martes, 4 de junio de 2013

PELIGRO DE LA MASONERÍA



EL PELIGRO DE LA MASONERÍA PARA EL VERDADERO CATÓLICO

Para hacer esta exposición accesible a todo público, principalmente a los jóvenes y a sus estimados maestros, vamos a emplear términos y palabras sencillas que nos aclaren, en pocos renglones, en pocas palabras, los conceptos que trataremos de sintetizar  en lo esencial; sobre el enorme peligro que ha revestido para la humanidad entera, pero muy particularmente, para la Iglesia  Católica y sus fieles, este Misterio de Iniquidad que San Pablo menciona en su  2ª. Carta a los Tesalonicenses, a Tesalónica, ciudad del norte de Grecia. Recomendamos, que se lea completa esta Carta.

ANTECEDENTES SOBRE EL ORIGEN DE LA MASONERÍA:

San Pablo pide a los cristianos de Tesalónica que no se dejen engañar sobre los rumores de la próxima venida de Nuestro Señor en aquellos primeros tiempos de la Iglesia,  Que el Misterio de la Iniquidad efectivamente  ya estaba actuando en la sociedad  pero que primero, debería llegar la Apostasía de la Fe,  casi general en los fieles, y apareciendo después de ello, el hombre de pecado, el hijo de la perdición: el que se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adore, hasta llegar a poner su asiento en el Templo de Dios, dando a entender que es Dios.

Qué ya saben lo que lo detiene; que es la Fe y la Caridad, que en cuanto éstas desaparezcan de la sociedad, “entonces se manifestará el inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos…... aquel perverso a quien el Señor Jesús matará con el aliento de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su presencia”

Mientras tanto, en el lapso de tiempo que medió desde los Apóstoles hasta la Revolución dentro de la Iglesia Católica en el siglo XX, pasando por las revoluciones ideológicas y sociales de los siglos XVIII y XIX; el Misterio de Iniquidad  siguió actuando a través de los enemigos de Cristo y de Su Iglesia hasta nuestros días en el tercer milenio.

A continuación, vamos a precisar esta iniquidad y al enemigo que la difunde:

Desde el alba de los tiempos, desde la primera creación espiritual de Dios el Creador, esta iniquidad o maldad, que no es creación de Dios, sino de la libre voluntad de las criaturas hechas a  Su imagen y semejanza. Se manifiesta, en primer lugar, con la rebeldía de Luzbel y sus ángeles, siguiendo con la desobediencia de Adán y Eva, y luego con los pecados de toda la descendencia humana.

Los descendientes de Adán fueron perdiendo, a lo largo de las generaciones, la enseñanza original que Dios había infundido a nuestros primeros padres, mientras los más avispados de los humanos retenían en su intelecto y en su espíritu, algunas verdades mezcladas con errores y mentiras.

Solamente muy pocos de ellos, quedaron, por gracia de Dios, con el conocimiento verdadero para rendir adoración y culto al Creador siguiendo las inspiraciones divinas para la vida terrena.

En cambio, la gran mayoría de los humanos se perdieron en la nebulosidad de las ideas y creencias erróneas, dando lugar a los cultos paganos idolátricos que el genio del Mal les comunicó para engañarlos.

A continuación vino el nacimiento de las culturas anteriores a la elección hecha por Dios de los hebreos, un pueblo escogido entre los paganos, para ser portador de la Tradición Mesiánica o pre cristiana.

Las grandes culturas paganas que se han sucedido sobre la tierra: la egipcia, la persa, la china o la hindú; las mesopotámicas y babilónicas, , la griega y la romana, así como tantas otras de menor importancia esparcidas por los continentes; todas ellas, han rendido culto religioso y sangriento, al Príncipe de este mundo, es decir a Satanás. Toda esa liturgia religiosa primitiva tuvo sus templos y sus misterios donde el diablo revelaba y ordenaba, por medio de sus intérpretes, el Misterio de la Iniquidad.

Entonces, ¿Qué es este Misterio de Iniquidad?; este misterio es:

LA REBELDÍA CONTRA EL DIOS VERDADERO Y SUS LEYES.

Enseñando lo que la Serpiente del Paraíso propuso a nuestros primeros padres para apoderarse de ellos:

SI COMÉIS DEL FRUTO DEL ÁRBOL QUE ESTÁ EN MEDIO DEL EDÉN SERÉIS COMO DIOSES”

O como la tercera tentación del demonio a Nuestro Señor Jesucristo   en el desierto:

“YO OS DARÉ TODOS LOS BIENES DE ESTE MUNDO SI ME ADORÁIS”:


EL SECRETO DE LA INIQUIDAD

Las noticias que tenemos de esos Templos de iniquidad son muchas, solamente citaré una, la del llamado “padre de la Historia”: Heródoto, quien en  el segundo tomo de su obra indica claramente la razón secreta a que se comprometían los miembros de esas antiquísimas sociedades:

Porque yo conozco todos los misterios del Egipto, ninguno de ellos me es desconocido, pero no me está permitido hablar de ello……”

Desde el alba de los tiempos, ha habido grupos de paganos que se reunían en cuevas o grutas para esconderse de los demás y hacer sus ritos satánicos en el más absoluto secreto comprometiéndose bajo juramento de sangre,  a no revelar a los demás hombres sus maquinaciones. Con el paso de los siglos se fueron formando, con esos grupos, las Sociedades Secretas, antecesoras de la Masonería.

Ya desde los tiempos del profeta Ezequiel, alrededor del año 600 A.C. los judíos se habían entregado a la contaminación religiosa de los pueblos paganos. Así el profeta escribe en el Capítulo octavo de su libro, cómo toda la Casa de los príncipes de Israel se entrega a prácticas idolátricas en los subterráneos del Templo de Jerusalén:

“Y sucedió en el año sexto, el sexto mes, el día cinco, que estando yo sentado en mi casa, y estando alrededor mío los ancianos de Judá…… súbitamente se hizo sentir en mí la fuerza del Señor Dios…..y díjome: Hijo de hombre ¿Piensas acaso que ves tu lo que estos hacen, las grandes abominaciones que comete aquí la Casa de Israel para que yo me retire lejos de mi santuario?, pues si vuelves otra vez a mirar verás  abominaciones mayores….. horadada que hube la pared apareció una puerta…..y habiendo entrado, miré, y he aquí, figuras de toda clase de reptiles y de animales y la abominación de la familia de Israel, y todos sus ídolos estaban pintados por todo el rededor de la pared. ¡Ay!, setenta hombres de los ancianos de la familia de Israel estaban de pie delante de las pinturas, y en medio de ellos Jozonías, hijo de Safán, teniendo cada uno de ellos un incensario en la mano, porque en lo escondido dicen ellos aquí no nos ve el Señor…..”

Por esa abominación, la Gloria de Dios se retiró del Templo, y a poco tiempo de la idolatría de los hebreos, vino una guerra que perdieron y fueron llevados al exilio, adonde también Ezequiel los acompañó.

Seis siglos antes de la Natividad del Señor en Belén, ya los judíos formaban sociedades secretas para engañar al pueblo en la oscuridad de los subterráneos del propio Templo de Jerusalén. El Misterio de Iniquidad formado de tinieblas y mentiras ya actuaba.

Por eso, podemos entender claramente, el rechazo a Cristo, de la elite  judía: príncipes, sacerdotes, fariseos, escribas y saduceos,  amigos de la oscuridad, que no pudieron entender a Jesucristo y su Doctrina, quien es la Luz Misma: el Camino, la Verdad y la Vida,

Las Sociedades Secretas cobraron fuerza desde el momento mismo de la expulsión de los judíos de la Judea por los romanos. Esos judíos expulsados se refugiaron en varias ciudades de la Mesopotamia, entre los ríos Éufrates y Tigris, allí fundaron Academias y Sinagogas donde enseñaban a los judíos de la Diáspora, es decir del destierro; su nueva doctrina llamada el Talmud; que son mentiras e interpretaciones falsificadas de la antigua Thorá o Pentateuco: Los Cinco Libros de Moisés.

A ese libro llamado Talmud o libro de los Preceptos del pueblo judío, agregaron la conducta que el pueblo judío debía tener con los cristianos, y con odio reconcentrado, denigraban a Cristo y Su Iglesia.

Esos judíos desterrados por los romanos que vivían bajo el imperio persa eran los descendientes de aquellos fariseos a los que Nuestros Señor Jesucristo había anunciado su ruina y condenación por haberle rechazado.

San Juan cap. 8, vrs. 42 a 47.Dijo Jesús: 42 “Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a mí: pues yo salí y vengo de Dios: no he venido por mí mismo sino que Él me ha enviado 43¿Poqué no comprendéis mis palabras? Porque no podéis admitir mi doctrina, 44 El padre de quien vosotros procedéis es el diablo, y queréis hacer lo que quiere vuestro padre. Él fue homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo, porque es mentiroso y el padre de la mentira. 45 A mí en cambio, porque digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de vosotros puede convencerme de pecado? Si digo verdad, ¿Por qué no me creéis? 47El que es de Dios, oye las palabras de Dios: vosotros no las oís porque no sois de Dios……”

Según escribe San Mateo en el Capítulo 23, 33-36 de su Evangelio:

!Serpientes, raza de víboras!, ¿Cómo podéis escapar a la condenación del infierno? Por esto, mirad: os voy a enviar profetas, sabios y escribas. A unos los matareis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que caiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada en la tierra, desde la sangre del justo Abel, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. EN VERDAD OS DIGO TODO ESTO VENDRÁ SOBRE LA PRESENTE GENERACIÓN”

Y este otro pasaje: San Mateo cap. 21, vs.43-46.

“Por esto os digo que el reino de Dios se os va a quitar a vosotros para darse a un pueblo que entregue sus frutos. 44. Todo el que caiga sobre esta piedra se estrellará y sobre quien ella caiga, lo aplastará. 45 Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos que oyeron sus parábolas, conocieron que se refería a ellos; 46 y, aunque deseaban prenderlo, temían al pueblo, que lo tenía por un profeta”.

