domingo, 20 de diciembre de 2015

VITAL CONTRIBUCIÓN DE ESPAÑA EN LA INDEPENDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

                                                     



“Pocos norteamericanos aprecian la magnitud de la participación en su Revolución de Independencia”
“Durante los últimos 240 años, el papel de España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, casi ignorado, empieza lentamente a surgir en la conciencia nacional estadounidense.”
Al hablar o escribir sobre el tema anterior, nuestros compatriotas lo caracterizan, generalmente, como algo de poca monta, escasamente digno de ser mencionado. Pero, investigaciones recientes llevadas a cabo por especialistas han sacado a luz, nueva información respecto a la Revolución Americana, misma que había sido literalmente  “Barrida bajo el tapete de la Historia” por demasiado tiempo.
En consecuencia los antiguos conceptos empiezan a ser substituidos por la vendad histórica. 

Durante los siglos XV, XVI, XVII, XVIII y XIX, debemos recordar que España descubrió, exploró, dominó y colonizó el Imperio de mayor extensión territorial en la historia del Mundo. Sus Dominios se extendieron en la mayor parte del hemisferio occidental. En tiempos de la Revolución Americana, España gobernaba o reclamaba para sí, todo el territorio de los actuales Estados Unidos, al oeste del río Mississippi más el puerto de Nueva Orleans. Este vasto territorio era parte de la Nueva España (actual México), la cual se extendía desde Centro América hasta los “hielos árticos”.
Desde 1776 hasta la declaración formal de la guerra contra la Gran Bretaña en 1779, España, a través de los mercaderes Diego de Gardoqui en Bilbao y Olliver Pollock en Nueva Orleans, en forma encubierta, enviaba dinero, mosquetones, municiones y avíos militares en grandes cantidades, como ayuda a los rebeldes angloamericanos en su desigual lucha contra Inglaterra, por mucho tiempo enemiga de España y Francia.
Con anterioridad de la declaración formal de guerra, España disponía de una red de espionaje mediante observadores a lo largo y ancho de las zonas involucradas observando el curso de la insurrección. Dos de estos observadores situados en Filadelfia; Juan de Miralles y Francisco Rendón, proporcionaban no solamente su apoyo moral. En 1781, Rendón ofreció su casa para hospedar a George Washington durante su visita a Filadelfia para pasar la Navidad. Sino que también hacían llegar a los revolucionarios los suministros de ayuda material española a los patriotas angloamericanos.
De 1776 a 1779, a través del comerciante Oliver Pollock residente en Nueva Orleans, España concedió crédito a los colonos angloamericanos por  casi 8 millones de reales para la compra de  toda clase de armamentos: uniformes, zapatos, cobertores, alimentos, medicinas, plomo, pólvora, mosquetones, yesca, cañones y otros materiales que fueron embarcados por los ríos Mississippi, Ohio, a las mal provistas tropas de George Washington y George R. Clark.
  
En 1777, Benjamín Franklin, representante de los rebeldes en Francia, comisionó a Arthur Lee para ir a España secretamente, para contratar con la Empresa comercial de la familia Gardoqui, la adquisición, a crédito, de 215 cañones de bronce, 4,000 tiendas de campaña, 12,826 granadas, 30, 000 bayonetas, 30, 000 uniformes, 51,314 balas para los mosquetes y 300,000 libras de pólvora, para ser expedidos por barco de algún puerto francés a Boston, vía las islas Bermudas. Posteriormente, Franklin, en una carta, agradeció el envío de otros 12,000 mosquetones remitidos al puerto de Boston por el Conde de Aranda, ministro del Rey Carlos III.
Igualmente importante para la Revolución angloamericana, fue el control español de la cuenca del río Mississippi, permitiendo que los suministros de armas y alimentos llegaran hasta las tropas anti británicas, pues la Gran Bretaña tenía bloqueados todos los puertos americanos del Atlántico. Sin embargo, los ingleses no podían entrar por el río Mississippi ya que estaba controlado por los barcos españoles, franceses y angloamericanos.
Cuando la Monarquía española declaró la guerra a Gran Bretaña el 21 de junio de 1779, el Rey Carlos III comisionó al general Bernardo de Gálvez, Gobernador de la Luisiana para conducir la campaña militar contra los británicos en los puntos estratégicos que dominaban en la costa del Golfo de México.
Bernardo de Gálvez organizó la Armada y la Marina entre Cuba y Nueva España y derrotó a los ingleses en las batallas de Menchac, Baton Rouge y Natchez en 1779, en Mobila en 1780 y en Panzacola en 1781. Entre tanto, las tropas españolas protegieron el Alto Mississippi y el río Ohio, derrotando  a los británicos en San Luis Misuri y San José en Michigan. También reforzaron las tropas de Goerge R. Clark en las batallas de Vincennes, Indiana, Kaskakia y Kaokia en Illinois.
En 1782, el Conde de Gálvez volvió a derrotar a los británicos, logrando  el control de su base naval en las Islas Bahamas. Los españoles se preparaban para tomar la Isla de Jamaica cuando las monarquías de España e Inglaterra llegaron a un acuerdo de paz, que firmaron, junto con la monarquía francesa en el palacio de Versalles con el Tratado de Paz 1783.

Para los colonos angloamericanos, este Tratado fue esencial, pues las tres potencias marítimas de entonces reconocieron al nuevo país que oficialmente se llamó: La República de los Estados Unidos de América.

AYUDAS COMPLEMENTARIAS DE ESPAÑA A LOS ANGLOAMERICANOS
QUE LA HISTORIA OFICIAL NORTEAMERICANA HA OLVIDADO

Para alimentar a las fuerzas españolas que ayudaban a los angloamericanos en las zonas ocupadas por los ingleses; unas 9,000 cabezas del ganado de Texas procedentes de particulares, misiones y ranchos del valle de San Antonio, fueron arreados por los rancheros texanos escoltados por soldados que engrosaron el ejército de don Bernardo de Gálvez en los territorios de la Luisiana hasta la Florida. Además, cientos de caballos de la Nueva España reforzaron a éstos.
Al mismo tiempo el general Gálvez contestaba las cartas que recibía de Patrick Henry, Thomas Jefferson, Charles Henry Lee, George Morgan y George Gibson, quienes solicitaban mayor ayuda que el Conde de Gálvez continuó proveyendo.
Es de notar que parte de la flota francesa del Golfo de México estuvo bajo las órdenes del gobernador Bernardo de Gálvez durante los dos meses. De marzo a mayo de 1781 que duró el sitio de Panzacola. Después de la exitosa campaña del fuerte George en poder de los ingleses, y que Bernardo de Gálvez tomó prácticamente en solitario a bordo de un bergantín, (Libro “Yo Solo” de Carmen de Reparaz); cuando Gálvez se adueñó del fuerte, despidió a la flota francesa, y dotó a su capitán con medio millón de pesos oro para entregarlo a George Washington, lo que sucedió en la bahía de Chesapeake, llegando en el preciso momento en que éste, estaba a punto de enfrentar a Lord Cornwallis en Yorktown el 19 de octubre de 1781.

La Corona Española pidió a los soldados y civiles de Nueva España y Cuba una cooperación voluntaria para enviar dinero a los angloamericanos quienes carecías de todo.  

