios por su infinita benignidad se dignó abrir al humano linaje, en el Corazón Augusto de Cristo Su Hijo.”
“De ese Corazón brote para vosotros Venerables Hermanos, y para vuestra Nación entera agitada rudamente por incesantes discordias, la gracia que hacía menester para la salvación eterna y la paz que como fuente inagotable de todos los bienes, con tan indecible ansia anhelan a una voz vuestros conciudadanos.”
“En presagio de ambos bienes y en testimonio de nuestra benevolencia sea esta Nuestra Bendición Apostólica, a la cual, a vosotros, Venerables Hermanos, lo mismo que al clero y al pueblo, encomendados a cada uno de vosotros, de lo íntimo de nuestro Corazón enviamos en el Señor.”
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día doce de Noviembre de mil novecientos trece, año undécimo de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA X
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COMENTARIOS DEL ARZOBISPO D. FRANCISCO OROZCO Y JIMÉNEZ A LACARTA PAPAL.
“Las letras citadas expresan el grande amor que nos profesa el Santo Padre, interesándose por nuestra suerte e indicándonos los medios eficaces de desagravio  a Dios, ofendido por nuestros pecados.”
“En verdad: ¿qué medio  más oportuno que la proclamación pública del Reinado Social de Jesucristo?  Al coronarlo del modo como Él puede ser coronado, y ofrecerle un cetro, símbolo del dominio que tiene en las sociedades y en los individuos, en los reyes y en los súbditos, en los emporios de la civilización y en las pequeñas aldeas, de todas partes se elevará un himno grandioso de alabanza, de amor y desagravio al Corazón de Dios, atribulado por nuestras iniquidades.”
“A la vista de la situación de nuestra Patria, no cabe duda, según la expresión de un Venerable Prelado, que algo de colectivo falta para desarmar el brazo justiciero de Dios y que ceses las calamidades públicas;  y ese algo bien puede ser la nueva Consagración al Corazón de Jesús.”
“En ese acto estará interesada la Fe que heredamos de nuestros mayores, no menos que la piedad y la beneficencia, por las obras de culto y caridad que aunemos a la protestación de la vigorosa Fe, porque del amor de Dios es complemento el amor al prójimo, al ser el precepto del segundo semejante al del primero, como asevera el Salvador.”
A profesar la Fe y a practicar la caridad, con ocasión de nuestros cultos al Sacratísimo Corazón de Jesús, nos moverá la altísima significación de los misterios que la Santa Iglesia propone en la fecha providencialmente fijada para la solemne Consagración: la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo. En ese día se presenta Nuestro Salvador al universo mundo como revestido de la autoridad real de Monarca Supremo y recibiendo las más puntuales adoraciones;  la gentilidad representada en tres grandes personajes, viene a los pies de Jesucristo; acuden las ciencias y las artes, y las magnificencias humanas a rendir a Cristo un amplio vasallaje.”
“Además: en la Epifanía se celebra el Bautismo de Jesús, con toda la humildad y la Fe de aquel memorable hecho en que el Divino Nazareno estableció el sacramento de regeneración, por el cual, al recibirlo, nos hacemos hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos”.
“Finalmente, se conmemora en la Epifanía la realización de aquellas célebres bodas, santificadas con la presencia de Jesús y de María, y en que el matrimonio vino a ser una de las fuentes de la Gracia, y el origen santificado de la sociedad doméstica”.
“Ahora bien; tan completo y máximo testimonio de obsequio y de piedad (la Consagración que se hace) conviene de un modo especial a Jesucristo por ser Príncipe y Sumo Señor de todas las cosas…. Y la universalidad del género humano está bajo la potestad de Jesucristo; puesto que quien es unigénito del Padre y consustancial a Él, esplendor de Su Gloria y figura de Su substancia, es necesario que tenga comunes todas las cosas con el Padre y consiguientemente el sumo imperio de todas ellas. Cristo ejerce el sumo poder, no solo con derecho nativo, sino también con derecho adquirido. Él nos libró del poder de las tinieblas y también se entregó a redención a sí mismo por todos. Todo cuanto dio lo dio por adquirirlo todo.”
“Esta potestad Cristo la ejerce sobre los hombres todos por medio de la Verdad, de la Justicia, y principalmente de la Caridad.”
“Para el fundamento de tal potestad y dominio, benignamente permite que nosotros añadamos una devoción voluntaria. Ciertamente Jesucristo, Dios y Redentor a la vez, es rico en la posesión perfecta y cumplida de todas las cosas; mientras que nosotros somos tan pobres e indigentes, que nada poseemos que sea bastante para remunerarlo.”