Este otro pasaje viene al caso: San Mateo cap. 27, vs.24 a 26

24 Viendo Pilatos que no adelantaba nada, sino que el tumulto aumentaba, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis, 25 Y todo el pueblo respondió Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos

26, “Entonces les soltó a Bar Abas y a Jesús lo azotó y lo entregó para que fuese crucificado”.

El odio de los judíos por Nuestro Señor Jesucristo y los cristianos les venía de los jefes judíos  y de toda la jerarquía que pidió la Crucifixión de Cristo y de los que gritaron: Caiga su sangre sobre nuestras cabezas y sobre nuestros hijos. El pueblo judío y su jerarquía en conjunto, atrajo sobre sí la ira de DIOS PADRE hasta el fin de los tiempos.

Perdido para ellos el Reino de Dios, no les quedó otro camino que someterse al Príncipe de este mundo, como lo habían hecho los paganos, y jurando ante él, su odio mortal a Cristo y sus fieles para destruir por completo su Iglesia. Eso han pensado ellos hasta la fecha actual y han sido el motor de todo el mal que han podido hacernos a los cristianos a lo largo de dos mil años, usando los individuos y las circunstancias más diversas.

Desde incitar a los emperadores romanos para martirizar a los primeros cristianos, o apoyando a los herejes dentro de la Iglesia, promoviendo guerras contra los pueblos cristianos; y entre los propios cristianos. Corrompiendo a la sociedad de las naciones cristianas por medio de las sociedades secretas, de las filosofías impías, de las costumbres deleznables y las falsas doctrinas, inspiradas todas, por su padre el Diablo.

Ellos, los judíos, los que rechazaron y crucificaron materialmente al Verbo de Dios, nuestro Dios Uno y Trino, ellos que  han sido y siguen siendo nuestros mayores enemigos. ¡Son ellos nuestros mayores enemigos!

Pero, todos los católicos sabemos, desde la infancia, por la Recta Doctrina de Nuestro Señor Jesucristo, que debemos perdonar a nuestros enemigos y lo hacemos porque Nuestro Señor nos lo manda, y lo rezamos en cada Padre Nuestro: Señor, perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos de todo mal, Amén

LA MASONERÍA

La Masonería y los masones salen de ese Misterio de Iniquidad del que San Pablo habla en su 2ª. Carta a los Tesalonicenses. Ellos, los masones, son el arma del judaísmo, el mayor enemigo del cristiano y de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo,  y así ha sido, desde la vida pública del Verbo de Dios encarnado.

La Masonería” es el nombre moderno que dieron los franceses a la doctrina liberal  que endiosa al hombre. Esta palabra es una derivación del adjetivo masón, que se traduce al castellano por albañil. Porque dentro de los gremios de los albañiles que habían quedado cesantes después de terminadas las grandes catedrales medievales en Francia, entraron individuos impíos que corrompieron su fe religiosa católica, para incitarlos a rebelarse secretamente contra la Iglesia Católica durante los siglos XIII, XIV, XV, XVI y XVII.

Los masones se reunían en logias o sociedades secretas e impulsaron los errores doctrinales del final de la Edad Media, que desembocaron en verdaderas herejías, como los cátaros o albigenses, templarios, alquimistas, rosacruces, lollardos, hussitas; todos ellos antecesores doctrinales de la Revolución Protestante iniciada por el monje agustino hereje Martín Lutero  en octubre de 1517, seguida con Ulrico Zuinglio en 1520, Juan Calvino en 1533 y Tomás Cranmer fundador de la Iglesia Anglicana en 1552. El Cisma protestante fue de mucho mayor peligro para la Iglesia Católica que las herejías medievales. Porque el cisma abarcó la mitad de Europa, fue más importante que el propiciado por los ortodoxos griegos. La unidad de Fe, unidad de Comunión y unidad de Gobierno querida por Nuestro Señor Jesucristo se vio afectada y dicha unidad rota.

Sin embargo; la más grave y dolorosa revolución en el seno de la Iglesia ha sido la del Concilio Vaticano II de 1962-1965. Porque mientras la revolución protestante había partido de simples clérigos, la Revolución que provocó el Segundo Concilio Vaticano salió de la misma cabeza de la Iglesia: los cientos de obispos y cardenales, casi dos mil, reunidos en torno a dos Papas, que sin comprometer su infalibilidad, dieron su anuencia y aliento para cambiar la doctrina y la liturgia con miras de quedar bien con  el mundo, rechazando la Tradición que desde el Concilio de Trento, 1545 a 1563, se había continuado rigurosamente por cuatro siglos hasta 1958: por eso podemos pensar que se trata del Misterio de Iniquidad.

Entre el común de los católicos de todo los tiempos existe gran desconocimiento acerca del origen y significado de la Masonería, a pesar de las advertencias que los Sumos Pontífices hicieran desde 1738 por S.S. Clemente XII, previniendo a los fieles del peligro que representaban las sociedades secretas de los masones impulsadas por los judíos desde la oscuridad de sus logias establecidas dentro de las naciones cristianas.

Es por tanto necesario, hacer una lista de las principales advertencias pontificias contra el Misterio de Iniquidad que no ha dejado de actuar, bajo diversos nombres, en su trabajo de destrucción del Orden Católico.

Las herejías más importantes de los siglos XVIII, XIX y XX en el seno de la Iglesia Católica  fueron el jansenismo, el quietismo, el naturalismo, el Libre Pensamiento, el naturalismo de J.J. Rousseau, religión que adora al corazón humano, romanticismo que desemboca en la religión del progreso, la ciencia y la técnica de la era moderna. El Liberalismo y sus filósofos; desde Descartes, Locke y David Hume, Kant así como los revolucionarios Marat y Robespierre y más tarde Saint Simon, Fourieur, Proudhon hasta Carlos Marx padre del comunismo. Todos ellos ganados e impulsados por la Masonería.

El Americanismo, nació en los Estados Unidos hacia la segunda mitad del siglo XIX que de comenzar por ser el celo de un converso protestante al catolicismo: Isaac Haecker, llegó a convertirse en doctrina que condena la constitución tradicional de la Iglesia Católica con el pretexto de que “El porvenir pertenece a la Democracia” y que la palabra Libertad tiene un poder mágico sobre las almas. La Iglesia debe dejar de ser de una manera o de otra una Religión de Autoridad, para asar a ser, como el protestantismo, religión de libertad”

“La Edad Media colocó en primer lugar las virtudes pasivas: humildad, obediencia, pobreza, mortificación, etc. Nuestra época estima con razón que las virtudes activas son mucho más importantes: la energía en la acción, el apostolado exterior, la lucha por medio de la palabra, la prensa, la publicidad, en una palabra, el dinamismo para hacer triunfar la paz y la justicia. Los hombres de acción son los dueños del mundo”

El Papa León XIII, condenó el americanismo en su carta “Testem benevolentiae”, dirigida al cardenal Gibbons el 22 de enero de 1899.

El americanismo quedó sumergido, pero los cardenales y obispos americanos modernistas fueron muy influyentes en Concilio Vaticano II. Además, dentro del clero norteamericano ha existido desde entonces, la corriente modernista a la que condenó duramente el Papa San Pío X en su encíclica “Pascendi dominici greeci” el 8 de septiembre de 1907. Donde analiza minuciosamente las ideas de los modernistas incrustados en la Iglesia, que sin duda, habían sido influidos por la Masonería.

LISTA DE LOS PRINCIPALES DOCUMENTOS PONTIFICIOS ADVIRTIENDO A LOS FIELES DEL PELIGRO DE LA MASONERÍA.

Hasta donde se sabe: en el año de 1717, las cuatro principales Logias masónicas de Europa se reunieron en la ciudad de Londres, Inglaterra para coordinar sus ataques al Orden Católico, comenzando por planear la destrucción del Imperio Católico Español.

En la capital inglesa quedó constituido el Centro Masónico, desde donde sucesivamente, saldrían las directivas a todos los lugares del mundo católico de Europa y América. Teniendo como fin último, aparentemente irrealizable, la conquista de Roma, la Sede de San Pedro. Para lo cual se emplearían los más diversos medios y tácticas sugeridas por el espíritu del Mal, ese Misterio de Iniquidad del que ya hemos hablado.

La actividad que desplegaron los masones de todos los ritos fue intensa, a tal grado que 21 años después de 1717, el Papa  Clemente XII emitió la primera Encíclica de advertencia a los fieles del peligro de los masones.

S.S. Clemente XII, Constitución “In Eminenti…”, Año 1738.

“Tal es el crimen y la naturaleza de las sociedades secretas de los masones que se traiciona a sí mismo, y que los propios esfuerzos que los propios esfuerzos que hacen para ocultarlo lo hacen notar mejor. Así las sociedades dichas han despertado tan fuertes sospechas en el espíritu de los fieles que afiliarse a ellas es mancharse con el signo de una completa perversión. Y en efecto, si esos hombres no hiciesen el mal ¿Tendrían tan grande horror a la luz? Esta reprobación ha llegado a ser tan manifiesta, que en muchos países el mismo poder secular ha proscrito y prohibido dichas sociedades como contrarias a la seguridad de los Reinos”

S.S, Benedicto XIV, Constitución “ Pro Vidas,,,,”, 1751.

Renueva lo dicho por su antecesor y agrega que:

“La reunión de hombres de toda religión y secta traerá los más graves daños a la pureza de la religión católica; acerca del riguroso secreto a que se comprometen los miembros de esas logias, es seguramente por los crímenes contra el orden establecido sea religioso o político. El Papa recomienda a los Obispos y Superiores eclesiásticos, como a los Príncipes seculares cumplir con el deber de extinguir dichas sociedades”

Por  extrañas razones durante el siglo XVIII, solamente esos dos Sumos Pontífices emitieron advertencias contra la Masonería. Tendríamos que llegar al siglo XIX para encontrar la siguiente condenación cuando ya la Masonería había perpetrado miles de crímenes y había tomado posesión de casi todos los gobiernos de Europa y América.

S.S. Pío VII, Letras Apostólicas “Ecclesiam a JesuChristo”, 13 de septiembre de 1821.