 El dinero recabado de todas las provincias novohispanas incluidas California, Nuevo México y Texas tuvo un total de otro medio millón de pesos oro que el Virrey de Nueva España entregó en el puerto de Veracruz al Comandante español Francisco de Saavedra, y que este mandó al Conde francés de Grasse-Tilly Comandante de la flota del Mar Caribe, quien usó ese dinero para pagar a sus marineros y reaprovisionar sus barcos en la Habana y el puerto de Guaricó, en su ruta a la bahía de Chesapeake.

Está documentado el envío un millón de pesos oro más de la Corona Española a través del Virreinato de Nueva España  por el puerto de Veracruz al caballero Mr. de Monteill para los gastos de la guerra que los angloamericanos tuvieron que afrontar en su lucha de Independencia del Imperio Inglés.

España no solamente enfrentaba a los británicos en el norte del Continente Americano sino también en todo el Imperio Español global, como el Archipiélago de las lejanas Filipinas, de los innumerables grupos de Islas en el Océano Pacífico, de las provincias centro y sudamericanas y del Mar Mediterráneo, porque los ingleses tenían como meta destrozar a España donde ésta se encontrara.

Sin embargo, la Gran Bretaña en guerra contra las Monarquías, Francesa y Española,  enfrentaba la amenaza de una invasión de las flotas aliadas de Francia y España, que ya se preparaban; y el ataque francés a sus posesiones de la India y la Bahía de Hudson en el Canadá y las Indias Occidentales.

El general Bernardo de Gálvez gobernador de la Luisiana, tenía bajo su mando hombres de España, Cuba, Mayorca e Irlanda, de Luisiana había reclutado franceses, acadios, germanos, canarios, indios norteamericanos aliados, y negros libres. Así como decenas de norteamericanos de la marina de Carolina del Sur, así como tejanos. Contaba además, con soldados de línea novohispanos (México), uno de sus mejores generales era don Gerónimo Girón descendiente de Moctezuma, con algunos oficiales sudamericanos; uno de ellos fue Francisco de Miranda el precursor de la Independencia venezolana. Había entre sus subalternos números angloamericanos que llegaban del norte para enfrentarse a los ingleses.

Gálvez contaba también con numerosos barcos de la Nueva España y los barcos angloamericanos que habían peleado en la costa americana del norte.

Después de la rendición de Inglaterra  ante las potencias España y Francia aliadas de los rebeldes angloamericanos y la firma del Acuerdo de la Paz en el Palacio de Versalles en Francia, reconociendo la Independencia de los Estados Unidos de América en 1783.

Al término de la guerra, don Bernardo de Gálvez (Gobernador de la Luisiana de 1777 a 1782)  fue a España a pedido del Rey Carlos III para recibir su premio por los invaluables servicios a la Corona en sus batallas contra los ingleses en Norteamérica. Recibió el título de Conde de Gálvez  y  pasó a gobernar la Isla de Cuba, en ese tiempo murió  en la ciudad de  México, su padre don Matías de Gálvez ex virrey de la Nueva España.
En 1783 el Conde de Gálvez  fue distinguido por el Congreso Americano por su ayuda durante la guerra de Independencia. Pero a partir de entonces los gobernantes norteamericanos olvidaron enseñar a su pueblo que España había ayudado a la fundación de su nación, con más ayuda que la prestada por Francia.

El Conde Gálvez don Bernardo de Gálvez fue nombrado virrey de la Nueva España en 1785,  ejerciendo como tal hasta su prematura muerte, a sus 40 años de edad, en 1786. En 1785 el Conde de Gálvez estuvo en Savannah y Baltimore representando a España en las negociaciones relacionadas con los límites geográficos entre los Estados Unidos y la Nueva España, iba acompañado por don Diego de Gardoqui quien sería su primer embajador ante Washington.

En 1789, Gardoqui volvió a estar presente al lado de George Washington en el solemne desfile militar en la ciudad de Nueva York, segunda ciudad en importancia de aquel entonces. El embajador Gardoqui llegó a Nueva York en una embarcación española llamada Galveztown en honor del héroe español don Bernardo de Gálvez, la nave recibió saludos militares por haber servido como su buque insignia en la guerra del Golfo de México contra Inglaterra. Actualmente hay un puerto en el Estado de Texas llamado Galveztown.

Desde entonces, por razones inexplicables, los Estados Unidos parecen haber olvidado no solo la gran contribución económica y militar española en la guerra de Independencia norteamericana sino también al gran héroe español de la Revolución americana, general Conde don Bernardo de Gálvez.

Solamente en tiempos recientes, el 3 de junio de 1976 al cumplirse el Bicentenario del levantamiento de los colonos angloamericanos contra la Monarquía inglesa, el 4 de julio de 1776. El Rey de España don Juan Carlos I, descendiente directo del Rey Carlos III, llevó personalmente como regalo de España al pueblo norteamericano, la única estatua del Conde de Gálvez que existe en el Continente Americano. La estatua ecuestre de Gálvez obra del escultor Juan de Ávalos está colocada en la ciudad capital de Washington D.C. cerca de la intersección de la avenida Virginia con la calle 21 del sector West.



Pocos norteamericanos aprecian la magnitud de la participación de España en su Revolución de Independencia, participación ignorada durante los últimos 240 años. Aunque lentamente comienza a surgir la conciencia histórica nacional estadounidense, que reconocerá el papel vital de España en la Guerra que fundó a los Estados Unidos de América.

Los historiados de España, México y los Estados Unidos, están actualmente investigando, escribiendo y relatando esta información que ha sido literalmente “Barrida bajo el tapete de la Historia”, por demasiado tiempo.

En consecuencia, es de esperar que España reciba el crédito que merece por la ayuda prestada a los patriotas americanos durante la lucha por su independencia. Una vez que los norteamericanos se den cuenta cabal de la vida y los hechos del general español Conde don Bernardo de Gálvez, lo recordarán y lo honrarán como hacen con el Marqués de Lafallette, el Almirante Rochambeau, el Conde de Grasse-Tilly, el Baron von Steuben, el Baron de Kalb, con los polacos Thadeus Koscieuzko y Kazimir Pulaski.

Este breve ensayo escasamente rasguña la superficie de una historia mucho más amplia y detallada que podría ser narrada sobre el tema de la función de España en la Revolución Americana. El libro mejor y más completo que hasta la fecha se ha escrito sobre este tema es el de Eric Beerman:

“España y la Independencia de los Estados Unidos”

Esperamos, que este magnífico libro sea traducido pronto del español al inglés, haciéndolo así disponible a todos los americanos de habla inglesa. Este tipo de publicaciones, acaso ayuden a que se otorgue a España la importancia esencial de su participación en la historia de la Revolución Americana.

Robert H. Thonhoff. 1999. 617 N Esplanade St. Karnes City, Texas 78118, U.S.A.

ORDENÓ Y EDITÓ: LUIS OZDEN. luisozden@yahoo.com dic. 2015

BIBLIOGRAFÍA

“El Fuerte del Cibolo” Sentinel of the Bexar- La Bahia Ranches. Austin, Texas. Eakin Press, 1992. Robert H. Thonhoff
“Texas and the American Revolution”, Southwestern Historical Quarterly, Austin, Texas, The Historical Association, July 1995. Robert H. Thonhoff
“Bernardo de Galvez: Unsung Hero”, College Station, Texas. Nancy R, Tiner, 1985.
“Bernardo de Gálvez un general español en la Independencia de los Estados Unidos” Ya, Madrid, julio 4 de 1976.