“Pero no obstante, llevado de su bondad y caridad suma, Jesucristo no rechaza que le ofrezcamos lo que es suyo, y que se lo demos y consagremos como si se tratara de cosa nuestra; y no solamente no la rechaza, sino que la pide repetidamente: Hijo mío, dame tu corazón. Así, pues, podemos todos ciertamente podemos gratificarle con el mejor ánimo y buena voluntad;  puesto que consagrándonos al Mismo, no solamente reconocemos y acatamos su poderío de un modo grato y manifiesto, sino que a la par atestiguamos con ello que, si en realidad de verdad fuese nuestro lo que ofrecemos, lo daríamos con la misma excelente voluntad, y le pedimos a la vez que no se ofenda al admitir de nosotros lo que es completamente suyo.”
“Y puesto que en el Sagrado Corazón se encierra el símbolo y la expresión de la infinita caridad de Cristo, que nos incita a amarnos mutuamente, es justo consagrarse a Su Corazón Augusto, lo que no es otra cosa más que, entregarse y obligarse con Jesucristo, ya que todo honor, obsequio o devoción piadosa que se ofrece al Corazón Divino, se ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo.”
“Consagrémonos, por tanto, social y privadamente, al Sagrado Corazón de Jesús”
“Conságresele el Sacerdocio, participante de la potestad del mismo Dios, al administrar los sagrados misterios, y propagar en las sociedades y en las conciencias el Reinado de Cristo. En la renovación del sacrificio incruento, en el rezo del Oficio Divino, en la adoración del Sacramento de Amor; al predicar, al exhortar y dirigir oportuna e importunamente, arguyendo, suplicando con toda paciencia y doctrina, el Sacerdote vivirá con la vida de Cristo, y del Corazón Divino le vendrá la abundancia de gracia que necesita para el ejercicio de las altísimas funciones que desempeña.”
“Conságrese al Sagrado Corazón de Jesús la sociedad civil en sus diversos elementos, ahora que gobernantes y gobernados niegan, por apostasía pública, al Cristo, proclaman _a imitación del pueblo deicida_  que no quieren que Aquel reine sobre ellos.”
“Ocurra la sociedad en masa a los espléndidos cultos que rodearán esta solemne Consagración; ya acercándose al banquete eucarístico, ya visitando al Prisionero de los tabernáculos o manifiesto a la adoración pública; y que esa Consagración pase, por abundantes corrientes de gracia, del templo al hogar, y que en éste haya júbilo santo y mayor expansión de piedad, y de alegría; el Sacratísimo Corazón será el Dueño de la casa y el Él hallarán refrigerio todos los miembros de la familia, grandes y pequeños. Los gozos y las lágrimas convergerán, por decirlo así, al Corazón de Jesús, fervorosa y constantemente”.
“Las almas entregadas a Dios, ya por promesa solemnes o por  aceptadas y ordenadas prácticas de piedad y de beneficencia, en innumerables confraternidades, de todas las condiciones, edades y sexos, conságrense al Divino Corazón de un modo espontáneo y singular. En la soledad del templo, en las fatigas cotidianas del hogar, en el ejercicio de las obras de misericordia, en la enseñanza de la Doctrina Cristiana y tantas otras obras, habrá ocasión de ofrecerse al Sagrado Corazón para alabarlo y desagraviarlo.”
“Las escuelas católicas, los Hospitales, los Asilos, los Orfanatorios, las Casas Religiosas, conságrense también al Corazón de Cristo. La prensa católica cumpla su noble misión de prestar al Corazón Deífico sus homenajes llevando a todas partes la buena semilla de la lectura sana, y a la vez, siempre amena y oportuna.”
“Hágase que la porción escogida y grata al Corazón Divino _la niñez inocente_ beba allí, en aquel manantial, las aguas purísimas de la Gracia; y renovando las promesas del Bautismo o asistiendo a prácticas exclusivas de misión, y sobre todo, comulgando, forme una gloriosa Corte del Rey de los Cielos y tierra.”
“Que el Corazón de Jesús extienda su dominio a los hogares atribulados por las enfermedades, o por la ausencia o por la muerte de sus seres queridos, y que conforte con su presencia real los corazones agobiados por el dolor. Que las miradas divinas lleven la regeneración a los encarcelados; y los inválidos y los pobres alégrense al sentir los carismas del Corazón de Dios.”
“¡Consagrémonos todos al Corazón de Jesús!  Propaguemos y defendamos Su Realeza, de la cual dimana toda autoridad, para cese la lucha fratricida, y viviendo todos como hermanos, luzcan días serenos para México; y así, ligados con vínculos de caridad, seamos dignos participantes, un día, con Cristo, de la gloria de la Iglesia Triunfante”.