El Papa condenó a todas las sectas masónicas, pero especialmente a la secta de los Carbonarios, que hacen afectación a Jesucristo, su doctrina y su Iglesia, y propagan el racionalismo o la indiferencia religiosa, parodiando la Pasión de Nuestro Señor, y haciendo irrisión de los demás Misterios cristianos, y favorecen toda empresa sediciosa, permitiendo matar al que haga cualquiera revelación, Por lo cual han sido tantos los asesinatos en Italia.

S.S. León II,  Constitución “Que Graviora”. 13 de marzo de 1825.

Condena severamente a la secta de los “Universitarios”, atribuye a las sectas masónicas la Revolución Francesa, y todos los daños que sufrieron la Religión Católica y la Iglesia. Que la secta arriba mencionada niega la existencia de Dios y sostienen que el alma muere con el cuerpo. Que todas las sectas masónicas están aliadas entre sí por el lazo criminal de sus proyectos infames.

S.S. Pío VII, Encíclica “Traditi”, del 21 de mayo de 1829.

El Papa escribe a los Patriarcas, Primados y Obispos y denuncia esas asociaciones de hombres facciosos, enemigos declarados de Dios y de los Príncipes, que emplean todo su esfuerzo en desolar la Iglesia, en trastornar los Estados, en perturbar todo el universo abriendo el camino a todos los crímenes.

S.S. Gregorio XVI, Encíclica “Mirari vos”, del 15 de agosto de 1835.

El Papa se dirige ahora al mundo entero, señala a la Masonería como la principal causa de todas las calamidades de la Tierra y de los Reinos, y como el sumidero impuro de todas las sectas y herejías anteriores.

S.S. Pío IX, Encíclica “Quipluribus”, del 9 de noviembre de 1846, más de veinte alocuciones y la Encíclica “Multiplices machinaciones” del 25 de septiembre de 1865.

El Papa confirma las condenaciones hechas por sus antecesores y enseguida advierte:

“Entre las numerosas maquinaciones y los diversos medios de que los enemigos del nombre cristiano se han valido para atacar a la Iglesia y con los cuales han tratado de, aunque en vano, de destruirla, es menester contar, sin duda alguna, Venerables Hermanos, esa secta perversa, llamada vulgarmente masónica, que oculta al principio en antros tenebrosos, ha acabado por salir a la luz, para ruina de la religión y de la sociedad civil…

“Ciertamente, ni nuestros padres ni nosotros jamás habríamos tenido que deplorar tantos movimientos sediciosos y revolucionarios, tantas guerras incendiarias que pusieron fuego a la Europa entera ni tantos males que han afligido y aún la afligen; si los Príncipes hubieran hecho caso de las exhortaciones de los Papas anteriores que les inculcaban el deber de reprimir las malignas sectas….”

En otra de sus alocuciones al respecto; el 20 de abril de 1876 el Papa declara que todas esas condenaciones y prohibiciones se extienden a las logias del Brasil y a las de cualquier lugar de la tierra, para destruir el engaño de los masones brasileños que afirmaban que esa condenaciones eran solo para Europa y no para la América que, según ellos y de la beneficencia, solo se dedicaban al progreso de la civilización.


A continuación vamos a espigar el documento más duro, completo e interesante que ningún otro Papa había escrito antes. Se trata de la Carta ENCÍCLICA “HUMANUM GENUS”

Encíclica que emitió S.S. León XIII, el 20 de abril de 1884.

“A los venerables hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos y Obispos de todo el orbe católico que se conservan en gracia y comunión de la Sede Apostólica.”

El humano linaje, después de haberse, por envidia del demonio, miserablemente separado de Dios, creador y dador  de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos, de los cuales el uno combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por cuanto es contrario a la virtud y la verdad.

El uno es el Reino de Dios en la Tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual, quien quisiere estar adherido de corazón según conviene a la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo sus funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehúsan  obedecer la ley divina y eterna, y acometen empresas contra Dios o prescindiendo de Dios mismo.

Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades de contrarias leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial.

 Durante toda la continuación de los siglos contienden entre sí con varias y múltiples armas y peleas, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar unidos y batallan con la mayor vehemencia, siéndoles guía y auxilio la sociedad que llaman de los Masones, extensamente dilatada y firmemente constituida.

Sin disimular ya sus intentos, audacísimamente se animan contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios que les granjeo Jesucristo, nuestro Salvador.

Esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica constituida contra todo derecho y conveniencia era no menos perniciosa al Estado que a la Religión Cristiana, y amenazando con las más grandes penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad (de la Masonería).

El Papa sigue descubriendo con minuciosidad a la Masonería en sus propósitos como en sus tácticas de ocultamiento, hipocresía y astucia diabólica.

Dice: “Con apariencia de beneficencia, toman la máscara de literatos y sabios que se reúnen para fines científicos, hablan continuamente de su empeño por la civilización, de su amor por la ínfima plebe, que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil”

También advierte que la Masonería está ligada a otras sociedades civiles y que aún con capa religiosa, que son como satélites de ella y que maneja como ganchos para atraer incautos. En cada país y tiempo se siguen formando con el pretexto de hacer beneficencia y tener lazos sociales de convivencia.

S,S, León XIII ya conocía los grandes males que se desarrollarían durante el siglo XX, como el indiferentismo religioso, y la igualdad de todos los cultos religiosos que en este tercer milenio vemos por doquier.

La única educación religiosa que agrada a los masones, y con la que ellos desean “educar”, (nosotros decimos más bien pervertir)  a la juventud es la llamada Laica, Independiente y Libre de toda influencia religiosa católica, con la cual intentan inducir en los jóvenes, un comportamiento naturalista poniendo a la Naturaleza como el principio y norma de la justicia.

Casi al final de su Encíclica “Humanum Genus”, el Papa encarece a los Obispos que pongan todo su empeño en la educación de la juventud, esperanza de la sociedad. Por tanto. Interesa a los maestros católicos de todos los tiempos. 

Dice: “Poned en su educación vuestro principal cuidado, y nunca, por más que hagáis, creáis haber hecho lo bastante para preservar a la adolescencia de las escuelas y maestros de quienes pueda temerse el pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos, a que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos de la perversidad de estas sociedades, y que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que suelen emplear. Y aún no harían mal los que preparan a los niños para recibir la  primera comunión, en persuadirles que se propongan y empeñen a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres, a su confesor o con su párroco”

El Papa se adelantó un siglo en advertir que los gobiernos masónicos emitirían leyes completamente contrarias a las Leyes divinas, como lo están haciendo, en la actualidad siglo XXI, todos los gobiernos de los pueblos que se dicen todavía cristianos.

Y pedía, hace más de 125 años, lo que hoy mismo pretendemos: Arrancar  a los masones su máscara, para que sean conocidos tales como son.

Aquí viene al caso una anécdota personal que quiero incluir en esta exposición, porque trae una sencilla y contundente definición de lo que es la Masonería.

La primera vez que oí hablar de la Masonería, fue cuando yo era adolescente, hace casi setenta años, en la Secundaria del colegio de los hermanos lasallistas o de San Juan de Lasalle.

Ya en ese entonces, los maestros enseñaban a los alumnos, en la clase de religión, a conocer quiénes eran los mayores enemigos de nuestra religión, para estar bien advertidos, y no ser engañados más adelante cuando tuviésemos que dejar los colegios católicos y recibir información en Centros laicos y liberales, de maestros agnósticos o francamente anticatólicos.  A continuación voy a presentarles algunas definiciones interesantes.

De mi libro de “La Doctrina Cristiana”  F.T.D. de 1929, he tomado lo siguiente:

En la Lección CVII dice: Errores modernos: Racionalismo, Materialismo, Liberalismo.

En la Lección CVIII dice: Errores modernos: Masonería, Americanismo, Modernismo.

En la Lección CIX dice: Errores modernos: Espiritismo, Teosofismo, Socialismo.

698. ¿Qué es la Masonería?

“La Masonería es más bien una secta impía que un error; se puede definir: Una asociación secreta compuesta de personas de cualquier nación y religión que, bajo el falaz pretexto de socorro mutuo, libertad y progreso, tiene por fin último y principal la destrucción de las monarquías católicas y del reino de Dios, del Trono y del Altar

Según los países y las ciudades, hay varios ritos masónicos. Los masones de un mismo rito y lugar forman una Logia; el lugar de reuniones se llama Templo Masónico o Logia.

En algunos de sus templos rinden un verdadero culto a Satanás.

En otros profanan la Sagrada Hostia por odio a Jesucristo, o se entregan a ceremonias ridículas, o parodian las de la Iglesia, dando por ejemplo el Bautismo laico, etc.

Muchas revoluciones son obra de la Masonería, la que en algunos países domina de tal modo, que todas sus leyes llevan el sello de la irreligión, y  puede que nadie puede a los empleos públicos si no se es masón. Es como una obligación entre los masones inmiscuirse, abierta o solapadamente, en todos los asuntos políticos de las naciones y vedar terminantemente a los católicos tomar parte en ellos. (Este es el caso de la República Mexicana desde 1857 hasta el presente tercer milenio).” L.O.

Ese conocimiento dado por maestros católicos desde mi infancia me preservó, a lo largo de mi vida, de haber aceptado los ofrecimientos que se me hicieron en varias ocasiones para pertenecer a la Masonería.

La Masonería ha sido condenada nominalmente por casi todos los Papas desde el siglo XVIII.

S.S. Clemente XII emitió en 1738 la Constitución“In Eminenti”, en que asienta con energía; “Nadie, sin pecado grave y sin incurrir en excomunión, puede dar su nombre a la secta masónica, ni permanecer en ella; y todo cristiano debe trabajar en extirparla, prevenir a los incautos, instruir a los ignorantes y ayudar a los débiles para que todos se libren de sus redes.”

Para terminar la presente exposición voy a los últimos párrafos que escribió S,S, el Papa León XIII en 1884.