“YO SOLO”  Carmen de Reparaz, Madrid España 1986.

jueves, 12 de noviembre de 2015

LA VACUNA PEREGRINA

LA VACUNA PEREGRINA
DESDE CÁDIZ AL MUNDO HISPÁNICO


ESTATUA ECUESTRE DE CARLOS IV
PLAZA MANUEL TOLSÁ
CIUDAD DE MÉJICO
1796-1804

En los primeros años del siglo XIX la ciencia médica había hecho grandes progresos, por medio de la investigación de laboratorio.  Ya desde 1796 un modesto investigador inglés, Edward Jenner, experimentaba la  prevención de la viruela, que hasta esos años era casi siempre mortal. Por medio de la linfa de enfermos inoculada en la linfa de terneras o vacas, buscaba prevenir la enfermedad en seres humanos. En ese año de 1796 logró inyectar en un niño la enfermedad que se desarrolló en fiebre muy leve dejando anticuerpos capaces de resistir la viruela sin sus efectos mortales y sin afectar a la piel. En 1798 publicó el nuevo procedimiento preventivo.
Pero 20 años antes de lo arriba relatado, se había desatado una mortal epidemia de viruela en la Nueva España, ya desde el año de 1778 hasta 1779, la enfermedad se propagó por todo el Reino cobrando miles de víctimas mortales.

Los hospitales de la Nueva España no bastaban para atender a los enfermos. Entre los médicos que los atendían se encontraba, en el Hospital Real del Amor de Dios, el doctor Francisco Javier Balmis, cirujano graduado en 1772, en Valencia (1)

(1) El médico Francisco Javier Balmis, nació en Alicante en 1753, fue cirujano de la Armada Española que el rey Carlos III envió contra los piratas de Argel. En 1778 residía en la Nueva España, siendo nombrado jefe de varios hospitales entre ellos el de san Andrés. Por su profesión conoció la medicina indígena para curar muchas enfermedades entre ellas la sífilis, enfermedad originaria de los indios de las islas Antillas; que Balmis pudo curar con el jugo de ciertas cactáceas y de la planta begonia.
Sus tratamientos con esas plantas fueron eficaces, lo que le hizo volver a España en 1792 llevando un cargamento de esos productos, para exhibirlos en la Corte. En Madrid no tuvo la acogida que esperaba. Se nombró una comisión de médicos para estudiar los remedios del doctor Balmis, el dictamen fue desfavorable e incluso ofensivo. El doctor Piñera, médico del hospital de San Juan de Dios escribió un libro atacándole. Balmis contestó con otro libro titulado; “Demostraciones de las eficaces virtudes en las raíces de las plantas de Nueva España” (Madrid 1794) De la controversia solamente ha quedado el nombre que le dio a la planta Begonia, la Junta de médicos de Nueva España de “Begonia Balmisiana” y el conocimiento que tuvo en 1798 del libro del doctor Jenner que tradujo al castellano, y que fue determinante para la propuesta que hizo al rey don Carlos IV, siendo aprobada por el monarca, la expedición médica para aplicarla en todo el Imperio Español.
  
La terrible impresión que el doctor Balmis había tenido de la epidemia de viruela en Nueva España, lo indujo a proponer al rey Carlos IV, organizar una expedición que llevara la Vacuna contra la viruela a todo el Imperio Español, es decir; darle la vuelta al mundo, lo que nunca se había pensado.
El rey Carlos IV concedió al doctor Francisco Javier Balmis, el título de médico de Cámara y lo comisionó para ser jefe de la expedición salvadora. Traía como ayudante principal a una dama, doña Isabel de  Cendala y Gómez que se encargó de que los niños huérfanos utilizados durante las travesías de un país a otro, sufrieran las menores incomodidades posibles. En el año de 1803 se organizó el inesperado y heroico  viaje sanitario que salió del puerto de Cádiz haciendo su primera escala en las Islas Canarias.
El procedimiento era éste:
Se embarcaron en uno de los navíos de la Real Flota a 12 niños huérfanos de Cádiz. A dos de los cuales, se les inoculó el pus en una pequeña herida en el brazo izquierdo. Tras una semana  de cultivo les prendió la vacuna, entonces el nuevo pus se les inoculó a otros dos niños, y tras otra semana de cultivo la vacuna se les pasó a otros dos y así hasta llegar a las Islas Canarias; ahí se dejó a los niños de la Península  y los remudaron por otros 30 niños canarios, calculando las semanas que estarían en el Océano,
Al llegar a la Isla de la Española, bajaron a los niños canarios y los sustituyeron por niños de Santo Domingo. A unos,  los dirigieron a Cartagena de Indias y a otros a la Habana; de Cuba un pequeño número de niños cubanos fueron llevados hasta Veracruz, en la Nueva España, donde los dejaron, remudando su carga infantil y repartiéndolos en las ciudades intermedias entre el puerto y la ciudad de México.  

En la capital del Virreinato gobernaba el virrey don José de Iturrigaray (2), quien se encontraba entre las discusiones y polémicas con los centros médicos, particularmente los grupos de protomédicos. El Protomedicato y demás doctores afirmaban con abundantes y excelentes razones que el principio de la vacuna era malo y perjudicial. Daban al Virrey los ejemplos de los anteriores intentos de haber traído la vacuna con pus encerrado entre cristales, sin ningún beneficio y hasta mortal. Pero nadie había reparado en el nuevo método de traer el pus en seres vivientes para pasarlo de unos a otros.
Nadie se atrevía a dejarse inocular el virus, por lo que el doctor Francisco Javier Balmis, en entrevista privada con el Virrey convino con él, una atrevida estratagema:

El virrey don José de Iturrigaray mandó publicar un bando en toda la ciudad de Méjico, capital de la Nueva España, para que la población se enterara de la importancia de la vacuna.
Citó en el Hospicio de la ciudad, al Real Tribunal del Protomedicato, al Claustro Universitario, a los maestros de todos los colegios, a los Tribunales, a los señores de la Real Audiencia, a los señores del Cabildo, Justicia y Regimiento de la Nobilísima Ciudad, a los Prelados de las Órdenes religiosas y a toda la Nobleza. En un largo y numeroso cortejo de lujosos carruajes que seguían a la carroza donde iba el virrey de Nueva España, don José, la virreina doña Inés de Jáuregui con sus hijos, y tras ellos, los dignatarios de Palacio en  sus caballos. 
El pueblo asombrado, se agolpaba dando paso al vistoso desfile que se dirigió hasta el Hospicio.  Todos bajaron de sus coches y  se acomodaron según su rango, llenando la Sala Principal del edificio.
La familia virreinal ocupó el centro de la atención y el profesor doctor don Juan Arboleya inoculó el pus, ante al asombro general, al pequeño Francisco hijo menor de los virreyes. La gran mayoría de los presentes pensaba que el pequeño moriría al poco tiempo. Don José de Iturrigaray y doña Inés estaban convencidos de la efectividad de la vacuna y de que no había peligro para su hijo. Lo que así sucedió a la semana siguiente cuando le prendió la vacuna.
Entonces, la mayor parte de la población pidió ser vacunada, y así se detuvo la mortal epidemia. De todas las provincias llegaron médicos que solicitaban el pus salvador de la viruela. 
El doctor Balmis y sus ayudantes aún tenían la comisión real de preparar  los niños novohispanos para el largo viaje hasta las Islas Filipinas. La responsabilidad de este recorrido la compartiría doña Isabel  Cendala y Gómez a quien acompañaba uno de sus propios hijos.
(2) Don José de Iturrigaray fue protagonista el 15 de septiembre de 1808 del primer intento de separar la Nueva España de Imperio Español, aprovechando la prisión del Rey a manos de Napoleón Bonaparte.