“Para darle forma al hermoso pensamiento de que Nos hemos venido ocupando, los Párrocos y Rectores encargados de los templos de esta Arquidiócesis, preparan, acomodándose a las circunstancias de lugar y personas,  los cultos que deban celebrarse el repetido día seis de enero próximo, a fin de que la Coronación y Consagración de que se trata, revista la mayor solemnidad posible.”
“Pero con el objeto de que, en lo general, haya la uniformidad que es de desearse, disponemos:
“I.- Que en toda la Arquidiócesis haya un Triduo en honor del Sacratísimo Corazón de Jesús, que deberá comenzar el día cuatro del repetido enero, con exposición del Sacratísimo Sacramento, todo el día, en donde fuere posible, o por lo menos en la Misa y en el ejercicio vespertino; para cuya exposición concedemos nuestra licencia.”
“II.- El día seis, designado para la Consagración, se hará ésta, después de una Misa solemne, colocando la Corona y el Cetro a los pies de la imagen del Sagrado Corazón. En la Misa se predicará al pueblo la trascendencia del acto de la Consagración de nuestra Patria toda al Divino Corazón; cuya Consagración se hará usando la fórmula que anualmente se emplea en el mes de junio para el mismo objeto, y deberá tener lugar enseguida de la Coronación.”
“III.- Se procurará que hay el mayor número de comuniones de desagravio”
“IV.- Se dispondrá que haya algunas manifestaciones exteriores de regocijo, para que sea como una expresión pública de nuestro amor y veneración al Sacratísimo Corazón”
“V.- Oportunamente se hará conocer a los fieles, de esta capital, el programa de las festividades que tendrán lugar en la Santa Iglesia Catedral, y los demás que se acordarán para celebrar el fastuoso acontecimiento”
“Esta Carta Pastoral será leída inter Missarum Solemnia el primer día festivo después de su recibo.”
“Recibid, venerables Hermanos y amados Hijos, la Bendición Pastoral que os enviamos en el nombre + del Padre, + del Hijo y + del Espíritu Santo.”
“Dada en Nuestro Palacio Arzobispal de Guadalajara, el día 18 de diciembre, fiesta de la Expectación del Parto de la Santísima Virgen María, de 1913.”
+Francisco, Arzobispo de Guadalajara.

Para que sirva como antecedente de la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús; he creído conveniente transcribir la Carta Encíclica que S.S. León XIII, Papa reinante de la Iglesia Católica en 1899. Transcripción íntegra de la Carta Encíclica “Annum Sacrum” de S.S.  León XIII.

CARTA ENCÍCLICA”ANNUM SACRUM”
DE NUESTRO PADRE LEON XIII, PAPA SEGÚN LA DIVINA PROVIDENCIA; A LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y OTROS ORDINARIOS, EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA.

De la Consagración del Género Humano
al Sagrado Corazón de Jesús

Hace poco, como sabéis, ordenamos por cartas apostólicas que próximamente celebraríamos un jubileo (annum sacrum), siguiendo la costumbre establecida por los antiguos, en esta ciudad santa. Hoy, en la espera, y con la intención de aumentar la piedad en que estará envuelta esta celebración religiosa, nos hemos proyectado y aconsejamos una manifestación fastuosa. Con la condición que todos los fieles Nos obedezcan de corazón y con una buena voluntad unánime y generosa, esperamos que este acto, y no sin razón, produzca resultados preciosos y durables, primero para la religión cristiana y también para el género humano todo entero.
Muchas veces Nos hemos esforzado en mantener y poner más a la luz del día esta forma excelente de piedad que consiste en honrar al Sacratísimo Corazón de Jesús. Seguimos en esto el ejemplo de Nuestros predecesores Inocencio XII, Benedicto XIV, Clemente XIII, Pío VI, Pío VII y Pío IX. Esta era la finalidad especial de Nuestro decreto publicado el 28 de junio del año 1889 y por el que elevamos a rito de primera clase la fiesta del Sagrado Corazón.
Pero ahora soñamos en una forma de veneración más imponente aún, que pueda ser en cierta manera la plenitud y la perfección de todos los homenajes que se acostumbran a rendir al Corazón Sacratísimo. Confiamos que esta manifestación de piedad sea muy agradable a Jesucristo Redentor.