“Bien conocemos que todos nuestros comunes trabajos no bastarán para arrancar estas perniciosas semillas en el campo del Señor, si desde el Cielo el dueño dela viña nuestros esfuerzos benignamente”

“La secta, se levanta insolente, y regocijándose de sus triunfos los masones no parecen poner ya límites a su pertinacia, se prestan mutuo auxilio, todos unidos en nefando consorcio y por comunes y ocultos designios, unos a otros se excitan a todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa: En primer lugar que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones,”

“Le pedimos que estrechando filas resistan los ímpetus cada vez más violentos de los sectarios; y por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen que florezca con nuevo vigor la Religión cristiana, que vuelvan a la buena senda los descarriados, y los errores abran paso a la verdad y los vicios a la virtud. Tomemos por nuestro auxilio y mediadora a la Virgen María Madre de Dios, ya que venció a Satanás en su concepción purísima; despliegue su poder contra las sectas impías, donde se ven claramente revivir la soberbia contumaz, la indómita perfidia y os astutos fingimiento del demonio”

“Pongamos por intercesor al Príncipe de los Ángeles del Cielo, San Miguel, quien arrojó a los enemigos infernales; a San José, esposo de la Virgen Santísima, celestial patrono de la Iglesia Católica, a los grandes apóstoles San Pedro y San Pablo, sembradores de la fe cristiana y sus invictos defensores. En su patrocinio y en la perseverancia de todos en la oración, confiamos que Dios acuda oportuna y benignamente al género humano, expuesto a tan enormes peligros.

Y en prenda de los dones celestiales y de nuestra benevolencia, con el mayor amor os damos la bendición apostólica en el Señor, a vosotros, venerables Hermanos todo confiado, y al clero y al pueblo todo confiado a vuestro cuidado.”

Dado en Roma, junto a San Pedro, a 20 de abril del año 1884, séptimo de nuestro pontificado.     LEON, PP. XIII.

La encíclica que acabamos de espigar es, desde luego,  la más esclarecida, la más completa sobre el peligro de la Masonería, pero existe desde hace muchos siglos la tendencia intelectual que ha propiciado y alimentado a las sectas masónicas; esa tendencia es el pensamiento liberal, basado en el Libre examen protestante en materia religiosa.

Así, cuatro años después de la anterior, S.S. León XIII, emitió el 20 de junio de 1888, otra encíclica muy importante aunque poco difundida:

“LIBERTAS PRAESTANTISSIMUM”

Sobre  la libertad humana y el Liberalismo, doctrina filosófica compuesta por los filósofos impíos que al principio de esta exposición hemos mencionado.

El Papa había visto perfectamente, de donde venía el combustible de la Masonería, este es: El Libre Pensamiento.

“La Libertad  es una noción relativa, como también lo es la obediencia. Es buena en la medida en que busca el bien y deja de ser libertad en la medida en que conduce al mal. Dios no nos ha dado la libertad por sí misma, sino para que nos podamos dirigir al bien sin estar determinados por él.”Asienta el Papa.

León XIII distingue entre el libre albedrío o libertad psicológica o natural, y el uso bueno o malo de ese libre albedrío o libertad moral.

La libertad natural o libertad psicológica, o también, libre albedrío del hombre:

Solamente se consideran libres, a los seres espirituales que tienen inteligencia o razón. Y no a los animales que solo obedecen al instinto.

La libertad moral o el uso de la libertad:

Si consideramos que el fin último del hombre es Dios, entonces nuestra libertad tiene que elegir entre los medios que nos conducen a ese fin, que es Dios, y no a otro. Nuestra libertad de criaturas, al contrario de la libertad del Creador, puede conducirnos al mal a causa de la debilidad de nuestra inteligencia que puede equivocarse. Corremos el riesgo de elegir lo que es contrario a nuestro fin, que es Dios, apeteciendo un bien aparente que en realidad es un mal. Abrazar un bien engañoso, por más que sea indicio de libre albedrío, es un defecto de la libertad.

Así también la voluntad, don de Dios para hacer el bien y no el mal, lo mismo depende de la razón, siempre que apetece algo que de la recta razón se aparta, inficiona en sus fundamentos viciosamente a la libertad y usa de ella perversamente. Es decir: por la libertad elegimos y por la voluntad actuamos.

Elegir un mal, y hacer el mal es defecto de la libertad, porque en el fondo hemos elegido la propia destrucción. Querer lo que es pecado es desear la propia imperfección. Buscar hacer el mal es querer el propio aniquilamiento. Por lo tanto, este es el caso de los individuos que proclaman la Libertad como cosa inalterable en sí; que endiosan la libertad humana, como los filósofos del liberalismo; que dicen que el hombre es libre, y que tiene el poder y derecho de ejercer su libertad, y hacer lo que quiera, aún si se trata de hacer el mal.

Este es el razonamiento de los liberales de cualquier tipo, por ejemplo los masones quienes se llaman a sí mismos “hombres libres”, y que su ideología, filosofía, religión y conducta son en todo liberales.

He aquí claramente expresado, por S.S. León XIII, en pensamiento de los enemigos de la Recta Doctrina de la tradición católica.

El hombre de mente liberal confunde todas las nociones, sus palabras son ambiguas, no las define claramente. El hombre de mente liberal es ese espíritu falso que siempre se contradice a sí mismo, afirmando una cosa y dando a la contraria el mismo valor, poniéndose en una incoherencia constante. Los liberales no son gente absoluta, siempre se sitúan entre el error y la verdad, se contradicen y se escabullen. Y de este modo tratan de destruir la verdad, el dogma y la Fe.

Lamentablemente, este pensamiento dirige nuestras sociedades actuales, y como una mancha de aceite lo ha invadido todo, hasta la Jerarquía eclesiástica que participó en el Concilio Pastoral Vaticano II, y cuya gran mayoría consiguió “la renovación” de todo lo que la Iglesia Católica había creído y practicado hasta 1958, para adecuarse a las costumbres liberales del mundo. La desviación de esa mayoría de los jerarcas de la Iglesia se debió, en buena parte al pensamiento liberal que desde el siglo XIX había esta pugnando por tratar de conciliar el error con la verdad; lo mundano  con lo divino; la Ciudad de Dios con la Ciudad del hombre. La reconciliación y la paz entre los opuestos a cualquier precio. Preconizando la libertad de consciencia y libertad de cultos.

Pero con esto, se han ido debilitando cuando no destruido, las fuerzas de resistencia de los católicos apegados a su Tradición milenaria que ha sido siempre absolutista y tajante en la VERDAD MISMA que es la Fe en la Revelación de Jesucristo Nuestro Señor, Su Doctrina y Su Iglesia.

¿QUÉ ES LA LIBERTAD PARA EL FIEL CATÓLICO?

Siguiendo el pensamiento de las Encíclicas de los Papas especialmente las de S.S. León XIII.

La Libertad es la facultad de elegir los procedimientos, guardando el orden a un debido fin. Dios nos ha determinado ese fin para siempre. Él es el fin último de nuestra vida, es decir: La Gloria de Dios y la salvación de nuestra alma. Y para llegar a ese fin último, Dios nos guía con Sus Leyes.

Las Leyes del Decálogo son “los letreros” del camino que debe conducirnos al fin último de nuestra vida que es estar en la presencia de Dios. Tenemos la libertad y somos libres de hacer caso a los letreros del camino haciendo uso de los dones divinos: nuestra voluntad o libre albedrío de criaturas. O de no hacer caso de ellos y perdernos.

Nuestra libertad de criaturas no es absoluta, solamente es absoluta para Dios el Creador de todo lo que existe.

Sin embargo los liberales a ultranza, los masones dicen: “Si el fin último de la libertad está determinado ya, entonces no somos libres, no tenemos libertad”. Quieren aplicar el absolutismo a la libertad sin verse como criaturas que son; ellos quieren ser como Dios, el mismo pensamiento de Luzbel. Los liberales, y con ellos, todo lo que se deriva de su pensamiento como es la doctrina del Liberalismo en todas sus modalidades: la Masonería; las Filosofías humanistas; las doctrinas materialistas, etc.

Usan la libertad de manera perversa, la usan en forma contraria a lo constituido por Dios: no para la Gloria y Servicio del Creador, sino para hacer su propia voluntad egoísta.

El liberalismo es el compendio de todas las herejías, por tanto, para un católico, adoptar las ideas y comportamientos liberales es cometer pecado grave.

Mientras el verdadero católico ha de usar la Libertad para lo que Dios la dio a sus criaturas: Salvar su alma y dar Gloria a su Creador. La festividad de Cristo Rey fue instituida por S.S. Pío XI contra la herejía del liberalismo.

He aquí la importancia de la Encíclica “Libertas Praestantissimun” que llega hasta el fondo de la definición de la Libertad, y que con ella trata de eliminar los errores del Liberalismo masónico.

A pesar de las advertencias anteriores, hoy en día, la mayor parte de los países, sino es que todos los de raíz cristiana, se rigen por Constituciones políticas impregnadas de liberalismo elaboradas por la Masonería.

Pero esto no quiere decir que no haya remedio: Nuestro Señor Jesucristo y Su Santísima Madre la Virgen María nos han dado la solución para este terrible mal del Misterio de Iniquidad que menciona San Pablo en segunda carta a los tesalonicenses.  La solución la reveló San Pío X en su lema de pontificado: “INSTAURARE OMNIA IN CHISTO”

LUIS OZDEN, Enero de 2013.

OBRAS CONSULTADAS:

La Santa Biblia: Versión directa de los textos primitivos por Mons. Johann Straubinger, Prensa Católica, 1958.

“Soy yo el acusado, quien tendría que juzgarlos”, Mons. Marcel Lefebvre, Voz en el Desierto, 2004.

“Simbolismo de la Masonería”, Mons. Johann Gabriel Meurin, NOS, Madrid, 1957.

“La Tradición Apostólica versus la Cábala Gnóstica”, Luis G. Pérez de León, 2002.

“Il problema dell’ora presente”, Enrico Dellassus, 1907.

lunes, 27 de mayo de 2013

TEXTO SINTÉTICO SOBRE LA CONSAGRACIÓN DE MÉXICO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUCRISTO Y SU PROCLAMACIÓN DE LA REALEZA DE CRISTO.