La expedición sanitaria española, efectivamente llegó a la ciudad de Manila; desde ahí se llevaron las vacunas aún hasta la China, el sudeste asiático y algunos puntos de África, para terminar de nuevo en las Islas Canarias. Toda una proeza que guió la mano de Dios, y de la que el Imperio Español pudo sentirse orgulloso, pues con ello, España fue la primera potencia en impulsar, alrededor del mundo, los beneficios de la Medicina.
LA ESTATUA ECUESTRE DEL REY CARLOS IV


En la ciudad de Méjico existe aún una prueba artística del hecho que acabamos de relatar.
El 9 de diciembre de 1796 se había presentado sobre un zócalo en la Plaza Mayor de la ciudad; la primera prueba de la estatua, fabricada en madera dorada; mandada hacer por el virrey Miguel de la Grúa, Marqués de Branciforte quien, con eso, agradecía al rey Carlos IV  su nombramiento de virrey y celebraría con ello, la paz firmada con Francia y la alianza de las dos potencias en contra de Inglaterra, que en esa fecha, se preparaba para quedarse con la península de Yucatán. Don Miguel de la Grúa terminó su gestión como virrey el 31 de mayo de 1798, sin ver terminada la estatua.

La obra de la estatua a Calos IV,  había sido encomendada al insigne artista valenciano Manuel Tolsá (3) quien tardó ocho años en su fabricación a causa de varios percances; el mayor de todos fue en 1799 por haber sido apresada la Fragata “Asturiana” por los piratas ingleses que se apropiaron de la Calamina, material necesario para la fundición de la obra artística.
(3) Manuel Tolsá. Nació en la villa de Enguera de la provincia de Valencia en 1757. Se educó en la Academia de San Carlos de la ciudad de Valencia donde inició su carrera de Artes y Arquitectura. Terminó sus estudios en la Academia de San Fernando de Madrid donde llegó a ser académico de mérito. En 1790, trabajando como profesor recibió del rey Carlos IV, el nombramiento de director de escultura de la recién creada “Academia de las  Tres Nobles Artes de San Carlos en la ciudad de México”, a donde llegó en 1791, trayendo numerosos libros, instrumentos de trabajo y las copias en yeso de las figuras originales de la Academia de Madrid.
En la Nueva España se desenvolvió especialmente como arquitecto y fundidor de imágenes en bronce como la estatua ecuestre de Carlos IV, y el busto de Hernán Cortés puesto en el monumento funerario del Conquistador. También fundó una fábrica de coches y de cañones, fabricó muebles y creó un estilo en la decoración que se llamó “neoclásico-moderno”. Sus obras arquitectónicas fueron espléndidas e importantes, como: La fachada de la Catedral Metropolitana y los remates de sus torres y cúpula. El suntuoso Palacio de Minería de la Capital, los planos del Hospicio Cabañas de Guadalajara, los palacios de las familias nobles de Nueva España y muchas obras menores en Puebla de los Ángeles, Valladolid, hoy Morelia, Querétaro, Durango y San Miguel el Grande. Manuel Tolsá casó con doña Luisa Sanz y Téllez Girón, dama de noble alcurnia de la Nueva España, y murió en la ciudad de México menos de un año antes de cumplir los sesenta años de edad, en 1816.

Pero la primera fundición se retardó hasta finales de 1802. Tuvieron que pasar otros dos años para que la obra estuviera prácticamente terminada. Esta obra de arte en bronce representa al Rey Carlos IV como si fuera un César romano. Y es de tal perfección que está catalogada como la tercera estatua ecuestre en bronce mejor lograda del mundo. Después de la de Cosme Médicis y la que representa en San Petesburgo a Pedro el Grande “Zar de todas las Rusias”. (4)

(4) Esta obra de arte patrimonio de la Humanidad, fue tratada de destruir con ácidos en el año 2013 por los grupos de salvajes indigenistas fomentados y sostenidos por la corriente política que priva en Méjico desde el siglo XIX contra toda nuestra herencia española. Siendo la meta mayor de su insensato proyecto; destruir la Catedral Metropolitana para sustituirla por un templo a Huichilobos. Actualmente 2015, la estatua, está cubierta por un tablado y aún no se sabe si será restaurada.

En el año de 1804, fue recibida en la ciudad de Méjico, la expedición médica con la vacuna contra la viruela a cargo del doctor Balmis, mientras el escultor don Manuel Tolsá  estaba por terminar la que sería, tercera estatua ecuestre mejor lograda en el mundo, después de la dedicada a Cosme Médicis y la esculpida al Zar Pedro el Grande en Rusia. El Maestro Tolsá  aprovechó la ocasión para completar su obra en homenaje al Rey, añadiendo  a la mano derecha un rollo que representa el Decreto real para llevar esa vacuna al mundo.

                                                   

Detalle posterior de la estatua del rey Carlos IV
Llevando en su mano derecha el Decreto de la propagación mundial de la Vacuna contra la viruela en poco menos de dos años, 1803-1805


  Luis Ozden, luisozden@yahoo.com       

Octubre de 2015


FUENTE DE INFORMACIÓN

*“Historia, tradiciones y leyendas de calles de México”,
Artemio de Valle-Arizpe, Edit. Diana, S.A. México, octubre 1978.

*TOLSÁ, Hombre de la Ilustración”, Eloísa Uribe, Museo Nacional de Arte, 1990.

*”Gran Enciclopedia Ilustrada, Círculo”, Plaza y Janés Editores, 1984
.

*”Diccionario Porrúa”, Historia, Biografía y Geografía de México, Ed. Porrúa 1986.





domingo, 11 de octubre de 2015

CUARTO Y ÚLTIMO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN

LOS VIAJES DE CRISTÓBAL COLÓN
SU CUARTO Y ÚLTIMO VIAJE  AMERICANO


LAS LEYENDAS DE LA ANTIGÜEDAD
Hay una región de cara al hoy llamado continente americano, que en tiempos prehistóricos estaba poblada por pueblos pre-indoeuropeos, en la parte más occidental de Europa que es la península ibérica.
Hacia el estrecho de Gibraltar, llamado por el aventurero Ulises: las Columnas de Hércules; existía un reino, mencionado muchas veces por el llamado padre de la Historia, Heródoto y unas 17 veces mencionado en la Biblia, con el nombre de Társis, el país de los tartesios. Pueblo que había elaborado una cultura avanzada en la técnica de los metales, cultivos agropecuarios varios y sobre todo en la navegación, pues fueron famosas sus impresionantes naves, con las cuales  comerciaban por todo el Mar Mediterráneo e incluso navegaban en busca de estaño hasta las islas Sorlingas en el Reino Unido de Inglaterra. 

El Reino de Társis abarcaba desde la actual Cartagena hasta en río Tajo en  Portugal, y cuyo centro se encontraba en la cuenca del río Guadalquivir.  Los arqueólogos datan el comienzo de Társis hacia el segundo milenio antes de Cristo. Sus habitantes más antiguos pertenecían a la etnia bereber.
Es posible que los marineros tartesios se hubieran aventurado por las islas atlánticas, como las Canarias y las Azores o las Feroe al norte, pues circulaban en Iberia consejas y leyendas, sobre tierras distantes allende los mares. También es posible que los navegantes fenicios hayan sido sus sucesores, cuando el Reino Tartesio decayó y sucumbió. Lo cierto es que para la Edad Media y el Renacimiento circulaban entre los navegantes muchas noticias y leyendas sobre tierras fabulosas allende los mares. Algunas de las cuales se habían descubierto y otras tenían la posibilidad de descubrirse por la curiosidad y actividades humanas.