Además, no es la primera vez que el proyecto que anunciamos, sea puesto sobre el tapete. En efecto, hace alrededor de 25 años, al acercarse la solemnidad del segundo Centenario del día en que la bienaventurada Margarita María de Alacoque había recibido de Dios la orden de propagar el culto al divino Corazón, hubo muchas cartas apremiantes, que procedían no solamente de particulares, sino también de obispos, que fueron enviadas en gran número, de todas partes y dirigidas a Pío IX. Ellas pretendían obtener que el soberano Pontífice quisiera consagrar al Sagrado Corazón de Jesús, todo el género humano. Se prefirió entonces diferirlo, a fin de ir madurando más seriamente la decisión. A la espera, ciertas ciudades recibieron la autorización de consagrarse por su cuenta, si así lo deseaban y se prescribió una fórmula de consagración. Habiendo sobrevenido ahora otros motivos, pensamos que ha llegado la hora de culminar este proyecto.
Este testimonio general y solemne de respeto y de piedad, se le debe a Jesucristo, ya que es el Príncipe y el Maestro supremo. De verdad, su imperio se extiende no solamente a las naciones que profesan la fe católica o a los hombres que, por haber recibido en su día el bautismo, están unidos de derecho a la Iglesia, aunque se mantengan alejados por sus opiniones erróneas o por un disentimiento que les aparte de su ternura.
El reino de Cristo también abraza a todos los hombres privados de la fe cristiana, de suerte que la universalidad del género humano está realmente sumisa al poder de Jesús. Quien es el Hijo Único de Dios Padre, que tiene la misma substancia que El y que es “el esplendor de su gloria y figura de su substancia” (Hebreos 1:3), necesariamente lo posee todo en común con el Padre; tiene pues poder soberano sobre todas las cosas. Por eso el Hijo de Dios dice de sí mismo por la boca del profeta: “Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo… El me ha dicho: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra” (Salmo 2: 6-8).
Por estas palabras, Jesucristo declara que ha recibido de Dios el poder, ya sobre la Iglesia, que viene figurada por la montaña de Sión, ya sobre el resto del mundo hasta los límites más alejados. ¿Sobre qué base se apoya este soberano poder? Se desprende claramente de estas palabras: “Tu eres mi Hijo.” Por esta razón Jesucristo es el hijo del Rey del mundo que hereda todo poder; de ahí estas palabras: “Yo te daré las naciones por herencia”. A estas palabras cabe añadir aquellas otras análogas de san Pablo: “A quien constituyó heredero universal.”
Pero hay que recordar sobre todo que Jesucristo confirmó lo relativo a su imperio, no sólo por los apóstoles o los profetas, sino por su propia boca. Al gobernador romano que le preguntaba:” ¿Eres Rey tú?”, Él contestó sin vacilar: “Tú lo has dicho: Yo soy rey!” ( San Juan 18:37) La grandeza de este poder y la inmensidad infinita de este reino, están confirmados plenamente por las palabras de Jesucristo a los Apóstoles: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra.” (Mt 28:18). Si todo poder ha sido dado a Cristo, se deduce necesariamente que su imperio debe ser soberano, absoluto, independiente de la voluntad de cualquier otro ser, de suerte que ningún poder no pueda equipararse al suyo. Y puesto que este imperio le ha sido dado en el cielo y sobre la tierra, se requiere que ambos le estén sometidos.
Efectivamente, El ejerció este derecho extraordinario, que le pertenecía, cuando envió a sus apóstoles a propagar su doctrina, a reunir a todos los hombres en una sola Iglesia por el bautismo de salvación, a fin de imponer leyes que nadie pudiera desconocer sin poner en peligro su eterna salvación. Pero esto no es todo. Jesucristo ordena no sólo en virtud de un derecho natural y como Hijo de Dios sino también en virtud de un derecho adquirido. Pues “nos arrancó del poder de las tinieblas” (Colos. 1:13) y también “se entregó a sí mismo para la Redención de todos” (1 Tim 2:6).
No solamente los católicos y aquellos que han recibido regularmente el bautismo cristiano, sino todos los hombres y cada uno de ellos, se han convertido para El “en pueblo adquirido.” (1 P 2:9). También san Agustín tiene razón al decir sobre este punto: “¿Buscáis lo que Jesucristo ha comprado? Ved lo que El dio y sabréis lo que compró: La sangre de Cristo es el precio de la compra. ¿Qué otro objeto podría tener tal valor? ¿Cuál si no es el mundo entero? ¿Cuál sino todas las naciones? ¡Por el universo entero Cristo pagó un precio semejante!” (Tract., XX in Joan.).