ANTECEDENTES:

La moción para consagrar la República Mexicana el 6 de enero de 1914 y su consiguiente proclamación de Cristo como Rey de la nación, para conservar la Religión Católica, religión mayoritaria del pueblo mexicano,  a causa de la Revolución anticristiana y masónica,  provocada por sus enemigos nacionales e internacionales de la nación;  tenía su antecedente en la Encíclica “Annum Sacrum” que S. S. León XIII emitió el 25 de mayo de 1899, para consagrar al género humano entero.
Pero la idea para la Consagración específica a la Nación Mexicana partió del señor Arzobispo de Linares, Monterrey; quien se dirigió al Arzobispo de México Dr. José Mora y del Río. Este a su vez, aceptó la idea y escribió a fines del año de 1911, una circular a sus hermanos los señores arzobispos y obispos de todas las diócesis mexicanas pidiendo su parecer respecto a organizar una reunión de todos, para preparar la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús.
Pero, en vista del amago revolucionario de ese año para subvertir el orden. No pudieron organizarse por los desórdenes de 1912 y principios de 1913. Sin embargo, a partir de marzo de 1913, gracias a un gobierno estable y fuerte bajo la autoridad del General Victoriano Huerta; se dieron las condiciones para que el V. Episcopado Nacional, por medio del Arzobispo José Mora del Río, pidiera a S.S. Pío X su beneplácito por la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús.
Durante ese año hubo intercambio de correspondencia entre el Arzobispado de México y la Santa Sede, dando por resultado la Carta de San Pío X a los Obispos mexicanos del 12 de noviembre de 1913.  Carta que existe en el Archivo Arzobispal y que este año de 2013 se cumplirá el Centenario de su emisión. Y, que a continuación, transcribiré íntegra en este texto.
Pero, antes, conviene transcribir el primer párrafo de la Segunda Carta pastoral del Ilmo. y Revmo. Sr. Dr. y Mtro. Don Francisco Orozco y Jiménez, quinto arzobispo de Guadalajara con motivo de la solemne Consagración de la República Mexicana al Sacratísimo Corazón de Jesús.
“A moción del Ilmo. Revmo. Sr. Arzobispo de México y por unánime acuerdo del V. Episcopado Nacional, la Santidad del Señor Pío X, ha accedido con gusto a que la República de México se consagre solemnemente y rinda vasallaje al S. Corazón de Jesús en demanda pública de remedio para las necesidades que nos aquejan; -si así es del deífico beneplácito- la tan deseada paz nacional.”

CARTA DE SU SANTIDAD PÍO X AL EPISCOPADO MEXICANO
“A NUESTROS VENERABLES HERMANOS LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE LA REPÚBLICA MEXICANA.”
PIO PAPA X.
VENERABLES HERMANOS, SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA.

“Nos habéis propuesto un proyecto tanto más honroso para vosotros, cuanto para Nos indeciblemente grato.”
“Porque meditando vosotros con grande atención lo que Nuestro Predecesor León XIII, de recordación feliz, escribió en su encíclica “Annum Sacrum”, relativo a la consagración de los hombres al Sacratísimo Corazón de Jesucristo, habéis resuelto consagrar, el próximo día seis de enero, al mismo Corazón Divino, Rey Inmortal de los siglos, la República de México, y para dar mayor solemnidad a esta consagración que pensáis hacer  y mostrar a vuestros pueblos toda la importancia trascendental de ella, determináis decorar las imágenes del Corazón de Jesucristo con las insignias de la realeza.”
“Todo esto, Nos lo aprobamos de buen grado. Más como quiera que el Rey de Gloria eterna haya sido ornado con corona de espinas, la cual muy mucho más hermosa aún que el oro y que las piedras preciosas vence en este esplendor a las coronas de estrellas, las insignias de Majestad Regia son a saber: la Corona y el Cetro, habrán de colocarse a los pies de las sagradas imágenes.”
“Desde hace ya mucho tiempo que con grande solicitud hemos considerado a vuestra Nación y a vuestros asuntos, perturbados por graves desórdenes, y bien sabemos que para conservar y sostener la salud, y la paz de los pueblos, es de este punto necesario conducir a los hombres a este puerto seguro de salvación, a este Sagrario de la paz, que Dios por su infinita benignidad se dignó abrir al humano linaje, en el Corazón Augusto de Cristo Su Hijo.”
“De ese Corazón brote para vosotros Venerables Hermanos, y para vuestra Nación entera agitada rudamente por incesantes discordias, la gracia que hacía menester para la salvación eterna y la paz que como fuente inagotable de todos los bienes, con tan indecible ansia anhelan a una voz vuestros conciudadanos.”
“En presagio de ambos bienes y en testimonio de nuestra benevolencia sea esta Nuestra Bendición Apostólica, a la cual, a vosotros, Venerables Hermanos, lo mismo que al clero y al pueblo, encomendados a cada uno de vosotros, de lo íntimo de nuestro Corazón enviamos en el Señor.”
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día doce de Noviembre de mil novecientos trece, año undécimo de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA X
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COMENTARIOS DEL ARZOBISPO D. FRANCISCO OROZCO Y JIMÉNEZ A LACARTA PAPAL.
“Las letras citadas expresan el grande amor que nos profesa el Santo Padre, interesándose por nuestra suerte e indicándonos los medios eficaces de desagravio  a Dios, ofendido por nuestros pecados.”
“En verdad: ¿qué medio  más oportuno que la proclamación pública del Reinado Social de Jesucristo?  Al coronarlo del modo como Él puede ser coronado, y ofrecerle un cetro, símbolo del dominio que tiene en las sociedades y en los individuos, en los reyes y en los súbditos, en los emporios de la civilización y en las pequeñas aldeas, de todas partes se elevará un himno grandioso de alabanza, de amor y desagravio al Corazón de Dios, atribulado por nuestras iniquidades.”
“A la vista de la situación de nuestra Patria, no cabe duda, según la expresión de un Venerable Prelado, que algo de colectivo falta para desarmar el brazo justiciero de Dios y que ceses las calamidades públicas;  y ese algo bien puede ser la nueva Consagración al Corazón de Jesús.”
“En ese acto estará interesada la Fe que heredamos de nuestros mayores, no menos que la piedad y la beneficencia, por las obras de culto y caridad que aunemos a la protestación de la vigorosa Fe, porque del amor de Dios es complemento el amor al prójimo, al ser el precepto del segundo semejante al del primero, como asevera el Salvador.”
A profesar la Fe y a practicar la caridad, con ocasión de nuestros cultos al Sacratísimo Corazón de Jesús, nos moverá la altísima significación de los misterios que la Santa Iglesia propone en la fecha providencialmente fijada para la solemne Consagración: la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo. En ese día se presenta Nuestro Salvador al universo mundo como revestido de la autoridad real de Monarca Supremo y recibiendo las más puntuales adoraciones;  la gentilidad representada en tres grandes personajes, viene a los pies de Jesucristo; acuden las ciencias y las artes, y las magnificencias humanas a rendir a Cristo un amplio vasallaje.”
“Además: en la Epifanía se celebra el Bautismo de Jesús, con toda la humildad y la Fe de aquel memorable hecho en que el Divino Nazareno estableció el sacramento de regeneración, por el cual, al recibirlo, nos hacemos hijos de Dios y herederos del Reino de los Cielos”.
“Finalmente, se conmemora en la Epifanía la realización de aquellas célebres bodas, santificadas con la presencia de Jesús y de María, y en que el matrimonio vino a ser una de las fuentes de la Gracia, y el origen santificado de la sociedad doméstica”.