LA INCREÍBLE PROFECÍA DE SÉNECA
El político, filósofo y escritor hispano romano, nacido en Córdoba en el año 4 antes de Cristo; Lucio Anneo Séneca, escribió en el año 45; algo que parece una profecía:
En una de sus nueve tragedias, en el acto II de Medea, con respecto al argonauta Jason, se lee la siguiente sentencia en latín:
“….. venient annis; Secula seris quibus oceanus; Vincula rerum laxet; et ingens Pateat tellus; Tiphysque novos; Detegat orbes; nec sic terries; Ultima Thyle.”
Qué, el propio Cristóbal Colón tradujo en sus papeles así: “….vendrán los tardos años del mundo ciertos tiempos en los cuales el mar océano aflojará los atamientos de las cosas y se abrirá una grande tierra y un nuevo marinero como aquel que fue guía de Jason, que hubo nombre Thyphis descubrirá un nuevo mundo y entonces, no será la isla de Thule la postrera de las tierras” (1) “Vida del Muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón” Salvador de Madariaga.
(2) Thyle; Thule, llamaban los romanos a Islandia (Iceland) la última tierra conocida entonces, y descubierta por los marinos irlandeses con quienes los romanos comerciaban tanto como lo hacían con los nativos de Britania.

LA FÉRTIL IMAGINACIÓN DE DANTE ALIGHIERI
En su famosa obra poética; La DIVINA COMEDIA, en el Canto XXVI de la parte correspondiente al INFIERNO, Dante pregunta a Virgilio que es su guía, la razón de que el argonauta Ulises se les aparezca en la forma de una llama  crepitante. Virgilio responde a la pregunta de Dante sobre una llama de doble pico que compara a la pira de Eteocles uno de los héroes del ciclo tebano. “Las llamas son como ladrones que esconden su presa”. (3)
(3) El historiador Luca de Tena en su libro: “América y sus enigmas” relata el Canto mencionado de la Divina Comedia que refleja el pensamiento de los intelectuales de la Baja Edad Media respecto a las regiones del mundo extra europeo. Y ve en este Canto un posible descubrimiento de las ignotas tierras americanas.
“Ulises, rey de Ítaca, y Diomede, rey de Argos, héroes del ciclo troyano, aparecen aquí envueltos en una aventura que no figura en los relatos homéricos, pero que, imaginada por Dante, refleja un difundido juicio, en la época, sobre Ulises, al que se consideraba un imprudente y presuntuoso aventurero capaz de desafiar a los mismos dioses. Vale la pena tomar debida nota de todos estos excesos del propio genio que es como el tema central de este canto: comenzó con el temor de Dante de dejarse llevar por su ingenio, siguió con Eliseo pretendiendo más de lo que debía, y ahora es Ulises quien, arrastrado por su pasión de aventuras, no mide las consecuencias para sí y sus compañeros, ni el desafío a la divinidad que sus actos implican. Se hace saber que están en la venganza infernal así como fueron prontos a la violencia y a la cólera.”

Se recuerda el artificio del caballo de Troya por el cual los griegos tomaron y destruyeron la ciudad, aunque, por designio del destino, sirvió para que, bajo la conducción de Eneas, la estirpe troyana llegara a Roma y fundara la nobleza romana.
El Paladio es una estatua divina dotada de propiedades mágicas, se suponía que representaba a la diosa Palas, epíteto ritual de la diosa Atenea, conocida habitualmente como Palas Atenea, cuyo nombre latino es Minerva. De origen divino, la estatua, modelada por Atenea en reparación por la muerte accidental de Palas, hija del dios Tritón, después de diversas peripecias fue precipitada de lo alto del Olimpo por Zeus y cayó en Ate, en Tróade, en el momento que Ilo se disponía a fundar la ciudad que iba a ser Troya (Ilión), por lo cual fue considerada como un señal divina y asumida como protectora permanente de Troya. Temiendo que fuera robada, se dice que los troyanos hicieron una imagen falsa que fue la que Ulises junto con Diomedes robó, pues le había sido dicho que sólo sería tomada Troya si le faltaba el Paladio.
Robada la falsa efigie, en la noche fatal del incendio de Troya, Eneas se apoderó del Paladio en el templo de Atenea para huir, y después de su prolongado peregrinaje por los mares, finalmente llevarlo a Roma, donde estaba depositado en el templo de las Vestales. Como en Troya, el Paladio protegía a la ciudad y estaba ligado a su destino.
Dante quiere saber la razón por la que Ulises se halla en el INFIERNO. Al saber que se hallan cerca de Ulises y que puede oír de su boca la historia de su muerte, incita apasionadamente a Dante, que suplica repetidamente a Virgilio que satisfaga su ardiente deseo. Virgilio lo contiene, y con la excusa de que siendo griegos tal vez no quieran hablar con él, le ruega silencio y que será él quien hable.
Comienza el relato de Ulises quien con la sola referencia a su alejamiento de Circe, pasa directamente al relato de su aventura final más allá del estrecho de Gibraltar. Se muestra también la pasión desmedida que no se detiene ni ante el amor al padre, al hijo y a la esposa, con tal de ver y experimentar todas las cosas y todos los vicios. La audacia es tal que con solo un barco y los pocos compañeros que le quedan se atreve a lanzarse a lo desconocido. Ulises navega hacia occidente por el mar Mediterráneo hasta los límites de España, pasando por las islas de Cerdeña, que cita, y las otras que baña el mar, hasta allegarse a Marruecos al norte de África.
Ya viejos por el largo viaje - la Odisea habla de veinte años - divisan el estrecho de Gibraltar, la fosa estrecha, donde Hércules puso sus columnas con la advertencia "NON PLUS ULTRA", no más allá, símbolo universal de que el hombre puede todo probar hasta un cierto límite, más allá del cual encontrará su ruina, Pero el atrevido y astuto Ulises las traspasa superando Ceuta en la orilla africana y Sevilla en la española.
Discurso de Ulises a sus compañeros para que se atrevan a lo que él ya mismo ha decidido atreverse.
 Este párrafo es el único por el que este canto puede llamarse el de los consejeros fraudulentos, en el sentido de que Ulises proclama a sus hombres, ocultándoles el peligro, y para su propio beneficio. Porque por el resto del canto, se trata específica y casi exclusivamente del exceso en el uso de los propios dones, virtudes y talentos. Célebre frase que, en boca de Ulises puede que no sea sino un ardid más para arrastrar a sus compañeros a la loca aventura, pero en boca de Dante resume todo su programa de vida y la razón de ser de la Divina Comedia.
La aventura de Ulises transcurre en un viaje hacia occidente, de espaldas al Oriente, vuelta nuestra popa a la mañana, en viaje hacia el Atlántico pero contornando siempre el lado izquierdo, es decir doblando hacia el sur. Notemos que Dante sabía, como toda gente culta antigua, que la tierra era redonda, pero ignoraban todos que existiera un continente entre Europa y Asia por el lado oeste. Dante, en su creación de los tres mundos, sitúa, en el medio de ese inmenso mar, a la montaña del Purgatorio, a la cual se podía llegar a través de una abertura situada al final del Infierno. La osadía de Ulises, el loco vuelo, fue querer llegar al Purgatorio, y por ende al Paraíso terrenal que está en su cima, por sus propios medios y abusando de su ingenio, es decir, quiso lograr la perfección del Purgatorio sin antes pasar por la muerte simbolizada por el Infierno, lo cual es imposible, e implica soberbia e hipocresía.
Ulises arenga a sus compañeros; “¡Oh hermanos! ¡Que habéis llegado a Occidente a través de cien mil peligros, ya que tan poco os resta la vida no os neguéis a conocer el mundo que se encuentra siguiendo la ruta del sol!
“Y volviendo la popa hacia el Oriente hicimos alas de nuestros remos para seguir tan desatendido viaje…”
“Ya estamos en el mar tenebroso ya se ven las estrellas del polo contrario  y tras cinco veces que había brillado y apagado la luna desde que entramos en aquel gran mar,  apareció una enorme montaña oscurecida por la distancia (4)…... Entonces se levantó de aquella tierra un torbellino que se lanzó contra la proa de nuestro buque; tres veces lo hizo girar juntamente con las encrespadas olas y a la cuarta levantó la popa y sumergió la proa…. Hasta que el mar volvió a cerrarse sobre nosotros”
¿No es pasmoso que el Dante intuyera cinco lunas para una nave que forzosamente fuese más tarda que el recorrido de las carabelas de Colón entre agosto, septiembre y octubre?
(4) La gran montaña representa al Purgatorio en cuya cima está el Paraíso terrestre. Se forma una como tromba marina, un vórtice, que golpea al barco en la proa. El castigo divino, muestra la gravedad de la presunción asumida, y cae sobre ellos. Son tres vueltas girando el barco en el agua, y a la cuarta, alza la popa y hunde violenta e irremisiblemente la proa, y el mar, severo y fatal, se cierra sobre ellos.
  