Santo Tomás nos expone largamente porque los mismos infieles están sometidos al poder de Jesucristo. Después de haberse preguntado si el poder judiciario de Jesucristo se extendía a todos los hombres y de haber afirmado que la autoridad judiciaria emana de la autoridad real, concluye netamente: “Todo está sumido a Cristo en cuanto a la potencia, aunque no lo está todavía sometido en cuanto al ejercicio mismo de esta potencia” (Santo Tomás, III Pars. q. 30, a.4.). Este poder de Cristo y este imperio sobre los hombres, se ejercen por la verdad, la justicia y sobre todo por la caridad.
Pero en esta doble base de su poder y de su dominación, Jesucristo nos permite, en su benevolencia, añadir, si de nuestra parte estamos conformes, la consagración voluntaria. Dios y Redentor a la vez, posee plenamente y de un modo perfecto, todo lo que existe. Nosotros, por el contrario, somos tan pobres y tan desprovistos de todo, que no tenemos nada que nos pertenezca y que podamos ofrecerle en obsequio. No obstante, por su bondad y caridad soberanas, no rehúsa nada que le ofrezcamos y que le consagremos lo que ya le pertenece, como si fuera posesión nuestra. No sólo no rehúsa esta ofrenda, sino que la desea y la pide: “Hijo mío, dame tu corazón!” Podemos pues serle enteramente agradables con nuestra buena voluntad y el afecto de nuestra s almas. Consagrándonos a El, no solamente reconocemos y aceptamos abiertamente su imperio con alegría, sino que testimoniamos realmente que si lo que le ofrecemos nos perteneciera, se lo ofreceríamos de todo corazón; así pedimos a Dios quiera recibir de nosotros estos mismos objetos que ya le pertenecen de un modo absoluto. Esta es la eficacia del acto del que estamos hablando, y este es el sentido de sus palabras.
Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo. Obrar así, es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona.
Nos exhortamos y animamos a todos los fieles a que realicen con fervor este acto de piedad hacia el divino Corazón, al que ya conocen y aman de verdad. Deseamos vivamente que se entreguen a esta manifestación, el mismo día, a fin de que los sentimientos y los votos comunes de tantos millones de fieles sean presentados al mismo tiempo en el templo celestial.
Pero, ¿podemos olvidar esa innumerable cantidad de hombres, sobre los que aún no ha aparecido la luz de la verdad cristiana? Nos representamos y ocupamos el lugar de Aquel que vino a salvar lo que estaba perdido y que vertió su sangre para la salvación del género humano todo entero. Nos soñamos con asiduidad traer a la vida verdadera a todos esos que yacen en las sombras de la muerte; para eso Nos hemos enviado por todas partes a los mensajeros de Cristo, para instruirles. Y ahora, deplorando su triste suerte, Nos los recomendamos con toda nuestra alma y los consagramos, en cuanto depende de Nos, al Corazón Sacratísimo de Jesús.
De esta manera, el acto de piedad que aconsejamos a todos, será útil a todos. Después de haberlo realizado, los que conocen y aman a Cristo Jesús, sentirán crecer su fe y su amor hacia El. Los que conociéndole, son remisos a seguir su ley y sus preceptos, podrán obtener y avivar en su Sagrado Corazón la llama de la caridad. Finalmente, imploramos a todos, con un esfuerzo unánime, la ayuda celestial hacia los infortunados que están sumergidos en las tinieblas de la superstición. Pediremos que Jesucristo, a Quien están sometidos “en cuanto a la potencia”, les someta un día “en cuanto al ejercicio de esta potencia”. Y esto, no solamente “en el siglo futuro, cuando impondrá su voluntad sobre todos los seres recompensando a los unos y castigand o a los otros” (Santo Tomás, id, ibidem.), sino aún en esta vida mortal, dándoles la fe y la santidad. Que puedan honrar a Dios en la práctica de la virtud, tal como conviene, y buscar y obtener la felicidad celeste y eterna.
Una consagración así, aporta también a los Estados la esperanza de una situación mejor, pues este acto de piedad puede establecer y fortalecer los lazos que unen naturalmente los asuntos públicos con Dios. En estos últimos tiempos, sobre todo, se ha erigido una especie de muro entre la Iglesia y la sociedad civil. En la constitución y administración de los Estados no se tiene en cuenta para nada la jurisdicción sagrada y divina, y se pretende obtener que la religión no tenga ningún papel en la vida pública. Esta actitud desemboca en la pretensión de suprimir en el pueblo la ley cristiana; si les fuera posible hasta expulsarían a Dios de la misma tierra.
Siendo los espíritus la presa de un orgullo tan insolente, ¿es que puede sorprender que la mayor parte del género humano se debata en problemas tan profundos y esté atacada por una resaca que no deja a nadie al abrigo del miedo y el peligro? Fatalmente acontece que los fundamentos más sólidos del bien público, se desmoronan cuando se ha dejado de lado, a la religión. Dios, para que sus enemigos experimenten el castigo que habían provocado, les ha dejado a merced de sus malas inclinaciones, de suerte que abandonándose a sus pasiones se entreguen a una licencia excesiva.