“Ahora bien; tan completo y máximo testimonio de obsequio y de piedad (la Consagración que se hace) conviene de un modo especial a Jesucristo por ser Príncipe y Sumo Señor de todas las cosas…. Y la universalidad del género humano está bajo la potestad de Jesucristo; puesto que quien es unigénito del Padre y consustancial a Él, esplendor de Su Gloria y figura de Su substancia, es necesario que tenga comunes todas las cosas con el Padre y consiguientemente el sumo imperio de todas ellas. Cristo ejerce el sumo poder, no solo con derecho nativo, sino también con derecho adquirido. Él nos libró del poder de las tinieblas y también se entregó a redención a sí mismo por todos. Todo cuanto dio lo dio por adquirirlo todo.”
“Esta potestad Cristo la ejerce sobre los hombres todos por medio de la Verdad, de la Justicia, y principalmente de la Caridad.”
“Para el fundamento de tal potestad y dominio, benignamente permite que nosotros añadamos una devoción voluntaria. Ciertamente Jesucristo, Dios y Redentor a la vez, es rico en la posesión perfecta y cumplida de todas las cosas; mientras que nosotros somos tan pobres e indigentes, que nada poseemos que sea bastante para remunerarlo.”
“Pero no obstante, llevado de su bondad y caridad suma, Jesucristo no rechaza que le ofrezcamos lo que es suyo, y que se lo demos y consagremos como si se tratara de cosa nuestra; y no solamente no la rechaza, sino que la pide repetidamente: Hijo mío, dame tu corazón. Así, pues, podemos todos ciertamente podemos gratificarle con el mejor ánimo y buena voluntad;  puesto que consagrándonos al Mismo, no solamente reconocemos y acatamos su poderío de un modo grato y manifiesto, sino que a la par atestiguamos con ello que, si en realidad de verdad fuese nuestro lo que ofrecemos, lo daríamos con la misma excelente voluntad, y le pedimos a la vez que no se ofenda al admitir de nosotros lo que es completamente suyo.”
“Y puesto que en el Sagrado Corazón se encierra el símbolo y la expresión de la infinita caridad de Cristo, que nos incita a amarnos mutuamente, es justo consagrarse a Su Corazón Augusto, lo que no es otra cosa más que, entregarse y obligarse con Jesucristo, ya que todo honor, obsequio o devoción piadosa que se ofrece al Corazón Divino, se ofrece propia y verdaderamente al mismo Cristo.”
“Consagrémonos, por tanto, social y privadamente, al Sagrado Corazón de Jesús”
“Conságresele el Sacerdocio, participante de la potestad del mismo Dios, al administrar los sagrados misterios, y propagar en las sociedades y en las conciencias el Reinado de Cristo. En la renovación del sacrificio incruento, en el rezo del Oficio Divino, en la adoración del Sacramento de Amor; al predicar, al exhortar y dirigir oportuna e importunamente, arguyendo, suplicando con toda paciencia y doctrina, el Sacerdote vivirá con la vida de Cristo, y del Corazón Divino le vendrá la abundancia de gracia que necesita para el ejercicio de las altísimas funciones que desempeña.”
“Conságrese al Sagrado Corazón de Jesús la sociedad civil en sus diversos elementos, ahora que gobernantes y gobernados niegan, por apostasía pública, al Cristo, proclaman _a imitación del pueblo deicida_  que no quieren que Aquel reine sobre ellos.”
“Ocurra la sociedad en masa a los espléndidos cultos que rodearán esta solemne Consagración; ya acercándose al banquete eucarístico, ya visitando al Prisionero de los tabernáculos o manifiesto a la adoración pública; y que esa Consagración pase, por abundantes corrientes de gracia, del templo al hogar, y que en éste haya júbilo santo y mayor expansión de piedad, y de alegría; el Sacratísimo Corazón será el Dueño de la casa y el Él hallarán refrigerio todos los miembros de la familia, grandes y pequeños. Los gozos y las lágrimas convergerán, por decirlo así, al Corazón de Jesús, fervorosa y constantemente”.
“Las almas entregadas a Dios, ya por promesa solemnes o por  aceptadas y ordenadas prácticas de piedad y de beneficencia, en innumerables confraternidades, de todas las condiciones, edades y sexos, conságrense al Divino Corazón de un modo espontáneo y singular. En la soledad del templo, en las fatigas cotidianas del hogar, en el ejercicio de las obras de misericordia, en la enseñanza de la Doctrina Cristiana y tantas otras obras, habrá ocasión de ofrecerse al Sagrado Corazón para alabarlo y desagraviarlo.”
“Las escuelas católicas, los Hospitales, los Asilos, los Orfanatorios, las Casas Religiosas, conságrense también al Corazón de Cristo. La prensa católica cumpla su noble misión de prestar al Corazón Deífico sus homenajes llevando a todas partes la buena semilla de la lectura sana, y a la vez, siempre amena y oportuna.”
“Hágase que la porción escogida y grata al Corazón Divino _la niñez inocente_ beba allí, en aquel manantial, las aguas purísimas de la Gracia; y renovando las promesas del Bautismo o asistiendo a prácticas exclusivas de misión, y sobre todo, comulgando, forme una gloriosa Corte del Rey de los Cielos y tierra.”
“Que el Corazón de Jesús extienda su dominio a los hogares atribulados por las enfermedades, o por la ausencia o por la muerte de sus seres queridos, y que conforte con su presencia real los corazones agobiados por el dolor. Que las miradas divinas lleven la regeneración a los encarcelados; y los inválidos y los pobres alégrense al sentir los carismas del Corazón de Dios.”
“¡Consagrémonos todos al Corazón de Jesús!  Propaguemos y defendamos Su Realeza, de la cual dimana toda autoridad, para cese la lucha fratricida, y viviendo todos como hermanos, luzcan días serenos para México; y así, ligados con vínculos de caridad, seamos dignos participantes, un día, con Cristo, de la gloria de la Iglesia Triunfante”.
“Para darle forma al hermoso pensamiento de que Nos hemos venido ocupando, los Párrocos y Rectores encargados de los templos de esta Arquidiócesis, preparan, acomodándose a las circunstancias de lugar y personas,  los cultos que deban celebrarse el repetido día seis de enero próximo, a fin de que la Coronación y Consagración de que se trata, revista la mayor solemnidad posible.”
“Pero con el objeto de que, en lo general, haya la uniformidad que es de desearse, disponemos:
“I.- Que en toda la Arquidiócesis haya un Triduo en honor del Sacratísimo Corazón de Jesús, que deberá comenzar el día cuatro del repetido enero, con exposición del Sacratísimo Sacramento, todo el día, en donde fuere posible, o por lo menos en la Misa y en el ejercicio vespertino; para cuya exposición concedemos nuestra licencia.”
“II.- El día seis, designado para la Consagración, se hará ésta, después de una Misa solemne, colocando la Corona y el Cetro a los pies de la imagen del Sagrado Corazón. En la Misa se predicará al pueblo la trascendencia del acto de la Consagración de nuestra Patria toda al Divino Corazón; cuya Consagración se hará usando la fórmula que anualmente se emplea en el mes de junio para el mismo objeto, y deberá tener lugar enseguida de la Coronación.”
“III.- Se procurará que hay el mayor número de comuniones de desagravio”
“IV.- Se dispondrá que haya algunas manifestaciones exteriores de regocijo, para que sea como una expresión pública de nuestro amor y veneración al Sacratísimo Corazón
“V.- Oportunamente se hará conocer a los fieles, de esta capital, el programa de las festividades que tendrán lugar en la Santa Iglesia Catedral, y los demás que se acordarán para celebrar el fastuoso acontecimiento”
“Esta Carta Pastoral será leída inter Missarum Solemnia el primer día festivo después de su recibo.”
“Recibid, venerables Hermanos y amados Hijos, la Bendición Pastoral que os enviamos en el nombre + del Padre, + del Hijo y + del Espíritu Santo.”
“Dada en Nuestro Palacio Arzobispal de Guadalajara, el día 18 de diciembre, fiesta de la Expectación del Parto de la Santísima Virgen María, de 1913.”
+Francisco, Arzobispo de Guadalajara.