ISABEL DE CASTILLA
UNA SANTA REGIA
AUNQUE LA JERARQUÍA CONCILIAR CATÓLICA NO LA HAYA QUERIDO BEATIFICAR

Antes que nada, fue una mujer ejemplar como hija, esposa y madre. Una mujer y reina con un sentido trascendente de la vida. Católica no de boquilla, como tantos otros de hoy, sino convencida de que Dios ocupa siempre el primer lugar en la vida y de que todo lo demás debe subordinarse a su Divina Voluntad. Fue determinante su apoyo a Cristóbal Colón en su empeño marinero hacia el Occidente.
“A Isabel se debe la incorporación de América a la civilización occidental y la impronta de la cristianización del Nuevo Mundo, sólo comparable a los otros dos hechos misioneros trascendentales: la evangelización de los pueblos del Mediterráneo y la de los pueblos bárbaros de Europa. Casi nada.”

Isabel, hija mayor del rey Juan II de Castilla y de su segunda esposa Isabel Barceló de Portugal nació en el palacio real de Madrigal de las Altas Torres en la provincia de Ávila, Castilla, el 22 de abril de 1471 (el mismo año en que nació Cristóbal Colón). En sus genes latía la sangre de cruzados y conquistadores famosos de Europa, entre sus antepasados estaban:
Guillermo el Conquistador, Enrique II Plantagenet, Leonor de Aquitania, Eduardo I y Eduardo II de Inglaterra; descendía por ambas ramas de San Luis rey de Francia y de su primo San Fernando rey de Castilla. Por ambas ramas también descendía de la dinastía inglesa de los Lancaster. (4) Sin embargo hasta ya pasada la adolescencia no tenía ninguna posibilidad de ser Reina por derecho dinástico.
(4) Isabel de Castilla descendía directamente del duque de Lancaster Juan de Gante,  por su bisabuela Catalina de Lancaster.
Por la mano de Dios y por su personal simpatía para con el pueblo llano español le tocó ser Reina de Castilla después de una sangrienta guerra entre Castilla y el reino de Portugal. Por su oculto matrimonio con Fernando, el heredero del Reino de Aragón, unieron los dos reinos que fueron la base del Imperio Español Católico donde el sol nunca se ponía.
Recién nombrada reina y cuando esperaba a su primer vástago, tuvo que empuñar las armas para defender los derechos de Dios y los suyos propios. El rey de Portugal, Alfonso V alegó los derechos de su esposa doña Juana la “Beltraneja” y cruzó la frontera de Extremadura, con la intención de apresar a Isabel mientras su marido don Fernando reclutaba a la gente del norte. Apoyada por miles de campesinos castellanos, improvisados soldados y algunos cientos de hidalgos; “Isabel, poniéndose una coraza de acero sobre su sencillo vestido de brocado, apretó sus labios sin decir palabra y emprendió camino hacia el norte. Deteniéndose de cuando en cuando para arengar al pueblo”.
Siempre terminaba sus arengas con una sentida oración: “Tú, Señor, que conoces los secretos de los corazones, sabes de mí, que no por vía injusta, no por cautela ni tiranía, mas creyendo verdaderamente que por derecho me pertenecen estos Reynos del Rey mi padre, he procurado de los haber, porque aquello que los Reyes mis progenitores ganaron con tanto derramamiento de sangre no venga en generación agena”

“A ti, Señor en cuyas manos es el derecho de los Reynos, suplico humildemente, agora la oración de tu sierva, e muestres la verdad, e manifiestes tu voluntad con tus obras maravillosas, porque si no tengo justicia, no haya lugar de pecar por ignorancia, e si la tengo, me des seso y esfuerzo para la alcanzar con la ayuda de tu brazo, porque con tu gracia pueda haber paz en estos Reynos, que tantos males y destrucciones fasta aquí por esta causa han padecido”.(5)
(5) Transcripción tomada del libro “Isabella of Spain”, William Thomas Walsh, Ingland 1971.


AÑO DE 1492:
2 de enero: Las fuerzas cristianas vuelven a pisar la hollada tierra de Granada, después de 777 de ser bastión musulmán.
6 de enero – día de la Epifanía-  de 1492, los Reyes Católicos Fernando e Isabel entran solemnemente con su vistosa corte al Palacio de la Alhambra.
21 de marzo: Los Reyes Católicos Fernando e Isabel firmaron el edicto de expulsión de los judíos de sus Reinos.
Por otra parte, el nacimiento del Santo Oficio de la Inquisición en Castilla no fue un invento de los Reyes Católicos. El antecedente más importante se remonta a la delegación del Papa Nicolás V al rey Juan II de Castilla, en 1451.
17 de abril: Los Reyes Católicos Fernando e Isabel firmaron las capitulaciones de Santa Fe con el navegante genovés Cristóbal Colón.