De ahí esa abundancia de males que desde hace tiempo se ciernen sobre el mundo y que Nos obligan a pedir el socorro de Aquel que puede evitarlos. ¿Y quién es éste sino Jesucristo, Hijo Único de Dios, “pues ningún otro nombre le ha sido dado a los hombres, bajo el Cielo, por el que seamos salvados” (Act 4:12). Hay que recurrir, pues, al que es “el Camino, la Verdad y la Vida”.
El hombre ha errado: que vuelva a la senda recta de la verdad; las tinieblas han invadido las almas, que esta oscuridad sea disipada por la luz de la verdad; la muerte se ha enseñoreado de nosotros, conquistemos la vida. Entonces nos será permitido sanar tantas heridas, veremos renacer con toda justicia la esperanza en la antigua autoridad, los esplendores de la fe reaparecerán; las espadas caerán, las armas se escaparán de nuestras manos cuando todos los hombres acepten el imperio de Cristo y sometan con alegría, y cuando “toda lengua profese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre” (Fil. 2:11).
En la época en que la Iglesia, aún próxima a sus orígenes, estaba oprimida bajo el yugo de los Césares, un joven emperador percibió en el Cielo una cruz que anunciaba y que preparaba una magnífica y próxima victoria. Hoy, tenemos aquí otro emblema bendito y divino que se ofrece a nuestros ojos: Es el Corazón Sacratísimo de Jesús, sobre él que se levanta la cruz, y que brilla con un magnífico resplandor rodeado de llamas. En él debemos poner todas nuestras esperanzas; tenemos que pedirle y esperar de él la salvación de los hombres.
Finalmente, no queremos pasar en silencio un motivo particular, es verdad, pero legítimo y serio, que nos presiona a llevar a cabo esta manifestación. Y es que Dios, autor de todos los bienes, Nos ha liberado de una enfermedad peligrosa. Nos queremos recordar este beneficio y testimoniar públicamente Nuestra gratitud para aumentar los homenajes rendidos al Sagrado Corazón.
Nos decidimos en consecuencia, que el 9, el 10 y el 11 del mes de junio próximo, en la iglesia de cada localidad y en la iglesia principal de cada ciudad, sean recitadas unas oraciones determinadas. Cada uno de esos días, las Letanías del Sagrado Corazón, aprobadas por nuestra autoridad, serán añadidas a las otras invocaciones. El último día se recitará la fórmula de consagración que Nos os hemos enviado, Venerables Hermanos, al mismo tiempo que estas cartas.
Como prenda de los favores divinos y en testimonio de Nuestra Benevolencia, Nos concedemos muy afectuosamente en el Señor la bendición Apostólica, a vosotros, a vuestro clero y al pueblo que os está confiado.
Dado en Roma, el 25 de mayo de 1899,

el 22 de Nuestro Pontificado
León XIII, papa



La Consagración de una persona, de una familia o de toda una población a Cristo Rey y Su Sacratísimo Corazón es algo muy conveniente en todas las épocas, pero mucho más, la de una nación en grave peligro de ser atacada por los enemigos de la Religión Católica, como se encontraba México en la primera década del siglo XX. Sus ancestrales enemigos querían introducir el comunismo de manera experimental a un pueblo acendradamente católico; víctima ya, entonces, de más de un siglo de ataques, contra su religión y su Iglesia, venidos todos desde sus numerosos gobiernos masónicos, que uno tras otro, seguía las consignas de los gobiernos yanquis para erradicar la Fe católica de los mexicanos en favor del protestantismo y del materialismo ateo.
Pero, la Misericordia de Dios dispuso que México fuera el tercer país en consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús  hasta esa fecha. Antes habían sido: la República del Ecuador el 23 de marzo de 1873 por iniciativa de su presidente el general Gabriel García Moreno. Y la República de la Argentina en 1884.  
Una vez recibida en México, la Carta pontificia, todas las Asociaciones Católicas en consonancia con el Arzobispo José Ma. Mora y del Río, y todas las autoridades de la Iglesia en México pusieron manos a la obra para a nuestra nación al Sagrado Corazón de Jesús. Se convino la fecha de la Epifanía, 6 de enero de 1914 y la solemne Proclamación de Cristo Rey para el 11 de ese mismo mes de enero en la Catedral Metropolitana.
El 6 de enero de 1914 en la Iglesia del antiguo convento de San Francisco; los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda, la Corona y el Cetro que el Arzobispo José Ma. Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey.