Para que sirva como antecedente de la Consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús; he creído conveniente transcribir la Carta Encíclica que S.S. León XIII, Papa reinante de la Iglesia Católica en 1899. Transcripción íntegra de la Carta Encíclica “Annum Sacrum” de S.S.  León XIII.

CARTA ENCÍCLICA”ANNUM SACRUM”
DE NUESTRO PADRE LEON XIII, PAPA SEGÚN LA DIVINA PROVIDENCIA; A LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y OTROS ORDINARIOS, EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA.

De la Consagración del Género Humano
al Sagrado Corazón de Jesús

Hace poco, como sabéis, ordenamos por cartas apostólicas que próximamente celebraríamos un jubileo (annum sacrum), siguiendo la costumbre establecida por los antiguos, en esta ciudad santa. Hoy, en la espera, y con la intención de aumentar la piedad en que estará envuelta esta celebración religiosa, nos hemos proyectado y aconsejamos una manifestación fastuosa. Con la condición que todos los fieles Nos obedezcan de corazón y con una buena voluntad unánime y generosa, esperamos que este acto, y no sin razón, produzca resultados preciosos y durables, primero para la religión cristiana y también para el género humano todo entero.
Muchas veces Nos hemos esforzado en mantener y poner más a la luz del día esta forma excelente de piedad que consiste en honrar al Sacratísimo Corazón de Jesús. Seguimos en esto el ejemplo de Nuestros predecesores Inocencio XII, Benedicto XIV, Clemente XIII, Pío VI, Pío VII y Pío IX. Esta era la finalidad especial de Nuestro decreto publicado el 28 de junio del año 1889 y por el que elevamos a rito de primera clase la fiesta del Sagrado Corazón.
Pero ahora soñamos en una forma de veneración más imponente aún, que pueda ser en cierta manera la plenitud y la perfección de todos los homenajes que se acostumbran a rendir al Corazón Sacratísimo. Confiamos que esta manifestación de piedad sea muy agradable a Jesucristo Redentor.
Además, no es la primera vez que el proyecto que anunciamos, sea puesto sobre el tapete. En efecto, hace alrededor de 25 años, al acercarse la solemnidad del segundo Centenario del día en que la bienaventurada Margarita María de Alacoque había recibido de Dios la orden de propagar el culto al divino Corazón, hubo muchas cartas apremiantes, que procedían no solamente de particulares, sino también de obispos, que fueron enviadas en gran número, de todas partes y dirigidas a Pío IX. Ellas pretendían obtener que el soberano Pontífice quisiera consagrar al Sagrado Corazón de Jesús, todo el género humano. Se prefirió entonces diferirlo, a fin de ir madurando más seriamente la decisión. A la espera, ciertas ciudades recibieron la autorización de consagrarse por su cuenta, si así lo deseaban y se prescribió una fórmula de consagración. Habiendo sobrevenido ahora otros motivos, pensamos que ha llegado la hora de culminar este proyecto.
Este testimonio general y solemne de respeto y de piedad, se le debe a Jesucristo, ya que es el Príncipe y el Maestro supremo. De verdad, su imperio se extiende no solamente a las naciones que profesan la fe católica o a los hombres que, por haber recibido en su día el bautismo, están unidos de derecho a la Iglesia, aunque se mantengan alejados por sus opiniones erróneas o por un disentimiento que les aparte de su ternura.
El reino de Cristo también abraza a todos los hombres privados de la fe cristiana, de suerte que la universalidad del género humano está realmente sumisa al poder de Jesús. Quien es el Hijo Único de Dios Padre, que tiene la misma substancia que El y que es “el esplendor de su gloria y figura de su substancia” (Hebreos 1:3), necesariamente lo posee todo en común con el Padre; tiene pues poder soberano sobre todas las cosas. Por eso el Hijo de Dios dice de sí mismo por la boca del profeta: “Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo… El me ha dicho: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra” (Salmo 2: 6-8).
Por estas palabras, Jesucristo declara que ha recibido de Dios el poder, ya sobre la Iglesia, que viene figurada por la montaña de Sión, ya sobre el resto del mundo hasta los límites más alejados. ¿Sobre qué base se apoya este soberano poder? Se desprende claramente de estas palabras: “Tu eres mi Hijo.” Por esta razón Jesucristo es el hijo del Rey del mundo que hereda todo poder; de ahí estas palabras: “Yo te daré las naciones por herencia”. A estas palabras cabe añadir aquellas otras análogas de san Pablo: “A quien constituyó heredero universal.”
Pero hay que recordar sobre todo que Jesucristo confirmó lo relativo a su imperio, no sólo por los apóstoles o los profetas, sino por su propia boca. Al gobernador romano que le preguntaba:” ¿Eres Rey tú?”, Él contestó sin vacilar: “Tú lo has dicho: Yo soy rey!” ( San Juan 18:37) La grandeza de este poder y la inmensidad infinita de este reino, están confirmados plenamente por las palabras de Jesucristo a los Apóstoles: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra.” (Mt 28:18). Si todo poder ha sido dado a Cristo, se deduce necesariamente que su imperio debe ser soberano, absoluto, independiente de la voluntad de cualquier otro ser, de suerte que ningún poder no pueda equipararse al suyo. Y puesto que este imperio le ha sido dado en el cielo y sobre la tierra, se requiere que ambos le estén sometidos.
Efectivamente, El ejerció este derecho extraordinario, que le pertenecía, cuando envió a sus apóstoles a propagar su doctrina, a reunir a todos los hombres en una sola Iglesia por el bautismo de salvación, a fin de imponer leyes que nadie pudiera desconocer sin poner en peligro su eterna salvación. Pero esto no es todo. Jesucristo ordena no sólo en virtud de un derecho natural y como Hijo de Dios sino también en virtud de un derecho adquirido. Pues “nos arrancó del poder de las tinieblas” (Colos. 1:13) y también “se entregó a sí mismo para la Redención de todos” (1 Tim 2:6).
No solamente los católicos y aquellos que han recibido regularmente el bautismo cristiano, sino todos los hombres y cada uno de ellos, se han convertido para El “en pueblo adquirido.” (1 P 2:9). También san Agustín tiene razón al decir sobre este punto: “¿Buscáis lo que Jesucristo ha comprado? Ved lo que El dio y sabréis lo que compró: La sangre de Cristo es el precio de la compra. ¿Qué otro objeto podría tener tal valor? ¿Cuál si no es el mundo entero? ¿Cuál sino todas las naciones? ¡Por el universo entero Cristo pagó un precio semejante!” (Tract., XX in Joan.).
Santo Tomás nos expone largamente porque los mismos infieles están sometidos al poder de Jesucristo. Después de haberse preguntado si el poder judiciario de Jesucristo se extendía a todos los hombres y de haber afirmado que la autoridad judiciaria emana de la autoridad real, concluye netamente: “Todo está sumido a Cristo en cuanto a la potencia, aunque no lo está todavía sometido en cuanto al ejercicio mismo de esta potencia” (Santo Tomás, III Pars. q. 30, a.4.). Este poder de Cristo y este imperio sobre los hombres, se ejercen por la verdad, la justicia y sobre todo por la caridad.
Pero en esta doble base de su poder y de su dominación, Jesucristo nos permite, en su benevolencia, añadir, si de nuestra parte estamos conformes, la consagración voluntaria. Dios y Redentor a la vez, posee plenamente y de un modo perfecto, todo lo que existe. Nosotros, por el contrario, somos tan pobres y tan desprovistos de todo, que no tenemos nada que nos pertenezca y que podamos ofrecerle en obsequio. No obstante, por su bondad y caridad soberanas, no rehúsa nada que le ofrezcamos y que le consagremos lo que ya le pertenece, como si fuera posesión nuestra. No sólo no rehúsa esta ofrenda, sino que la desea y la pide: “Hijo mío, dame tu corazón!” Podemos pues serle enteramente agradables con nuestra buena voluntad y el afecto de nuestra s almas. Consagrándonos a El, no solamente reconocemos y aceptamos abiertamente su imperio con alegría, sino que testimoniamos realmente que si lo que le ofrecemos nos perteneciera, se lo ofreceríamos de todo corazón; así pedimos a Dios quiera recibir de nosotros estos mismos objetos que ya le pertenecen de un modo absoluto. Esta es la eficacia del acto del que estamos hablando, y este es el sentido de sus palabras.
Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo. Obrar así, es darse y unirse a Jesucristo, pues los homenajes, señales de sumisión y de piedad que uno ofrece al divino Corazón, son referidos realmente y en propiedad a Cristo en persona.
Nos exhortamos y animamos a todos los fieles a que realicen con fervor este acto de piedad hacia el divino Corazón, al que ya conocen y aman de verdad. Deseamos vivamente que se entreguen a esta manifestación, el mismo día, a fin de que los sentimientos y los votos comunes de tantos millones de fieles sean presentados al mismo tiempo en el templo celestial.
Pero, ¿podemos olvidar esa innumerable cantidad de hombres, sobre los que aún no ha aparecido la luz de la verdad cristiana? Nos representamos y ocupamos el lugar de Aquel que vino a salvar lo que estaba perdido y que vertió su sangre para la salvación del género humano todo entero. Nos soñamos con asiduidad traer a la vida verdadera a todos esos que yacen en las sombras de la muerte; para eso Nos hemos enviado por todas partes a los mensajeros de Cristo, para instruirles. Y ahora, deplorando su triste suerte, Nos los recomendamos con toda nuestra alma y los consagramos, en cuanto depende de Nos, al Corazón Sacratísimo de Jesús.
De esta manera, el acto de piedad que aconsejamos a todos, será útil a todos. Después de haberlo realizado, los que conocen y aman a Cristo Jesús, sentirán crecer su fe y su amor hacia El. Los que conociéndole, son remisos a seguir su ley y sus preceptos, podrán obtener y avivar en su Sagrado Corazón la llama de la caridad. Finalmente, imploramos a todos, con un esfuerzo unánime, la ayuda celestial hacia los infortunados que están sumergidos en las tinieblas de la superstición. Pediremos que Jesucristo, a Quien están sometidos “en cuanto a la potencia”, les someta un día “en cuanto al ejercicio de esta potencia”. Y esto, no solamente “en el siglo futuro, cuando impondrá su voluntad sobre todos los seres recompensando a los unos y castigand o a los otros” (Santo Tomás, id, ibidem.), sino aún en esta vida mortal, dándoles la fe y la santidad. Que puedan honrar a Dios en la práctica de la virtud, tal como conviene, y buscar y obtener la felicidad celeste y eterna.
Una consagración así, aporta también a los Estados la esperanza de una situación mejor, pues este acto de piedad puede establecer y fortalecer los lazos que unen naturalmente los asuntos públicos con Dios. En estos últimos tiempos, sobre todo, se ha erigido una especie de muro entre la Iglesia y la sociedad civil. En la constitución y administración de los Estados no se tiene en cuenta para nada la jurisdicción sagrada y divina, y se pretende obtener que la religión no tenga ningún papel en la vida pública. Esta actitud desemboca en la pretensión de suprimir en el pueblo la ley cristiana; si les fuera posible hasta expulsarían a Dios de la misma tierra.
Siendo los espíritus la presa de un orgullo tan insolente, ¿es que puede sorprender que la mayor parte del género humano se debata en problemas tan profundos y esté atacada por una resaca que no deja a nadie al abrigo del miedo y el peligro? Fatalmente acontece que los fundamentos más sólidos del bien público, se desmoronan cuando se ha dejado de lado, a la religión. Dios, para que sus enemigos experimenten el castigo que habían provocado, les ha dejado a merced de sus malas inclinaciones, de suerte que abandonándose a sus pasiones se entreguen a una licencia excesiva.
De ahí esa abundancia de males que desde hace tiempo se ciernen sobre el mundo y que Nos obligan a pedir el socorro de Aquel que puede evitarlos. ¿Y quién es éste sino Jesucristo, Hijo Único de Dios, “pues ningún otro nombre le ha sido dado a los hombres, bajo el Cielo, por el que seamos salvados” (Act 4:12). Hay que recurrir, pues, al que es “el Camino, la Verdad y la Vida”.
El hombre ha errado: que vuelva a la senda recta de la verdad; las tinieblas han invadido las almas, que esta oscuridad sea disipada por la luz de la verdad; la muerte se ha enseñoreado de nosotros, conquistemos la vida. Entonces nos será permitido sanar tantas heridas, veremos renacer con toda justicia la esperanza en la antigua autoridad, los esplendores de la fe reaparecerán; las espadas caerán, las armas se escaparán de nuestras manos cuando todos los hombres acepten el imperio de Cristo y sometan con alegría, y cuando “toda lengua profese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre” (Fil. 2:11).
En la época en que la Iglesia, aún próxima a sus orígenes, estaba oprimida bajo el yugo de los Césares, un joven emperador percibió en el Cielo una cruz que anunciaba y que preparaba una magnífica y próxima victoria. Hoy, tenemos aquí otro emblema bendito y divino que se ofrece a nuestros ojos: Es el Corazón Sacratísimo de Jesús, sobre él que se levanta la cruz, y que brilla con un magnífico resplandor rodeado de llamas. En él debemos poner todas nuestras esperanzas; tenemos que pedirle y esperar de él la salvación de los hombres.
Finalmente, no queremos pasar en silencio un motivo particular, es verdad, pero legítimo y serio, que nos presiona a llevar a cabo esta manifestación. Y es que Dios, autor de todos los bienes, Nos ha liberado de una enfermedad peligrosa. Nos queremos recordar este beneficio y testimoniar públicamente Nuestra gratitud para aumentar los homenajes rendidos al Sagrado Corazón.
Nos decidimos en consecuencia, que el 9, el 10 y el 11 del mes de junio próximo, en la iglesia de cada localidad y en la iglesia principal de cada ciudad, sean recitadas unas oraciones determinadas. Cada uno de esos días, las Letanías del Sagrado Corazón, aprobadas por nuestra autoridad, serán añadidas a las otras invocaciones. El último día se recitará la fórmula de consagración que Nos os hemos enviado, Venerables Hermanos, al mismo tiempo que estas cartas.
Como prenda de los favores divinos y en testimonio de Nuestra Benevolencia, Nos concedemos muy afectuosamente en el Señor la bendición Apostólica, a vosotros, a vuestro clero y al pueblo que os está confiado.
Dado en Roma, el 25 de mayo de 1899,