  

CRISTÓBAL COLÓN, SU OSCURO ORIGEN

Cristóforo Colombo; “La Paloma que lleva a Cristo”

Bonito nombre que viene bien a un buen católico, como  así lo describen la mayoría de quienes lo conocieron en vida. “Los contemporáneos de Colón, sumidos en las vicisitudes de la última fase de la Reconquista se harían un enjambre de preguntas sobre ese curioso extranjero tan lleno de contradicciones, primero su edad:
“¿Porque aquellas canas con aquellos ojos tan llenos de fuego y de juventud? Si se decía que había sido un pobre tejedor, ¿Por qué ese aspecto tan autorizado?, además, si era genovés ¿Por qué nunca hablaba italiano ni siquiera con sus coterráneos?, Y ¿Por qué hablaba castellano con acento portugués?,. Y si, como siempre andaba diciendo, se había pasado toda la vida en el mar ¿Cuándo había aprendido todo lo que sabía? Y si sabía tanto, ¿Cómo es que los letrados se reían de su teoría sobre la estrechez del océano? Y si era solo un aventurero, como es que mostraba una carta del Rey de Portugal donde le llamaba: ¿Nosso especial amigo? Y si era así, ¿Porque buscaba a los Reyes de Castilla siendo que Portugal era la metrópoli de los descubrimientos? Y de los Reyes españoles, ¿Había logrado la promesa de un Almirantazgo hereditario?”(6)
(6) Del libro: “Vida del Muy Magnífico Señor don Cristóbal Colón”, Salvador de Madariaga, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1973. 
Además, el misterioso silencio sobre su propia persona: las circunstancias de su nacimiento, raza, naturaleza, ambiente familiar, etc. de este personaje, lo hacen uno de los más extraños de la historia renacentista.
Madariaga, en su mencionado libro, da la fecha de 1451, “entre 26 de agosto y 31 de octubre de 1451” como la del nacimiento de Colón, “casi seguro en Génova, genovés sin ningún patriotismo para su nación, de familia venida a menos” que el Descubridor siempre tratará de ocultar para no entrar en conflicto sobre sus pretensiones al “Almirantazgo hereditario de la mar Océana” Lo que lo sitúa en la misma edad que  sus benefactores los Reyes Católicos, Fernando e Isabel.
También Madariaga llega a otra conclusión inquietante por la circunstancia de que en los escritos de Colón se descubre: “Cristóbal Colón habla castellano con acento portugués aún con sus hermanos e hijos, lee el italiano pero no lo habla y usa el latín aprendido en España para sus apuntes muy personales”: ¡Este Colón pertenece a una familia judía sefardita fiel a su idioma nativo, el castellano; asentada en Portugal desde un siglo antes de residir en Génova!
El prior del Monasterio de la Rábida Fray Juan Pérez decía del castellano que hablaba Colón: “Su lenguaje no es de este siglo sino del siglo XIV” Y el comentario que escribió su hijo Fernando: “El Almirante conforme a la patria donde fue a vivir y a empezar su nuevo estado, limó el vocablo (Colombo) para conformarlo con el antiguo y distinguir los que procedieron de él, de los demás que eran parientes colaterales….”
 Madariaga concluye con el aserto de que Cristóbal Colón o Colom era de familia marinera, judía mallorquina, por encontrarse ahí en el siglo XIII, un centro judío de fabricantes de astrolabios y cartas de marear entre los cuáles se encuentran algunos de apellido Colom.

  
EL CUARTO Y ÚLTIMO VIAJE ULTRAMARINO DE CRISTÓBAL COLÓN

RELACIÓN ESQUEMÁTICA DE LOS CUATRO VIAJES TRASATLÁNTICOS DE CRISTÓBAL  COLÓN

PRIMER VIAJE: El 3 de agosto de 1592 sale de Palos con tres naves; desembarca en la isla de San Salvador el 12 de octubre de 1492, descubre las islas mayores de las Antillas y regresan solamente dos naves a la Península Ibérica,  llega a Lisboa el 4 de marzo de 1493 y se presenta ante los Reyes en Barcelona el 25 de septiembre de 1493.

12 DE OCTUBRE, FIESTA DE LA VIRGEN DEL PILAR

SEGUNDO VIAJE: El 25 de septiembre salió de Cádiz la armada compuesta de 16 naves repletas de gente, más de mil personas; de abastecimientos toda clase, y de animales domésticos para criar y comer.
El 13 de octubre  de 1493, Cristóbal Colón zarpó de la Isla de Hierro, última de las islas Canarias. Después de veinte días de travesía, el domingo 3 de noviembre de 1493 avistaron dos islas. Tocó tierra en la isla bautizada como Dominica y la otra fue llamada Marigalante, luego una tercera a la que llamó Guadalupe. Estas islas estaban habitadas por los indios Canibas. Todo un rosario de pequeñas islas apareció a la vista de los exploradores; la mayor de todas fue Puerto Rico. Cristóbal, estupendo marino, quedó como pésimo gobernante de la primera colonia en el Nuevo Mundo, donde imperaba el hambre y la depresión moral llevándola al fracaso, ante los atentos ojos de los reyes de Inglaterra y Francia que esperaban la oportunidad de intervenir. El oro era escaso, y de las valiosas especias no había ninguna, la gente no tenía comida aceptable. Y para rematar la situación, Antonio de Torres regresó a España con doce naves para traer bastimentos. Colón delegó el gobierno en un Consejo que presidió su hermano menor Diego Colón. Y tomando tres carabelas se echó al mar para buscar el mítico Cipango (Japón).

Por consejo de un indio bautizado por él en España, “Diego Colón”, en vez de dirigirse directamente hacia Occidente, se fueron a bojar Cuba y descubrió Jamaica. Regresó a la Española el 13 de junio de 1494, muy enfermo, casi moribundo después de más de cinco meses de ausencia. (7)
(7) Es posible que esta enfermedad le viniera por la convicción oculta a todos, de que no se encontraba en Asia sino en un continente desconocido. L. Ozden
En el ínterin había llegado a la Isabela su hermano Bartolomé con las tres naves donadas por los Reyes, Cristóbal lo nombró Adelantado en sustitución propia, con la contrariedad de los colonos. Colón decidió volver a España a pedido de los Reyes de que se llevara a los enfermos o inconformes a bordo de dos naves el 10 de marzo de 1496.  Las dos primeras naves construidas en América llegaron a Cádiz el 11 de junio de 1496.
TERCER VIAJE: El 30 de mayo de 1498 salió de San Lucar de Barrameda con seis naos y doscientos hombres sin contar los marineros. Se dirigió a las islas portuguesa de Porto Santo y Madeira para recordar su juventud y luego a la isla canaria de Gomera donde rescató seis españoles apresados por un pirata francés. En 21 de junio despachó tres  naves directamente a la Isla Española, y con las otras tres se dirigió a las islas Cabo Verde y de ahí a descubrir la tierra firme del Sur. La corriente dulce del río Orinoco y la costa de la actual Venezuela. Llegó a la Española el 21 de agosto de 1498.
Pero esta vez, le esperaban dos años de incertidumbre y contratiempos con los colonos en su virreinato americano, a causa de su soberbia y mal gobierno.
Un mal día de octubre del año 1500, salió de Santo Domingo para España con sus dos hermanos, todos cargados de cadenas. Llena su alma de amargura y resentimiento, escribió en su diario: “Si yo robara las Indias…. y las diera a los moros no pudieran en España mostrarme mayor enemistad”. Él, que había desatado las cadenas del Océano, ahora lo cruzaba encadenado”. Pero confiaba en que los Reyes viesen que sus errores habían sido de buena Fe, y al fin y al cabo, Dios los juzgaría a todos.

Los Colones llegaron ante los Reyes en Granada, donde estaba la Corte el 17 de diciembre de 1500. “Al encontrarse ante la presencia de los Reyes, Cristóbal Colón enmudeció, presa de honda emoción, cayó de rodillas y rompió a llorar y a sollozar. Los Reyes le hicieron ponerse en pie y el Almirante hizo promesas de lealtad” 
Los Reyes Católicos perdonaron al Almirante y le devolvieron bienes y honores, pero no lo restituyeron al Poder. A su tiempo, su hijo don Diego Colón Perestrello sería el 2º Virrey.
En la jerga de los hidalgos de la Isla Española, se llamaba a los tres hermanos Colones, quienes se hacían uno en el desgobierno de las Islas, como “Los faraones” y al Almirante como “El rey Faraón”, mote que algunos historiadores, dicen que se aplicaba a los conversos del judaísmo.
Si ya no podía ser Virrey del Nuevo Mundo, entonces le obsesionó otra idea, esta vez echaba mano de una antigua profecía hebrea. Todas sus riquezas las dedicaría a libertar de los moros, nada menos que la ciudad de Jerusalem.