El eminente historiador monseñor Emilio Silva de Castro, en su libro: “La Virgen María de Guadalupe Reina de México y Emperatriz de América” escribió refiriéndose al gran acto ignorado por la mayoría de los católicos del siglo XXI: “Los males terribles que amenazaban a la Patria, y que los fieles católicos trataban de evitar con esa proclamación, y eran evidentes en las acciones de la Revolución satánica, judaica y masónica mundial, en México encarnada en la revolución carrancista de 1913…..”
Esos males que amenazaban a México a principios del siglo XX hubieran podido ser muchísimo peores de lo que fueron si el país no se hubiese consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesucristo y proclamado Su Realeza.  También preparó los corazones del pueblo católico para soportar el segundo embate de las fuerzas anticristianas, aún mayores, que se presentaron diez años más tarde con la guerra Cristera, y que produjo tantos mártires por defender la Realeza de Cristo.
Para finalizar este  folleto, he encontrado algunas reflexiones muy interesantes respecto a la conducta que los fieles católicos debemos seguir en la lucha final que ya se avecina entre los fieles a Cristo y el poder de las tinieblas. Son del Cardenal Luis Eduardo Pie de Poitiers, Francia  quien vivió en la segunda mitad del siglo XIX.

REFLEXIONES INSPIRADAS EN UN SERMÓN DE LOUIS-EDOUDARD PIE, CARDENAL DE POITIERS, FRANCIA, EN OCASIÓN DEL ANIVERSARIO DE SAN EMILIANO, MARTIR.  El 8 de noviembre de 1859.
En la lucha final, se manifestarán los buenos y los malos, los valientes y los flojos, lo que quiere decir: la división entre los elegidos y los réprobos, puesto  que ni los malévolos ni los flojos entrarán en el Reino de los Cielos.
“Felices, pues, los que nunca hayan vacilado entre el campo de la verdad y el del error, felices los que, a partir de la primera señal de guerra, se hayan alistado bajo el estandarte de Jesucristo. Es una disposición acostumbrada de la Providencia, desde el alba de los tiempos que, para castigar a los pueblos perversos, Dios se vale de otros más perversos aún.”
“Jesucristo es Rey. Es Rey no solamente del Cielo, sino también de la tierra, y le corresponde ejercer una verdadera y suprema realeza sobre las sociedades humanas.  Se acepta a Jesucristo Redentor, a Jesucristo Salvador, a Jesucristo Sacerdote, pero de Jesucristo Rey se aterrorizan”.
“Jesucristo está aún en la cuna y los Magos buscan al rey de los judíos. Jesús está a la víspera de morir; Pilatos le pregunta: ¿Eres pues, Rey? Tú lo has dicho, responde Jesús. Y la respuesta se hace con tal acento de autoridad, que Pilatos, a pesar de todas las presiones de los judíos, consagra la realeza de Jesús por una escritura pública en un cartel solemne.”

El Cardenal Pie cita al célebre orador y exégeta del siglo XIX: Jacobo Benigno Bossuet:
“!Sentencia inmutable del Omnipotente¡ Que la realeza de Jesucristo sea promulgada en lengua hebraica, que es la lengua del pueblo de Dios; y en lengua griega, que es la lengua de los cultos y de los filósofos; y en la lengua romana, que es la lengua del Imperio y del mundo, la lengua de los conquistadores y de los políticos.”
“Acercaos ahora, oh judíos, herederos de las promesas; y vosotros, oh griegos, inventores de las artes, y vosotros, oh romanos, príncipes de la tierra; venid a leer este admirable signo; doblad la rodilla delante de vuestro Rey”
La misión que les confiere tiene un carácter social, es hacia los pueblos, los imperios, los soberanos y los legisladores.
Sigue el cardenal Luis Eduardo Pie:
“El reinado de Cristo no se trata de una Teocracia, que es gobierno temporal de una sociedad humana por una ley política divinamente revelada y por una autoridad política sobrenaturalmente constituida.
Nuestro Señor Jesucristo no impuso ningún código político a las naciones cristianas, ni Él mismo se encargó de designar jueces o reyes del pueblo de la Nueva Alianza, con esto, se desprende que el cristianismo no ofrece rastros de Teocracia”
En cambio el reinado del Anticristo sí será una auténtica Teocracia, puesto que se hará adorar como jefe y árbitro de la contra religión de un Estado-Dios mundial, neopagano y revolucionario”.