el 22 de Nuestro Pontificado
León XIII, papa



La Consagración de una persona, de una familia o de toda una población a Cristo Rey y Su Sacratísimo Corazón es algo muy conveniente en todas las épocas, pero mucho más, la de una nación en grave peligro de ser atacada por los enemigos de la Religión Católica, como se encontraba México en la primera década del siglo XX. Sus ancestrales enemigos querían introducir el comunismo de manera experimental a un pueblo acendradamente católico; víctima ya, entonces, de más de un siglo de ataques, contra su religión y su Iglesia, venidos todos desde sus numerosos gobiernos masónicos, que uno tras otro, seguía las consignas de los gobiernos yanquis para erradicar la Fe católica de los mexicanos en favor del protestantismo y del materialismo ateo.
Pero, la Misericordia de Dios dispuso que México fuera el tercer país en consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús  hasta esa fecha. Antes habían sido: la República del Ecuador el 23 de marzo de 1873 por iniciativa de su presidente el general Gabriel García Moreno. Y la República de la Argentina en 1884.  
Una vez recibida en México, la Carta pontificia, todas las Asociaciones Católicas en consonancia con el Arzobispo José Ma. Mora y del Río, y todas las autoridades de la Iglesia en México pusieron manos a la obra para a nuestra nación al Sagrado Corazón de Jesús. Se convino la fecha de la Epifanía, 6 de enero de 1914 y la solemne Proclamación de Cristo Rey para el 11 de ese mismo mes de enero en la Catedral Metropolitana.
El 6 de enero de 1914 en la Iglesia del antiguo convento de San Francisco; los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda, la Corona y el Cetro que el Arzobispo José Ma. Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey.
El eminente historiador monseñor Emilio Silva de Castro, en su libro: “La Virgen María de Guadalupe Reina de México y Emperatriz de América” escribió refiriéndose al gran acto ignorado por la mayoría de los católicos del siglo XXI: “Los males terribles que amenazaban a la Patria, y que los fieles católicos trataban de evitar con esa proclamación, y eran evidentes en las acciones de la Revolución satánica, judaica y masónica mundial, en México encarnada en la revolución carrancista de 1913…..”
Esos males que amenazaban a México a principios del siglo XX hubieran podido ser muchísimo peores de lo que fueron si el país no se hubiese consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesucristo y proclamado Su Realeza.  También preparó los corazones del pueblo católico para soportar el segundo embate de las fuerzas anticristianas, aún mayores, que se presentaron diez años más tarde con la guerra Cristera, y que produjo tantos mártires por defender la Realeza de Cristo.
Para finalizar este  folleto, he encontrado algunas reflexiones muy interesantes respecto a la conducta que los fieles católicos debemos seguir en la lucha final que ya se avecina entre los fieles a Cristo y el poder de las tinieblas. Son del Cardenal Luis Eduardo Pie de Poitiers, Francia  quien vivió en la segunda mitad del siglo XIX.

REFLEXIONES INSPIRADAS EN UN SERMÓN DE LOUIS-EDOUDARD PIE, CARDENAL DE POITIERS, FRANCIA, EN OCASIÓN DEL ANIVERSARIO DE SAN EMILIANO, MARTIR.  El 8 de noviembre de 1859.
En la lucha final, se manifestarán los buenos y los malos, los valientes y los flojos, lo que quiere decir: la división entre los elegidos y los réprobos, puesto  que ni los malévolos ni los flojos entrarán en el Reino de los Cielos.
“Felices, pues, los que nunca hayan vacilado entre el campo de la verdad y el del error, felices los que, a partir de la primera señal de guerra, se hayan alistado bajo el estandarte de Jesucristo. Es una disposición acostumbrada de la Providencia, desde el alba de los tiempos que, para castigar a los pueblos perversos, Dios se vale de otros más perversos aún.”
“Jesucristo es Rey. Es Rey no solamente del Cielo, sino también de la tierra, y le corresponde ejercer una verdadera y suprema realeza sobre las sociedades humanas.  Se acepta a Jesucristo Redentor, a Jesucristo Salvador, a Jesucristo Sacerdote, pero de Jesucristo Rey se aterrorizan”.
“Jesucristo está aún en la cuna y los Magos buscan al rey de los judíos. Jesús está a la víspera de morir; Pilatos le pregunta: ¿Eres pues, Rey? Tú lo has dicho, responde Jesús. Y la respuesta se hace con tal acento de autoridad, que Pilatos, a pesar de todas las presiones de los judíos, consagra la realeza de Jesús por una escritura pública en un cartel solemne.”

El Cardenal Pie cita al célebre orador y exégeta del siglo XIX: Jacobo Benigno Bossuet:
“!Sentencia inmutable del Omnipotente¡ Que la realeza de Jesucristo sea promulgada en lengua hebraica, que es la lengua del pueblo de Dios; y en lengua griega, que es la lengua de los cultos y de los filósofos; y en la lengua romana, que es la lengua del Imperio y del mundo, la lengua de los conquistadores y de los políticos.”
“Acercaos ahora, oh judíos, herederos de las promesas; y vosotros, oh griegos, inventores de las artes, y vosotros, oh romanos, príncipes de la tierra; venid a leer este admirable signo; doblad la rodilla delante de vuestro Rey”
La misión que les confiere tiene un carácter social, es hacia los pueblos, los imperios, los soberanos y los legisladores.
Sigue el cardenal Luis Eduardo Pie:
“El reinado de Cristo no se trata de una Teocracia, que es gobierno temporal de una sociedad humana por una ley política divinamente revelada y por una autoridad política sobrenaturalmente constituida.
Nuestro Señor Jesucristo no impuso ningún código político a las naciones cristianas, ni Él mismo se encargó de designar jueces o reyes del pueblo de la Nueva Alianza, con esto, se desprende que el cristianismo no ofrece rastros de Teocracia”
En cambio el reinado del Anticristo sí será una auténtica Teocracia, puesto que se hará adorar como jefe y árbitro de la contra religión de un Estado-Dios mundial, neopagano y revolucionario”.
La Revolución es llamada en el Apocalípsis como “LA BESTIA”. Con una rapidez  de conquista, esta potencia emancipada de Dios y de Su Cristo, ha subyugado casi todo a su imperio, los hombres y las cosas, los tronos y las leyes, los príncipes y los  pueblos.  Solamente una última trinchera le queda por subyugar: esta ES LA CONCIENCIA DE LOS CRISTIANOS.  
Por  los mil medios de que dispone, ha conseguido engañar la opinión de un gran número, conmovido, incluso, las opiniones de los sabios, no nada más en el ámbito de los hechos, sino aún en el de los principios.
 Cuantos son los que han aceptado y firmado alianzas con ella. Algunos otros que persisten en hacerle alguna oposición se acomodan a su opinión en cuanto al fondo de las cosas. Ha llegado, para ella, el momento de realizar su asalto decisivo.
Recordamos la suprema tentación a que fue tentado Jesucristo por el príncipe de este mundo, la Iglesia, por tanto, ¿ha sido sometida ya a la misma prueba que su divino fundador?; 
El Cardenal Pie se pregunta:
“Gran Dios, ¿vendrá un día en la serie de los siglos en que vuestra Iglesia será sometida a la misma prueba por el príncipe de este mundo? ¿Se acercará a ella el poder del mal para decirle: Todas estas posesiones terrestres, toda esta pompa y esta gloria exterior, te las daré, te las conservaré, con tal que tú te inclines ante mí, con tal que sanciones mis máximas y las adoptes, y que me rindas homenaje? Hermanos, la Iglesia, colocada en las mismas condiciones que su Maestro, no podrá encontrar otra respuesta. ”
Hoy en día, la tendencia de la Revolución es la misma, y su divisa es siempre la del populacho deicida: Nolumus hunc regnare super nos.  “No queremos que Cristo reine sobre nosotros”

“Nuestro deber, para nosotros que reconocemos a Cristo como nuestro Rey, nosotros que decimos todos los días a Dios: “Santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo”, nuestro deber es oponer toda nuestra energía a las invasiones de esta potencia del mal.”
La lucha es principalmente una lucha de doctrinas.
“Vuestra resistencia consistirá, pues, en mantener vuestra inteligencia firme contra la seducción de todos los principios falsos y mentirosos; y para esto formarán siempre su conciencia en la escuela de su fe, en la escuela de la Iglesia, en la escuela de vuestros Pastores tradicionales.”
“¿Cuál es la más grande herida de la sociedad actual?, es el deterioro de los caracteres, el reblandecimiento de las almas”
¿De dónde viene, este síntoma tan grave?, sin duda, viene del debilitamiento de la Fe. No se marcha con pié firme cuando se camina en la oscuridad o en la penumbra.
“Nuestros abuelos buscaban en todas las cosas su dirección en la enseñanza del Evangelio y de la Iglesia: nuestros padres marchaban en pleno día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban, a causa de ello, eran enérgicos en la acción”
En cambio: “Nosotros caminamos en la noche; no tenemos ya nada por definido, nada decretado en el espíritu, y no nos damos cuenta del objetivo hacia el cual tendemos”. Por tanto somos débiles, vacilantes.
En vez de la clara luz del sí o del no, hay en el entendimiento la niebla del quizás o del puede ser.
Hay en el alma del hombre moderno una irremediable flojera para las cosas de la Fe. La indiferencia en la religión ha traído con ella la Gran Apostasía, de que habla San Pablo, previa al fin de los tiempos.
Ese catolicismo edulcorado, empobrecido por doctrinas humanistas, de acercamiento sentimental a todos los errores,  que en este principio del tercer mileno campea por doquier, y que encuentra aceptación de los sabios modernos en consonancia con el católico común. No puede hacer frente a las doctrinas del Anticristo. Los católicos actuales son pasto seco, preparado para el fuego que arrasará sin remedio a la humanidad. Hoy más que nunca, la principal fuerza de los malévolos es la debilidad de los buenos.
Solamente las almas  que se complacen y se deleitan en su bautismo, elemento sobrenatural, que tienen la conciencia de la grandeza y energía del mismo, están dotadas de un temple a toda prueba, son como de acero. Estas son las almas que piden a Jesucristo que reine sobre la tierra. Ven ya Señor y purifícala.
Este pequeño resto, que seguirá luchando contra “un imposible”, será la Iglesia visible de los últimos tiempos esparcida por todo el mundo a nivel individual y doméstico, casi sin pastores. Porque todos los demás habrán claudicado, traicionado a Cristo, habrán aceptado la marca de la Bestia para sobrevivir con el mundo.
Este pequeño resto, serán los elegidos, por quienes Nuestro Señor Jesucristo acortará los días del Anticristo, para venir en su Parusía.
LUIS OZDEN

Mayo de 2013.