ÚLTIMO VIAJE DE CRISTÓBAL COLÓN A LAS INDIAS
Vamos a tratar breve mente este último viaje de Colón a su Continente; soñado, intuido y descubierto diez años antes. Porque con él se cierra la vida aventurera del Almirante. Cristóbal Colón había convencido a los Reyes de que en este su cuarto viaje a las Indias podía encontrar el paso de mar hacia el Poniente de la isla Española. Y por ese estrecho pasaría a otro mar donde estarían las tierras más ricas y las especias. Seguramente Colón estaba convencido, secretamente, de que sus descubrimientos no eran la verdadera India, pero no podía publicar su sospecha para no darles la razón a sus enemigos. Los Reyes católicos se dieron cuenta del valor de esta nueva idea y lo animaron a realizarla.

CUARTO VIAJE: El 11 de mayo de 1502, salió de la bahía de Cádiz con cuatro naves. Las instrucciones de los Reyes eran de evitar cualquier posesión portuguesa del Atlántico, salir de las islas Canarias y no bajar de la nave en la isla Española, sino pasar de largo con rumbo oeste para alcanzar la “Tierra Firme” que pudiera encontrar. Sin embargo se encaminó a Jamaica, y de esta isla, subió a la costa cubana por el sur y de allí, navegó  hacia el suroeste descubriendo el Continente americano en la actual Honduras, donde tomó posesión de todas las tierras en nombre de sus Majestades Católicas.
Como siempre, Colón buscaba oro y mostraba pedazos a los indios de la costa, los cuales, tanto hombres como mujeres eran muy primitivos y  estaban desnudos. Tomó varios indios para traductores. Siguió costa al sur sin encontrar algún brazo de mar que le permitiera viajar tierra adentro. En esta costa encontró indios que traían colgando placas de oro fino. En otras bocas de ríos había indios armados con flechas y de sus cuellos también colgaban placas de oro, pero los indios se negaron a cambiarlas por los objetos que Colón llevaba para el efecto.
Colón siguió la costa abajo gastando muchos días sin encontrar el paso de mar que suponía, debía haber. ¡Colón precursor de Magallanes!
Solamente había bocas de pequeños ríos donde no se podía navegar. Los indios entraban tierra adentro en pequeñas canoas de troncos ahuecados y  le hacían entender que el oro se encontraba tierra adentro.
Colón escribe que, hay minas de oro y algunos de sus hombres bajaron muchas veces de las naves para seguir a los indios guías, pero eran trampas que les tendían para luego caer sobre ellos. Entonces Colón ordenó a su gente que construyeran algunos fuertes de madera, pero los indios los atacaron y Colón mandó prender al cacique, con lo que comenzó la guerra. Esta región donde Colón hizo entrar los navíos en las bocas de los ríos la llamó Veragua. Actualmente es Panamá, y su nombre nativo es el Darién.
Las dificultades del Descubridor se agrandaron por la destrucción de dos naves a causa del maligno clima y de la “broma”, el gusanillo que se come la madera. Antes de sucediera lo mismo con las otras dos naves, embarcó a todos sus hombres y se dirigió directamente a la isla de Jamaica, porque la prohibición  real le impedía volver a pisar la isla Española.
A causa de un fuerte huracán, Colón tuvo que refugiar sus únicas dos naves en la costa sur de Cuba. De ahí llegó a la isla de Jamaica por el norte, a causa de que los dos navíos ya no estaban para navegar.

Permanecieron en gran peligro por los indios que mudaban de parecer constantemente y podían acabar con los exploradores, ahí estuvo él con su gente a punto de ser aniquilados, pero entre sus papeles encontró milagrosamente un calendario donde indicaba un eclipse total de luna. La estrategia fue aparentar un enojo de Dios para castigar a los salvajes. Llamarlos y amenazarlos con que haría desaparecer el brillo de la luna, lo que así sucedió y desde entonces los indios lo respetaron.
Cristóbal Colón, su hijo Fernando, su hermano Diego y el resto de los náufragos estuvieron perdidos un año en la isla de Jamaica desde junio de 1503 hasta su rescate, un año después, por los españoles de la Isabela. (8)
(8) Este rescate fue a causa del hecho heroico del hidalgo Diego Méndez, cuya relación reescribe Martín Fernández de Navarrete en su libro: “Viajes de Colón”.
Méndez había hecho amistad con un cacique a quien le compró su canoa que era grande y bien hecha, por un brazalete de latón que los indios valoraban más que el oro. El hidalgo hacía viajes costeando para llevar comida a Colón y sus allegados. Le ayudaban varios indios remeros y diestros en la mar. Un día el Almirante llamó a parte a Méndez y le propuso que uno de los náufragos usara esa canoa para ir a la Isla Española y pedir auxilio. Diego Méndez se ofreció él mismo para hacer el viaje.
“Señor, una vida tengo no más, yo la quiero aventurar en servicio de vuestra señoría y por el bien de todos los que aquí están, porque tengo esperanza en Dios Nuestro Señor que vista la intención con que yo lo  hago me librará como otras muchas veces lo ha hecho”  Oída por el Almirante mi determinación, me abrazó y me besó en el carrillo, diciendo: “Bien sabía que no había aquí ninguno que osara tomar esta empresa sino vos: esperanza tengo yo en Nuestro Señor saldréis de ella con victoria como de las otras que habéis emprendido”

El inteligente y previsor Diego Méndez aderezó su canoa con bordes más altos, le puso un mástil con una vela, un timón y buenos remos. La llenó de comestibles y agua para un promedio de 30 días. Luego pidió al Almirante suficiente gente que le acompañara hasta el cabo noreste de Jamaica, para protegerlo de los indios, hasta que las mareas fuesen propicias para el viaje.
 Diego Méndez, otro compañero español y seis indios remeros se arrojaron al mar en su bergantín artesanal y así pudieron llegar a Isla Española en sólo una semana, arribando al cabo más occidental.
 Cambió a sus remeros por otros seis y costeando unas 80 leguas llegó a la Isabela. Pero ni estaba allí el Gobernador Fray Nicolás de Ovando ni había llegado ninguna carabela de España desde hacía más de un año. A pocas semanas llegaron tres carabelas, de las cuales compró una para mandarla al Almirante y su gente. Las dos restantes sirvieron para que Méndez fuera a España a dar cuenta de lo sucedido con Cristóbal Colón a los Reyes.
El gran Descubridor, Almirante y ex virrey don Cristóbal Colón vio por última vez su amado Nuevo Mundo el 12 de septiembre de 1504, para no volver jamás, y el 7 de noviembre de 1504 arribó a San Lucar de Barrameda.  A los pocos días de su llegada a los Reinos de España; el día 26, fallecerá su  admirada Reina Doña Isabel de Castilla en el Alcázar de la Mota cercano a Medina del Campo.

A SU VEZ EL ALMIRANTE DE LA “MAR OCÉANA”
ENTREGARÁ SU ALMA AL CREADOR EN VALLADOLID
EL 20 DE MAYO DE 1506.

LUIS OZDEN, 12 de octubre de 2015.
luisozden@yahoo.com