La Revolución es llamada en el Apocalípsis como “LA BESTIA”. Con una rapidez  de conquista, esta potencia emancipada de Dios y de Su Cristo, ha subyugado casi todo a su imperio, los hombres y las cosas, los tronos y las leyes, los príncipes y los  pueblos.  Solamente una última trinchera le queda por subyugar: esta ES LA CONCIENCIA DE LOS CRISTIANOS.  
Por  los mil medios de que dispone, ha conseguido engañar la opinión de un gran número, conmovido, incluso, las opiniones de los sabios, no nada más en el ámbito de los hechos, sino aún en el de los principios.
 Cuantos son los que han aceptado y firmado alianzas con ella. Algunos otros que persisten en hacerle alguna oposición se acomodan a su opinión en cuanto al fondo de las cosas. Ha llegado, para ella, el momento de realizar su asalto decisivo.
Recordamos la suprema tentación a que fue tentado Jesucristo por el príncipe de este mundo, la Iglesia, por tanto, ¿ha sido sometida ya a la misma prueba que su divino fundador?; 
El Cardenal Pie se pregunta:
“Gran Dios, ¿vendrá un día en la serie de los siglos en que vuestra Iglesia será sometida a la misma prueba por el príncipe de este mundo? ¿Se acercará a ella el poder del mal para decirle: Todas estas posesiones terrestres, toda esta pompa y esta gloria exterior, te las daré, te las conservaré, con tal que tú te inclines ante mí, con tal que sanciones mis máximas y las adoptes, y que me rindas homenaje? Hermanos, la Iglesia, colocada en las mismas condiciones que su Maestro, no podrá encontrar otra respuesta. ”
Hoy en día, la tendencia de la Revolución es la misma, y su divisa es siempre la del populacho deicida: Nolumus hunc regnare super nos.  “No queremos que Cristo reine sobre nosotros”

“Nuestro deber, para nosotros que reconocemos a Cristo como nuestro Rey, nosotros que decimos todos los días a Dios: “Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo”, nuestro deber es oponer toda nuestra energía a las invasiones de esta potencia del mal.”
La lucha es principalmente una lucha de doctrinas.
“Vuestra resistencia consistirá, pues, en mantener vuestra inteligencia firme contra la seducción de todos los principios falsos y mentirosos; y para esto formarán siempre su conciencia en la escuela de su fe, en la escuela de la Iglesia, en la escuela de vuestros Pastores tradicionales.”
“¿Cuál es la más grande herida de la sociedad actual?, es el deterioro de los caracteres, el reblandecimiento de las almas”
¿De dónde viene, este síntoma tan grave?, sin duda, viene del debilitamiento de la Fe. No se marcha con pié firme cuando se camina en la oscuridad o en la penumbra.
“Nuestros abuelos buscaban en todas las cosas su dirección en la enseñanza del Evangelio y de la Iglesia: nuestros padres marchaban en pleno día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban, a causa de ello, eran enérgicos en la acción”
En cambio: “Nosotros caminamos en la noche; no tenemos ya nada por definido, nada decretado en el espíritu, y no nos damos cuenta del objetivo hacia el cual tendemos”. Por tanto somos débiles, vacilantes.
En vez de la clara luz del sí o del no, hay en el entendimiento la niebla del quizás o del puede ser.
Hay en el alma del hombre moderno una irremediable flojera para las cosas de la Fe. La indiferencia en la religión ha traído con ella la Gran Apostasía, de que habla San Pablo, previa al fin de los tiempos.
Ese catolicismo edulcorado, empobrecido por doctrinas humanistas, de acercamiento sentimental a todos los errores,  que en este principio del tercer mileno campea por doquier, y que encuentra aceptación de los sabios modernos en consonancia con el católico común. No puede hacer frente a las doctrinas del Anticristo. Los católicos actuales son pasto seco, preparado para el fuego que arrasará sin remedio a la humanidad. Hoy más que nunca, la principal fuerza de los malévolos es la debilidad de los buenos.
Solamente las almas  que se complacen y se deleitan en su bautismo, elemento sobrenatural, que tienen la conciencia de la grandeza y energía del mismo, están dotadas de un temple a toda prueba, son como de acero. Estas son las almas que piden a Jesucristo que reine sobre la tierra. Ven ya Señor y purifícala.
Este pequeño resto, que seguirá luchando contra “un imposible”, será la Iglesia visible de los últimos tiempos esparcida por todo el mundo a nivel individual y doméstico, casi sin pastores. Porque todos los demás habrán claudicado, traicionado a Cristo, habrán aceptado la marca de la Bestia para sobrevivir con el mundo.
Este pequeño resto, serán los elegidos, por quienes Nuestro Señor Jesucristo acortará los días del Anticristo, para venir en su Parusía.
LUIS OZDEN

Mayo de 2013.